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domingo, 5 de mayo de 2013

Unión del principio Espiritual y de la materia

EL GÉNESIS

Los milagros y las predicciones

Allan Kardec
Capitulo XI: Génesis Espiritual

10. La materia debía ser el objeto de trabajo del espíritu, a efectos del desarrollo de sus facultades. Pero era necesario que éste pudiese actuar sobre aquélla, razón por la cual fue destinado a habitarla, así como el leñador habita en el bosque. La materia sería, a la vez, el objeto e instrumento de trabajo. Pero Dios no quiso unir al espíritu con la piedra rígida, sino que prefirió crear cuerpos organizados, flexibles y capaces de recibir los impulsos de la voluntad, que se prestasen a todos los movimientos.
El cuerpo es, a la vez, envoltura e instrumento del espíritu, y a medida que éste adquiere nuevas aptitudes se reviste de la materia apropiada al nuevo tipo de trabajo que deba realizar, exactamente como un obrero a medida que perfecciona su obra se vale del instrumentos más delicados.

11. Para ser más exactos, diremos que el espíritu mismo da forma a su envoltura y la adecúa a sus nuevas necesidades, perfeccionándola. Desarrolla y completa su organismo a medida que siente la necesidad de manifestarse nuevas facultades, es decir, posee el instrumento acorde con su inteligencia. Dios le hace entrega de los materiales; él los pone a trabajar; por ese motivo, las razas más avanzadas poseen un organismo o, si se prefiere, un órgano cerebral más perfeccionado que el de las razas primitivas. También se explica de esta manera el sello especial que el carácter del espíritu imprime a los rasgos de la fisonomía y a los gestos del cuerpo (cap. VIII: “El alma de la Tierra”).

12. Desde el instante en que un espíritu nace a la vida espiritual, debe hacer uso de sus facultades para poder avanzar. En un comienzo estas facultades son rudimentarias, revistiendo una envoltura corporal apropiada a su estado de infancia intelectual, mas a medida que sus fuerzas aumentan deja la vieja envoltura para revestir otra. Ahora bien, como en todos los tiempos ha habido mundos y éstos dieron nacimiento a cuerpos organizados, apropiados para recibir espíritus, en todos los tiempos éstos, fuese cual fuere su grado de adelantamiento, hallaron los elementos necesarios para la vida carnal.

13. Al ser exclusivamente material, el cuerpo sufre las vicisitudes de la materia. Después de haber trabajado durante algún tiempo, se desorganiza y descompone. Al no hallar elemento para su actividad, el principio vital se extingue y el cuerpo muere. Para el espíritu, el cuerpo privado de vida carece de utilidad. Entonces o abandona, como se deja una casa en ruinas o un traje ajado por el uso.

14. El cuerpo sólo es una envoltura destinada a alojar al espíritu. Poco importa su origen o los elementos que lo conforman. Aunque el cuerpo del hombre sea una creación especial, está constituido por los mismos que integran los cuerpos de los animales y es animado por el mismo principio vital, es decir, activado por idéntico fuego, así como es iluminado por la misma luz y está sujeto a vicisitudes de igual tenor e idénticas necesidades: estas aseveraciones nadie las pone en duda.
Si consideramos únicamente a la materia, haciendo abstracción del espíritu, no hay nada en el hombre que lo distinga del animal. Pero si hacemos la distinción entre el habitante y la habitación, todo cambia fundamentalmente.
Aunque un noble viva en la choza del campesino o vista el sayal del pastor, seguirá siendo un gran señor. Lo mismo sucede con el hombre. No es su vestido de carne el que lo eleva por sobre la bestia y lo convierte en un ser especial, sino su ser espiritual, su espíritu.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

viernes, 29 de marzo de 2013

LOS FUIDOS - Parte II

EL GENESIS

CAPÍTULO XIV: Los fluidos 

Naturaleza y propiedades de los fluidos:

Elementos fluídicos

10. La capa de fluidos espirituales que rodea a la Tierra puede comparase con las capas inferiores de la atmósfera: más pesadas, más compactas, menos puras que las capas superiores. Estos fluidos no son homogéneos, constituyen una mixtura de moléculas de calidad diversa, entre la que encontramos a las moléculas que forman la base, pero con determinadas alteraciones. Los efectos que producen estos fluidos guardan relación con la suma de partículas puras que contengan. 
El espíritu destinado a vivir en ese medio obtiene de él los elementos para recubrir su periespíritu, pero, en razón del mayor o menor grado de pureza del espíritu, su periespíritu se revestirá con las partículas más puras o más groseras del fluido propio del mundo en el que deba encarnar.
De ello resulta un hecho capital: la constitución íntima del periespíritu no es igual en todos los espíritus encarnados o desencarnados que pueblan la Tierra o el espacio circundante. Por el contrario, el cuerpo carnal se forma siempre con los mismos elementos, sin influir nada en ello la superioridad o inferioridad del espíritu. También, en todo, son iguales los efectos producidos por el cuerpo y sus necesidades, mientras que difieren en todo lo que sea inherente al periespíritu.
Otro resultado es que la naturaleza periespiritual de un mismo espíritu se va modificando en cada encarnación a medida que progresa moralmente, aunque encarne en el mismo medio, y que los espíritus superiores encarnados excepcionalmente en misión en un mundo inferior poseen un periespíritu menos grosero que el de los nativos de ese mundo.

11. El medio siempre guarda relación con la naturaleza de los seres que en él viven: los peces lo hacen en el agua, los seres terrestres en la atmósfera, los seres espirituales en el fluido espiritual o etéreo, mismo sobre la Tierra. El fluido etéreo es para las necesidades del espíritu lo que la atmósfera para las necesidades del encarnado. Ahora bien, al igual que los peces no pueden vivir en el aire, ni los animales terrestres en una atmósfera demasiado rarificada para sus pulmones, los espíritus inferiores no soportan el esplendor ni la impresión de los fluidos más etéreos. No morirían al contactarse con los mismos, porque los espíritus no mueren, pero una fuerza instintiva los mantiene alejados, como nosotros nos apartamos de un fuego demasiado vivo o de una luz que ciega. He aquí por qué no pueden salir del lugar apropiado a su naturaleza. Para cambiar de medio tendrán que modificarla a fin de estar conforme a él: deberán despojarse de los instintos materiales que los mantienen sujetos a los mundos físicos. En resumen: si se depuran y transforman moralmente se irán identificando en forma gradual con medios más depurados, y esta transformación moral terminará por convertirse en una necesidad, así como los ojos de quien ha vivido largo tiempo en las tinieblas se habitúan paulatinamente a la luz del día y al brillo del Sol.

12. Todo se une y eslabona en el Universo. Todo está sujeto a la importante y armoniosa ley de unidad, desde la materialidad más pura. La Tierra es como un lodazal del que escapa un humo espeso que se va aclarando a medida que se eleva y cuyas partículas dispersas se pierden en el espacio infinito.
El poder divino se manifiesta en todos los cuadros de tan grandioso conjunto. ¡Y se quisiera que Dios, para probar mejor su poder, viniese a enturbiar tamaña armonía rebajándose al papel de un mago, brindando efectos pueriles dignos de un prestidigitador! ¡Y por añadidura, se le crea un rival en habilidades: Satanás! No se podría disminuir más a la majestad divina, y, sin embargo, ¡aún se sorprenden del avance de la incredulidad!
Tenéis razón en decir: “¡La fe se va perdiendo!” Mas, la fe que se extingue es aquella que molesta al buen sentido y a la lógica, esa fe que otra época llevó a decir: “¡Los dioses se alejan!” Pero la fe en las cosas serias, en Dios y en la inmortalidad del alma permanece viva en el corazón del hombre.
Sí, todo es milagroso en la Naturaleza, porque todo es admirable y testimonia la sabiduría divina. Tales milagros son para todos, para quienes tienen ojos para ver y oídos para oír y no en beneficio de unos pocos. ¡No!, no hay milagros, según el sentido que se da a esta palabra, porque todo surge de las leyes eternas de la Creación y porque tales leyes son perfectas.

Centro Espírita
AMOR FRATERNAL

miércoles, 27 de marzo de 2013

LOS MILAGROS SEGÚN EL ESPIRITISMO

EL GÉNESIS - Allan Kardec

CAPÍTULO XIII
Caracteres de los milagros

Los milagros entendidos teológicamente


 
1. En su acepción etimológica, la palabra milagro (de mirari, admirar) significa: admirable, cosa extraordinaria, sorprendente. La Academia define a esta palabra como: un acto del poder divino contrario a las leyes naturales conocidas.
En su acepción usual, la palabra ha perdido, como tantas otras, su significado primitivo. En un principio, su sentido era general; ahora se limita a un orden específico de hechos. Para la mayoría de las personas, un milagro lleva implícita la idea de un hecho natural. En el sentido litúrgico se llama milagro a una derogación de las leyes naturales, por cuyo medio Dios manifiesta su infinito poder. Tal es su acepción más difundida y, con el tiempo, la única aceptada. Sólo por comparación y sentido metafórico se usa el vocablo en las circunstancias ordinarias de la vida.
El milagro, propiamente dicho, debe ser inexplicable, porque ocurre fuera de las leyes naturales. Tanta importancia se le otorga a este hecho que, si es explicable, deja de ser un milagro, por más sorprendente que sea.
Otro carácter del milagro, en su sentido propio, es su naturaleza de hecho insólito, excepcional y aislado. Si un fenómeno se reproduce, ya sea espontáneamente o por un acto de voluntad, significa que está sujeto a una ley, y, aunque ésta sea desconocida, ya no se considera al hecho un milagro.
2. A los ojos de los ignorantes, la ciencia hace milagros diariamente. Si un hombre realmente muerto volviese a la vida gracias a la intervención de Dios, estaríamos frente a un auténtico milagro, porque sería un hecho absolutamente contrario a las leyes naturales. Pero si ese hombre estaba aparentemente muerto, si aún quedaba en él un resto de vitalidad latente y la ciencia o la acción magnética lograran reanimarlo, sólo será un fenómeno natural para la gente culta, pero constituirá un hecho milagroso para los ignorantes. Si un físico lanzase un cometa eléctrico al espacio e hiciese caer un rayo sobre un árbol, seguramente que a este nuevo Prometeo se le consideraría armado con un poder diabólico; pero si se admite el hecho que se atribuye a Josué de detener el movimiento del Sol o el de la Tierra, seguramente que se lo considerará un verdadero milagro, porque no existe un magnetizador dotado de suficiente poder magnético como para obtener tal prodigio.
Los siglos de oscuridad fueron fecundos en milagros, porque todo fenómeno cuya causa se desconocía era considerado sobrenatural. A medida que la ciencia fue descubriendo nuevas leyes, el círculo milagroso se fue empequeñeciendo; pero como no todo estaba explorado, aún quedaba un amplio terreno para el milagro.
3. Lo maravilloso, expulsado del dominio de lo material por la ciencia, se parapetó tras la espiritualidad, su último refugio. El Espiritismo demostró que el elemento espiritual es una de las fuerzas vivas de la Naturaleza, una fuerza que actúa incesantemente en conjunción con la fuerza material, y esa fuerza forma parte de fenómenos que están dentro del orden natural, puesto que, como los demás, están sujetos a leyes. Si lo maravilloso es expulsado de la espiritualidad, ya no tiene razón de ser y, por tanto, podrá decirse que los tiempos de los milagros han pasado.
4. El Espiritismo vino a revelar nuevas leyes y explicar, en consecuencia, los fenómenos que se ajustan a esas leyes.
El espíritu es el alma que sobrevive al cuerpo; el ser principal, porque no muere, mientras que el cuerpo es sólo un accesorio que fenece. Su existencia es natural durante y después de la encarnación; está sujeta a las leyes que rigen al principio espiritual como el cuerpo está sometido a las que gobiernan al principio material. Pero como ambos principios tienen una afinidad necesaria, como los dos actúan sin interrupción uno sobre el otro, como de su acción simultánea resulta la armonía y el movimiento del conjunto, resulta que lo espiritual y lo material son las dos caras de un mismo todo, igualmente naturales ambas, y que lo espiritual no es una excepción, una anomalía en el orden del Universo.
5. Durante su encarnación, el espíritu actúa sobre la materia por intermedio de su cuerpo fluídico o periespíritu; y lo mismo ocurre cuando el espíritu ha desencarnado. Hace, como espíritu y en la medida de su capacidad, lo que hacía como hombre, sólo que como ya no puede servirse de su cuerpo carnal como instrumento, utiliza, cuando lo cree necesario, los órganos materiales de un encarnado que es llamado médium. Hace como alguien que, no pudiendo escribir por sí mismo, se sirve de un secretario, o como quien no conociendo un idioma que necesita para darse a entender, se vale de un intérprete. El secretario y el intérprete son los médiums del encarnado, así como el médium es el secretario y el intérprete del espíritu.
6. El ambiente en el que actúan los espíritus y los medios que utilizan son diferentes de los que se valen los encarnados, por lo tanto, los efectos también difieren. Estos efectos parecen sobrenaturales porque los producen agentes que no son los que nosotros utilizamos; pero ya que esos agentes son parte de la Naturaleza y que las manifestaciones se cumplen en virtud de ciertas leyes, no hay en ellos nada de sobrenatural ni maravilloso. Antes de conocer las propiedades de la electricidad, los fenómenos eléctricos pasaban por prodigios a los ojos de ciertas personas; desde el momento en que se conoció la causa, lo maravilloso desapareció. Lo mismo podemos decir con respecto a los fenómenos espíritas, ellos tampoco se apartan de las leyes naturales. Podemos compararlos con los fenómenos acústicos, luminosos y eléctricos que también han sido fuente de infinidad de creencias supersticiosas.
9. Los fenómenos espíritas consisten en los diferentes modos de manifestación del alma o espíritu, ya sea durante la encarnación o en el estado de erraticidad. Mediante esas manifestaciones el alma revela su existencia, su supervivencia y su individualidad. Se la juzga por sus efectos: al ser la causa natural, también debe serlo el efecto. Esos efectos son el objeto primordial de las investigaciones y estudios del Espiritismo, a fin de llegar al conocimiento más completo y posible de la naturaleza y atributos del alma, así como de la leyes que rigen al principio espiritual.
11. Si bien el Espiritismo admite los efectos que son consecuencia de la existencia del alma, no por ello acepta todos los efectos calificados como maravillosos ni tampoco intenta justificarlos o acreditarlos. No es ciertamente el Espiritismo el defensor de todos los sueños, utopías, excentricidades sistemáticas y leyendas milagrosas que pululan por el mundo. El Espiritismo no es solidario de las extravagancias que pueden cometerse en su nombre, como la verdadera ciencia no lo es de los abusos de la ignorancia, ni la verdadera religión de los excesos del fanatismo. 
12. Los fenómenos espíritas son casi siempre espontáneos y se producen sin ninguna idea preconcebida en personas totalmente ajenas a los mismos. En ciertas circunstancias, pueden ser provocados por los agentes llamados médiums. En el primer caso, el médium es inconsciente de lo que ocurre por su intermedio. En el segundo, actúa con conocimiento de causa. De ahí la distinción entre médiums inconscientes y médiums conscientes. Estos últimos son los más numerosos y, a menudo, se encuentran entre los incrédulos más obstinados, que hacen espiritismo sin saberlo ni quererlo. Los fenómenos espontáneos tienen, por ello, una gran importancia, ya que no se puede dudar de la buena fe de quienes los producen. Lo mismo ocurre con el sonambulismo, que en algunos es natural e involuntario y en otros provocado por la acción magnética.

Continuará...
AMOR FRATERNAL

martes, 26 de marzo de 2013

LOS FLUIDOS

EL GENESIS - Allan Kardec

CAPÍTULO XIV
Los fluidos

1. Naturaleza y propiedades de los fluidos:

Elementos fluídicos2. ...el fluido cósmico universal es la materia elemental primitiva y sus modificaciones y transformaciones constituyen la gran variedad de los cuerpos de la Naturaleza. En cuanto a principio elemental del Universo, posee dos estados diferenciados: el de eterización o imponderabilidad, al que podemos considerar su estado normal y primitivo, y el de materialización o ponderabilidad, que sería consecutivo del primero. El punto intermedio es el estado de transformación del fluido en materia tangible, pero aun en este caso, la transición no es brusca, puesto que podemos considerar a nuestros fluidos imponderables como un término medio entre ambos estados.


Cada uno de estos dos estados produce fenómenos especiales: al segundo pertenecen los del mundo visible y al primero los del mundo invisible. Unos, denominados fenómenos materiales, son del dominio específico de la ciencia, y los otros, llamados fenómenos espirituales o psíquicos, se relacionan en especial con la existencia de los espíritus y entran dentro del dominio del Espiritismo. Pero, como la vida espiritual y la corporal se hallan en contacto constante, los fenómenos de ambos órdenes se presentan a menudo en forma simultánea. El hombre encarnado sólo posee la percepción de los fenómenos psíquicos que se relacionan con la vida corporal. Aquellos que son del dominio exclusivo de la vida espiritual escapan a los sentidos materiales y sólo pueden percibirse en el estado de espíritu.

4. Los elementos fluídicos del mundo espiritual escapan a los instrumentos de análisis y a la percepción de nuestros sentidos, adecuados para la materia tangible y no para la etérea. Hay algunos que pertenecen a un medio tan diferente del nuestro, que sólo los podemos juzgar mediante comparaciones imperfectas como las que haría un ciego de nacimiento para definir los colores.
Pero entre esos fluidos, algunos están estrechamente ligados a la vida corporal y pertenecen, en cierta forma, al medio terrestre. Como no se pueden percibir directamente, debemos estudiar sus efectos, así como se observan los efectos del fluido del imán, que jamás se ha visto, y podremos adquirir sobre su naturaleza conocimientos casi exactos. Este estudio es esencial, ya que nos dará la respuesta a una cantidad de fenómenos inexplicables por las solas leyes de la materia.

5. El punto de partida del fluido universal es el grado de pureza absoluto, difícil de concebir por nosotros. El extremo opuesto es su transformación en materia tangible. Entre ambos extremos existe una infinita cantidad de transformaciones, más próximas a uno u otro de ellos. Los fluidos más cercanos a la materialidad, es decir, los menos puros, constituyen lo que podemos denominar la atmósfera espiritual terrestre. En ese medio es también posible encontrar diversos grados de pureza: los espíritus encarnados o desencarnados de la Tierra extraen de él los elementos necesarios para la economía de su existencia. Esos fluidos, si bien sutiles e impalpables para nosotros, son de naturaleza grosera en comparación con los fluidos etéreos de las regiones superiores.

Lo mismo sucede en la superficie de todos los mundos, salvo las diferencias propias de constitución y las condiciones de vida de cada uno. ¡Cuando menos materializada sea la vida en un planeta, menos afinidad con la materia tendrán los fluidos espirituales!
La expresión fluidos espirituales no es del todo precisa, ya que en definitiva siempre se trata de materia más o menos quintaesenciada. Nada es verdaderamente espiritual fuera del alma o principio inteligente. Se le llama así por comparación y, sobre todo, en razón de su afinidad con los espíritus. Puede decirse que son la materia del mundo espiritual: por eso se les llama fluidos espirituales.

7. El periespíritu, o cuerpo fluídico de los espíritus, es una de las formas más importantes que adopta el fluido cósmico.  


Constituye la condensación de ese fluido en derredor de un centro de inteligencia o alma. Ya vimos que el cuerpo carnal basa su principio en el mismo fluido transformado y condensado en materia tangible. En el periespíritu, la transformación molecular se opera de otra manera, ya que el fluido conserva su imponderabilidad y sus cualidades etéreas. El periespíritu y el cuerpo carnal se originan en el mismo elemento primitivo: uno y otro son materia, aunque en estados diferentes.
8. Los espíritus conforman su periespíritu con elementos del medio en que se encuentran, es decir, que esta envoltura se integra con fluidos propios del ambiente; en consecuencia, los elementos constitutivos del periespíritu varían de acuerdo con los mundos. Júpiter es considerado un mundo muy avanzado en comparación con el nuestro. Allí la vida corporal no es de la materialidad grosera que hay en la Tierra, por lo que los cuerpos periespirituales deben ser de naturaleza infinitamente más quintaesenciada que en nuestro planeta. Ahora bien, al igual que no podríamos vivir en ese mundo con nuestro cuerpo carnal, nuestros espíritus no podrán penetrar en él con su periespíritu terrestre. Al abandonar la Tierra, el espíritu reviste su envoltura fluídica con los fluidos apropiados al mundo al que debe trasladarse.

9. La naturaleza de la envoltura fluídica se relaciona siempre con el grado de progreso moral del espíritu. Los espíritus inferiores no pueden cambiarla a voluntad y, en consecuencia, no les es posible por iniciativa propia trasladarse de un mundo a otro. Los hay cuyos cuerpos fluídicos, aunque etéreos e imponderables en relación con la materia tangible, son aún demasiado groseros, si así podemos calificarlos, en relación con el mundo espiritual, como para permitirles salir de su medio. Debemos incluir en esta categoría a esos espíritus que, en razón de ser sus periespíritus muy condensados confunden a éstos con sus cuerpos carnales pretéritos y, por ello, creen estar vivos aún. Estos espíritus, cuyo número es cuantioso, permanecen en la superficie de la Tierra al igual que los encarnados, creyendo ocuparse de sus asuntos. Otros, más desmaterializados, no lo son lo bastante, sin embargo, como para elevarse por encima de las regiones terrestres.
Los espíritus superiores, por el contrario, pueden acercarse a los mundos inferiores e incluso encarnar en ellos. Extraen del mundo en que entran los elementos necesarios para recubrir la envoltura fluídica o carnal adecuada al nuevo milenio. Actúan como el noble que abandona sus hermosos ropajes para vestir momentáneamente el sayal, sin dejar por ello de ser un gran señor.
Así es como los espíritus del orden más elevado pueden manifestarse a los habitantes de la Tierra o encarnar entre ellos en misión. Estos espíritus no traen consigo la vestidura, pero sí el recuerdo intuitivo de las regiones de donde vienen, percibiéndolas con el pensamiento. Son los iluminados en el país de los ciegos.








Continuara...


AMOR FRATERNAL

domingo, 24 de marzo de 2013

Doctrina de los ángeles caídos y del paraíso perdido

EL GÉNESIS

Capitulo XI: GÉNESIS ESPIRITUAL

Doctrina de los ángeles caídos y del paraíso perdido
43. Los mundos progresan físicamente por la elaboración de la materia y moralmente por la depuración de los espíritus que en ellos viven. La felicidad está en relación directa con el predominio del bien sobre el mal, y a su vez, el predominio del bien es producto del adelanto moral de los espíritus. El progreso intelectual no basta, ya que con la inteligencia pueden hacer el mal.
Cuando un mundo llega a uno de esos períodos de transformación que lo hará ascender de jerarquía, se operan mutaciones en su población encarnada y desencarnada; es entonces cuando ocurren las grandes emigraciones e inmigraciones (n.º 34 y 35). Quienes, a pesar de su inteligencia y su saber, perseveran en el mal, en su rebeldía contra Dios y sus leyes, son una traba para el progreso moral ulterior, una causa permanente de inquietud para el reposo y la felicidad de los buenos; razón por la que son excluidos y enviados a mundos menos adelantados, donde aplicarán su inteligencia y la intuición de los conocimientos adquiridos para ayudar a progresar a quienes los rodean, al mismo tiempo que expiarán, a través de una serie de penosas existencias, caracterizadas por el trabajo duro, sus faltas pasadas y su endurecimiento voluntario.
44. Al mismo tiempo que los malos abandonan el mundo que habitaban, otros espíritus mejores los reemplazan. Para éstos, que llegan de un mundo menos avanzado, al que dejaron gracias a sus propios méritos, el nuevo hogar será una recompensa. Así es como la población espiritual se renueva y purga de sus peores elementos, con lo cual el estado moral del mundo mejora.
Estas mutaciones a veces son parciales, es decir, limitadas a un pueblo, a una raza; otras veces son generales, mas esto acontece cuando el período de renovación llega para el mundo.
45. La raza adámica presenta todos los caracteres de una raza proscrita. Los espíritus que la componen fueron exiliados en la Tierra, ya poblada, pero por hombres primitivos, inmersos en la ignorancia, a quienes debía hacer progresar llevándoles las luces de una inteligencia desarrollada. ¿Y acaso no es tal el papel desempeñado por esa raza hasta el presente? Su superioridad intelectual prueba que el mundo de donde provenía era más avanzado que la Tierra. Pero ese mundo estaba a punto de entrar en una nueva fase de progreso y esos espíritus, debido a su obstinación, no supieron adaptarse a las nuevas condiciones. Su desubicación hubiera significado un obstáculo para la marcha providencial de los acontecimientos. Por este motivo fueron excluidos, al tiempo que otros merecieron ocupar sus lugares.
Al relegar a esta raza a un mundo de trabajo y sufrimientos, Dios tuvo razón en decir: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. En su mansedumbre, le prometió que le enviaría un Salvador, quien le señalaría la ruta a seguir para poder escapar de este lugar de miserias, de este infierno, y alcanzar la bienaventuranza de los elegidos. Este Salvador, que Él envió en persona de Cristo, enseñó la ley de amor y caridad, desconocida por ellos, la que debía ser la verdadera áncora de su salvación.
Para lograr que la Humanidad avance en determinado sentido, espíritus superiores, aunque sin alcanzar las cualidades de Cristo, encarnan de tiempo en tiempo sobre la Tierra para llevar a cabo misiones especiales, las que ayudarán al mismo tiempo a su progreso personal si las cumplen de acuerdo con los designios del Creador.
46. Sin la reencarnación, la misión de Cristo no tendría sentido, así como la promesa hecha por Dios. Supongamos que el alma de cada hombre se crease en el instante del nacimiento de su cuerpo y que apareciese y desapareciese sólo una vez sobre la Tierra; no habría, en tal caso, relación entre aquellas de la edad adámica y las de la época de Cristo, ni tampoco entre las que llegaron posteriormente; todas serían extrañas entre sí. La promesa hecha por Dios de enviar un Salvador no podría aplicarse a los descendientes de Adán si sus almas no habían sido creadas todavía. Para que la misión de Cristo pudiese relacionarse con las palabras de Dios, era preciso que se llevase a cabo con las mismas almas. Si estas almas fuesen nuevas no podrían estar manchadas por la falta del primer padre, quien es sólo el padre carnal y no el padre espiritual, puesto que si no Dios hubiese creado almas mancilladas por una falta que no podría influir sobre ella, ya que no existían en el momento de producirse el pecado. La doctrina popular del pecado original implica la necesidad de establecer una relación entre las almas de la época de Cristo y las del tiempo de Adán. En consecuencia, es preciso aceptar la reencarnación.
Decid que todas esas almas formaban parte de la colonia de espíritus exiliados en la Tierra en tiempos de Adán y que se hallaban mancilladas por los vicios que motivaron su exclusión de un mundo mejor, y tendréis la única interpretación racional del pecado original, pecado propio de cada individuo y no el producto de la responsabilidad de la falta de un tercero a quien jamás se ha conocido. Decid que esas almas, o espíritus, renacen en la Tierra incorporadas en la vida material en múltiples oportunidades para progresar y depurarse y que Cristo llegó para iluminar a esas mismas almas, no sólo en razón de sus vidas pasadas, sino en vista de sus existencias ulteriores, y únicamente entonces daréis a su misión la dimensión real y formal que puede ser aceptada por la razón.

48. En un primer momento, la idea de decadencia parece encontrar en contradicción con el principio que establece que los espíritus no pueden retroceder. Mas es necesario pensar que no se trata de un regreso al estado primitivo. El espíritu, aunque en una posición inferior, no pierde nada de lo que ya ha adquirido, su desarrollo moral e intelectual es el mismo, sea cual fuere el medio en el que se halle. 


AMOR FRATERNAL

Emigraciones e inmigraciones de los Espíritus

EL GÉNESIS

Capitulo XI: GÉNESIS ESPIRITUAL


Emigración e inmigración de los espíritus
35. Entre una existencia corporal y otra, los espíritus están en estado de erraticidad y componen la población espiritual ambiente del globo. Por medio de las muertes y los nacimientos, estas dos poblaciones se vierten incesantemente una en la otra. Diariamente hay emigraciones del mundo corporal al espiritual e inmigraciones del mundo espiritual al mundo corporal: Tal es el estado normal.
36. En ciertas épocas estas emigraciones e inmigraciones, que son reguladas por la sabiduría divina, se operan en masa, como consecuencia de grandes revoluciones, en las que cantidades innumerables de seres parten al mismo tiempo y son rápidamente reemplazadas por cantidades equivalentes de encarnaciones. Debemos considerar, pues, a las plagas destructoras y a los cataclismos como medios de llegadas y partidas colectivas, como actos providenciales para renovar la población corporal del planeta y para fortalecerla mediante la introducción de elementos espirituales más depurados. Si en esas catástrofes se produce una destrucción muy grande de cuerpos, sólo habrá vestiduras rasgadas, pero ningún espíritu perecerá: se limitarán a cambiar de ambiente. La diferencia reside en que en vez de partir aisladamente abandonan la Tierra en gran número, ya que aunque partan por una causa o por otra, fatalmente, tarde o temprano, deberán hacerlo.
Las renovaciones rápidas y casi instantáneas que se operan en el elemento espiritual de la población, como consecuencia de las catástrofes destructoras, apuran el progreso social. Sin las emigraciones e inmigraciones que se producen de tiempo en tiempo para impulsar con fuerza a la Humanidad, ésta marcharía con extremada lentitud.
Es notable que las grandes calamidades que diezman a las poblaciones sean seguidas siempre por una era de progreso en el orden físico, intelectual o moral y, como consecuencia, en el estado social de las naciones donde esas catástrofes ocurrieron. La finalidad de estos hechos es operar una transformación en la población espiritual, que es la población normal y activa del planeta.
37. Esta transfusión que se opera entre la población encarnada y la población desencarnada de un mismo globo se realiza igualmente entre los mundos, ya sea individualmente, en condiciones normales, o en masa, en circunstancias especiales. Por lo tanto, hay emigraciones e inmigraciones colectivas de unos mundos a otros. Así se produce la introducción de elementos enteramente nuevos en la población de un mundo. Al mestizarse las nuevas razas de espíritus con las ya existentes, emergerán nuevas razas de hombres. Como los espíritus no pierden nunca lo ya adquirido, traen con ellos la inteligencia y la intuición de los conocimientos que poseen. En consecuencia, imprimen su sello a la raza corporal que llegan para animar. No es necesario crear nuevos cuerpos especialmente para ellos; como la especie corporal existe, encontrarán cuerpos listos para recibirlos. Simplemente se trata de nuevos habitantes; en un comienzo formarán parte de la población espiritual, luego encarnarán como los demás.
(Imagenes película Nosso Lar de Chico Xavier)


AMOR FRATERNAL



lunes, 11 de marzo de 2013

EL GÉNESIS

EL GENESIS

Los milagros y las predicciones.
Autor: Allan Kardec

Capitulo III: EL BIEN Y EL MAL

Origen del bien y del mal
 
1. Dios es el principio de todo, y ese principio es una trilogía de cualidades: sabiduría, bondad y justicia. Por lo tanto, todo lo que de Él emane debe estar impregnado de esos atributos. Siendo sabio, justo y bueno no puede producir nada irracional, malo o injusto. El mal que vemos no se ha originado en Él.
 
2. Si el mal se encontrase en los atributos de un ser especial, llamado Ahrimán o Satanás, llegaríamos a la encrucijada siguiente: o bien ese ser sería igual a Dios y, en consecuencia, tan poderoso como Él desde el inicio de los tiempos, o bien sería inferior.
De acuerdo con el primer supuesto, tendríamos dos poderes rivales en la lucha incesante, cada uno intentando malograr lo que el otro hace y atacándose mutuamente. Esta hipótesis es inconciliable con la unidad que revela el orden universal.
Según el segundo supuesto, ese ser estaría subordinado a Dios debido a su inferioridad. En ese caso, no sería su igual desde el comienzo, sino que debió ser creado. Pues bien, sólo Dios pudo hacerlo, pero esa creación sería incompatible con su infinita bondad, ya que habría dado vida al espíritu del mal (El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo, cap. IX “Los demonios”).
 
3. Sin embargo, el mal existe y tiene una causa.
Los diferentes males, físicos o morales, que afligen a la Humanidad, pertenecen a categorías distintas que es necesario diferenciar: unos, son los males que el hombre puede evitar; los otros, son independientes de su voluntad. Entre estos últimos, debemos incluir a las catástrofes naturales.
Las facultades del hombre son limitadas, motivo por el que no le es posible penetrar o comprender las razones del Creador. Juzga a las cosas de acuerdo a su personalidad, en razón de intereses ficticios y prejuicios que él mismo ha creado, y que no son parte del orden natural. Por eso encuentra a menudo injusto y oscuro lo que consideraría admisible y justo si conociese la causa, la finalidad y el resultado definitivo. Al buscar la utilidad y la razón de ser de cada cosa, verá que todo está saturado de sabiduría infinita, ante la que se inclinará, aun mismo en cosas que no alcanza a comprender.

4. Como compensación, el hombre ha recibido un don: su inteligencia, gracias a la cual puede conjurar, o al menos atenuar, en gran medida, los efectos de los desastres naturales. Más conocimientos adquiere y más avanza la civilización, menos peligrosos son esos desastres. Con una organización social sabiamente previsora podría, incluso, neutralizar las consecuencias, si bien no sería posible evitarlos por completo. Es así que Dios ha dado al hombre facultades espirituales y medios de paralizar los efectos de las catástrofes naturales, hechos éstos que serán beneficiosos en el futuro para el orden general de la Naturaleza, pero que ocasionan daños en el presente.
Es así que el hombre sanea los campos, neutraliza los miasmas pestíferos, fertiliza las tierras áridas, se ingenia para preservarlas de las inundaciones, construye casas más salubres, más sólidas y resistentes a los vientos, tan necesarios para depurar la atmósfera, se protege de la intemperie, y, poco a poco, esas circunstancias le instan a crear ciencias, gracias a las cuales mejora las condiciones de habitabilidad del planeta y aumenta el bienestar general.

5. El hombre progresa, y los males a los que se halla expuesto estimulan el ejercicio de su inteligencia y de sus facultades psíquicas y morales, incitándolo a la búsqueda de medios para sustraerse a las calamidades. Si no temiese a nada, ninguna necesidad le empujaría a la investigación, su espíritu se entorpecería en la inactividad y no inventaría ni descubriría nada. El dolor es como un aguijón que impulsa al hombre hacia adelante por la vía del progreso.
 
6. Pero los males más numerosos son los que el hombre crea llevado por sus vicios, los cuales se originan en su orgullo, su egoísmo, su ambición, su rapacidad, los que nacen de todos los excesos, son causas de las guerras y de todas las calamidades que ellas acarrean: disensiones, injurias y opresión del débil por el fuerte, así como de la mayor parte de las enfermedades.
Dios estableció leyes de sabiduría, cuya sola finalidad es el bien. El hombre encuentra dentro de sí todo lo que necesita para seguirlas, su conciencia le traza el camino, la ley divina está grabada en su alma y, además, Dios nos la trae a la memoria sin cesar, enviándonos mesías y profetas, espíritus encarnados que han recibido la misión de iluminar, moralizar y mejorar al hombre y, últimamente, una multitud de espíritus desencarnados que se manifiestan en todos los ámbitos. Si el hombre actuase conforme a las leyes evitaría los males más agudos y viviría feliz sobre la Tierra. Si no lo hace, es en virtud de su libre albedrío, y por eso sufre las consecuencias que merece (El Evangelio según el Espiritismo, cap. V:4, 5, 6 y ss.).

7. Pero Dios, todo bondad, colocó el remedio al lado del mal, es decir, que el mismo mal hace nacer el bien. Llega el instante en que el exceso de mal moral se vuelve intolerable y el hombre siente la necesidad de cambiar. Aleccionado por la experiencia intenta encontrar un remedio en el bien, siempre de acuerdo con su libre arbitrio, pues cuando penetra en un camino mejor es por su voluntad y porque ha reconocido los inconvenientes del otro que seguía. La necesidad le obliga a mejorar moralmente para ser más feliz, como esa misma necesidad le induce a mejorar las condiciones materiales de su existencia (n.º5).

8. Se puede decir que el mal es la ausencia del bien, como el frío es la ausencia del calor. El mal no es un atributo distinto, como el frío no es un fluido especial: uno es la parte negativa del otro. Donde el bien no existe, allí, forzosamente reina el mal. No hacer el mal es ya el comienzo del bien. Dios sólo desea el bien, el mal proviene exclusivamente del hombre. Si existiese en la Creación un ser encargado del mal, nadie podría evitarlo. Pero la causa del mal está en el hombre mismo y, como éste posee el libre arbitrio y la guía de las leyes divinas, lo podrá evitar cuando así lo desee.

9. El mal es el resultado de las imperfecciones del hombre, criatura creada por Dios. 
Si el hombre hubiese sido creado perfecto se inclinaría fatalmente hacia el bien. Pero en virtud de su libre albedrío, no es conducido premeditadamente ni hacia el bien ni hacia el mal. Dios quiso que estuviese sujeto a la ley del progreso y que fuese el resultado de su propio trabajo, para que sea suyo el mérito del bien realizado y la responsabilidad del mal cometido por su propia voluntad. El problema es, entonces, descubrir cuál es en el hombre el origen de la propensión al mal.

10. Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia.
La meta del espíritu es la vida espiritual. Pero en las primeras fases de la existencia corporal sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales, motivo por el cual el ejercicio de las pasiones es una necesidad para la conservación de la especie y de los individuos, hablando materialmente. Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia. Si se sacude el yugo que lo aprisionaba, avanzará por la vía providencial, se aproximará a su meta. Si, por el contrario, se deja dominar por la materia, se retardará y asemejará al bruto. En esta situación, lo que antes era un bien, porque era una necesidad de su naturaleza, se convierte en un mal por dos motivos: 1) porque ya no es una necesidad, y 2) porque es perjudicial para la espiritualización del ser. Lo que era benéfico en el niño se convierte en perjudicial en el adulto. El mal es relativo y la responsabilidad es proporcional al grado de adelanto.
Todas las pasiones poseen una utilidad providencial, pues de otro modo Dios hubiese hecho cosas inútiles o perjudiciales. El abuso engendra el mal. El hombre abusa en virtud de su libre arbitrio. Más adelante, llevado por su propio interés, elegirá libremente entre el bien y el mal.


Dios no premia ni castiga, nos creo sencillos e ignorantes para que puedamos hacer nuestra propia búsqueda y transitemos el camino del progreso de forma mas o menos conciente hasta que logremos despojarnos de las ataduras de la materia.
Todos los recursos materiales, aún nuestro cuerpo, son nuestra responsabilidad, por ello debemos reflexionar antes de actuar, de dejarnos llevar por un impulso, el instinto, que nos acerca al animal.
Si queremos saber si algo que hacemos esta bien o mal escuchemos a nuestra conciencia, ella es la esencia de Dios en nuestro interior y es la herramienta que utiliza nuestro espíritu protector para guiarnos por el camino del bien.

 

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL


jueves, 7 de febrero de 2013

GENESIS ESPIRITUAL



EL GÉNESIS - Allan Kardec
Los milagros y las predicciones
Capitulo XI:

Como es nuestra costumbre hace un tiempo, comenzaremos a tratar este tema desde un pensamiento lógico.
Nuestra existencia se compone de una trilogía inseparable, cuerpo, espíritu y peri espíritu.
Si queremos profundizar nuestros conocimientos básicos sobre lo que ello significa deberemos de hacer un esfuerzo para comprender un poco mas el porque de nuestras vidas, tener un sentido mas UNIVERSAL de las cosas y aceptar la DIVERSIDAD como evolución

Ahora bien, como dice Kardec, la existencia del principio espiritual, es un hecho que no tiene, por decirlo así, más necesidad de demostración que el principio material…esto es, si nos ponemos a pensar que la materia existe, y existe desde los inicios de la creación, el Espíritu también y si aceptamos la máxima:” todo efecto tiene una causa, todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente”. Para explicarlo un poco más vamos a estudiar juntos algunos puntos.

Hagamos de cuenta que estamos frente a un espejo…miremos nuestro cuerpo… ¿Qué vemos?...un cuerpo orgánico, con vida, como todos los cuerpos orgánicos que conocemos; ¿Qué necesita nuestro cuerpo para vivir?...necesita alimentación, cuidados, aseo, etc., ahora miremos bien en ese espejo, ¿ese cuerpo es el reflejo de todo lo que soy? …no

 

Hay algo que podemos distinguir, que de alguna forma esta junto, pero separado a la vez, eso es: nuestro pensamiento. Ahora bien, que tiene que ver nuestro pensamiento con nuestros brazos, con nuestras piernas o con cualquier otra parte de nuestro cuerpo; nada.
Exacto, es independiente de nuestro cuerpo, de hecho podemos estar quietos, tirados en una cama y nuestro pensamiento puede andar por los mas remotos lugares que podamos imaginar. Bien, entonces podemos ver que nuestro cuerpo no es todo lo que tenemos, sino más bien, lo que realmente vive en él, el alma, es el reflejo verdadero de lo que somos.





En otras charlas hemos hablado de la creación, de donde viene la materia y de donde viene el Espíritu.
Todos somos producto de la voluntad de Dios, es su decisión nuestra existencia, pero para dar forma a nuestro ser Dios se vale de elementos aun desconocidos para nosotros; algo sabemos, como por ejemplo que existe un FLUIDO CÓSMICO UNIVERSAL de donde la materia toma sus elementos y mediante distintas transformaciones se presenta ante nuestros ojos. Existe también un PRINCIPIO VITAL que es el encarnado de que esa materia bajo ciertas formas tenga, además, vida. Sabemos también que Dios creo a todos los Espíritus sencillos e ignorantes con igual aptitud para progresar mediante su actividad individual, que todos han de alcanzar el grado de perfección por sus esfuerzos personales; que siendo todos hijos de un mismo padre, son objeto de igual cariño; que no hay ninguno mas favorecido o mejor dotado que los otros, ni dispensado del trabajo impuesto a los demás para lograr su desarrollo.


Sí podemos deducir que el principio espiritual no es el mismo que el material, es independiente, sino tendría las mismas propiedades que la materia, seria mutable, cambiable y eso no es compatible con la idea de la individualidad del alma. Dios nos creo a cada uno de nosotros, iguales, sencillos e ignorantes y, fuimos nosotros quienes moldeamos nuestras existencias con nuestras virtudes y tendencias negativas.
El progreso es la condición normal de los seres espirituales y la perfección relativa el objeto que deben alcanzar, mas habiendo creado Dios de toda eternidad, también los ha de haber que hayan alcanzado el punto culminante de la escala.

UNION DEL PRINCIPIO VITAL Y DE LA MATERIA

El cuerpo es, pues, a un mismo envoltura e instrumento del Espíritu, y a medida que este adquiere nuevas aptitudes, reviste una envoltura apropiada al nuevo género de trabajo que debe cumplir, del mismo modo que a un obrero se le dan herramientas menos groseras, a medida que va siendo capaz de elaborar objetos más delicados.


Podemos agregar que el Espíritu necesita de un cuerpo adecuado según la experiencia de vida que necesita, a veces es para expiar una falta, otras veces es para pasar una prueba, imagínense el dolor espiritual de un vanidoso en el cuerpo de una persona enferma o con la falta de algún miembro, hay quienes llevan esa prueba con entereza porque entienden que el cuerpo no es el Espíritu y que la falta de alguna facultad o el impedimento que sufren es ajeno a su Espíritu y que ellos tienen la capacidad de hacer tal o cual cosa pero no pueden porque esa es su prueba y lo aceptan, y conviven y doblegan su Espíritu orgulloso y soberbio y son mas humildes y salen adelante; pero hay quienes que ante semejante prueba se revelan y sufren porque quieren manifestarse en toda su plenitud y no pueden, imagínense el dolor moral que ello trae.
Otro forma de verlo también es por ejemplo, un científico necesita de un cuerpo con un cerebro adecuado a su tarea, un atleta lo mismo, un obrero también y así sucesivamente, cada uno tenemos el cuerpo que necesitamos para nuestro progreso y nosotros como Espíritus le ponemos ese sello personal que queda claramente de manifiesto por ejemplo cuando vemos gemelos idénticos, idénticos en cuerpo, pero distintos en alma y esa diferencia se nota y se hace evidente según la fuerza del espíritu…maravillosa creación, maravilloso Dios en su infinita inteligencia y bondad!!!...él nos provee de las herramientas necesarias para nuestro progreso.




HIPÓTESIS SOBRE EL ORIGEN DEL CUERPO HUMANO

Este es un campo complejo de transitar, ya que en nuestro diario vivir pocos nos preocupamos de donde vinimos…hay teorías, fisiológicas, teológicas y biológicas al respecto y cada una difiere esencialmente según el camino que ha recorrido.
Darwin en su Teoría de la Evolución de las Especies dice:
Al considerar el origen de las especies, es totalmente comprensible que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, sucesión geológica y otros hechos semejantes, llegué a la conclusión de que las especies no han sido creadas independientemente, sino que han descendido, como variedades, de otras especies.
Darwin, El origen de las especies, p. 56

Afirma desde su investigación que el hombre es, por así decirlo, una mutación de la especie de que genero a los monos o simios, ello se sustenta en que si uno estudia la composición, sus relaciones embriológicas, etc., descubre que todo surge de una única especie madre que según las necesidades fue mutando y acomodándose para sobrevivir.
De allí se desprende también la idea de Kardec de que el Espíritu en sus principios puede haber utilizado el cuerpo de un primate para ejercitar sus primeras encarnaciones animalizadas y que el mismo Espíritu haya ido moldeando ese cuerpo a las necesidades de los espíritus que lo iban sucediendo.
Complejo pero no menos interesante…como ya hemos escuchado la Teoría de Adán y Eva a sido descartada varias veces por la ciencia ya que la existencia de la especie humana esta comprobada que viene de miles de millones antes a la que se pretende adoptar. 

La búsqueda del eslabón perdido entre el cuerpo de un simio y el nuestro en nuestros orígenes sigue siendo un desafío aún pero bajo esta teoría se puede explicar sencillamente como un proceso de mutación que la ley de Dios previo para darle una habitación a un nuevo habitante sobre la Tierra, el Espíritu.

ENCARNACIÓN DE LOS ESPIRITUS

Ahora bien, hemos hablado del cuerpo y del Espíritu, pero poco hemos hablado del peri espíritu, el fluido que interacciona con ambos componentes.

Lógico es pensar que si el Espíritu es de una naturaleza etérea, que no podemos ver, ni tocar, este no podría actuar en la materia directamente ya que seria como intentar soplar y mover una piedra con esa fuerza.
El Espíritu necesita de un nexo de doble composición para poder manifestarse a través del cuerpo, y ese nexo es el periespíritu, de naturaleza doble, como modificación de la materia y de características espirituales también.

Entonces si, el Espíritu se sirve de este nexo para obrar, para direccionar sus impulsos a la materia, para transmitir sus deseos, pero aquí hoy a nosotros nos interesa otro punto de esa conexión y es la unión del cuerpo con el espíritu y su encarnación.

Cuando un Espíritu debe encarnarse en un cuerpo humano en vías de formación un lazo fluidico le une al germen hacia el cual se siente atraído por una fuerza irresistible desde el momento de la concepción. A medida que el germen se desarrolla, el lazo se va estrechando y bajo la influencia del principio vital material del germen, el peri espíritu que posee ciertas propiedades de la materia, se une molécula a molécula con el cuerpo que se forma, de modo que puede decirse que el Espíritu por medio de su peri espíritu echa, un cierto modo, raíces en este germen como una planta en la tierra. Cuando el germen esta completamente desarrollado la unión es completa y entonces sale a la luz de la vida exterior
…Por un efecto contrario esta unión  cuando este principio deja de funcionar a causa de la desorganización del cuerpo que acarrea la muerte, la unión que estaba sostenida por una fuerza activa, cesa cuando esta se extingue y entonces el peri espíritu se desprende molécula por molécula, como se había unido, y el espíritu acaba por recobrar su libertad

Cuando el Espíritu viene a la vida olvida parte de su pasado, esto ocurre porque la ley de Dios nos da la posibilidad de volver a la vida a pasar por las experiencias programadas olvidando que hicimos anteriormente y así nos da la posibilidad de recorrer otra vez el camino pero esta vez tomando las decisiones correctas. Si nos equivocamos, y es así las más de las veces, volveremos bajo otras circunstancias a tratar de salir adelante.

Sigamos recorriendo este camino de aprendizaje juntos, son muchos los conceptos nuevos a entender pero cada día iremos construyendo juntos esta nueva concepción de la vida.

AMOR FRATERNAL