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miércoles, 19 de junio de 2013

Raíces de los vicios

Compartamiento Espírita

Jaci Regis

Al abordar el problema de los vicios, no podemos caer en lugares comunes de condenación, pero necesitamos tratar de entender porqué el espíritu se vicia.

El término vicio es muy amplio. Naturalmente hay un concepto, un criterio social del vicio que se caracteriza por la expresión exterior de actitudes y comportamientos que presentan signos de degeneración del individuo en sí mismo y como parte de un grupo.
La cuestión es, desde el punto de vista espírita, aún más extensa. Según El Libro de los Espíritus, de entre los vicios el más radical es el agoísmo. El asunto es tratado en los ítems 913 y siguientes de esa obra.

Hasta ahora los problemas de los vicios más evidentes, como el alcoholismo, el tabaquismo, uso de drogas, han sido tratados de manera superficial, considerando solo los efectos.
Otros vicios no menos funestos, tales como los que distorcionan la sexualidad aprisionando al individuo a actitudes mentales de intemperancia, descontroles e inhibiciones, reduciéndole el nivel vivencial, son catalogados como enfermedades de etiología desconocida.
En verdad, el egoísmo tiene relación con todas esas anormalidades; con esas expresiones de comportamiento, que denotan toda una filosofía de vida, toda una eztructura existencial.
Examinemos las posiciones de Allan Kardec y los Espíritus que colaboraron con él en la codificación: En la cuestión 913 de El Libro de los Espíritus encontramos indicaciones bastante definidas al respecto, como por ejemplo: "Estudiad cada uno de los vicios y veréis que en el fondo de todos hay egoísmo. Por más que los combatáis, no llegaréis a extirparlos mientras no atáqueis el mal en su raíz, destruyendo la causa.
Kardec en las cuestiones 914 y 915 considera al egoísmo en dos situaciones relacionadas con el espíritu: 1) El egoísmo se fundamenta en el sentimiento de interés personal y 2) el egoísmo es inherente a la especie humana. Por eso él pregunta sobre la posibilidad de que pueda ser extirpado del corazón del hombre y de que se constituya en un obstáculo para el reinado del bien absoluto en la Tierra.

Fundamentalmente los Espíritus que colaboraron en la Codificación, atribuyen a la educación el papel decisivo en la lucha contra el egoísmo. O sea, en el aprendizaje del hombre sobre las cosas espirituales y en la reforma de las institucione shumanas que mantienen y exitan el egoísmo.
En el desenvolvimiento de ese proceso "los espíritus se despojan del egoísmo, como de otras impurezas", lo que llevará a un nuevo órden social "impelidos por dos sentimientos mutuos de solidaridad.

Dicha posición dice bien de los objetivos del Espíritismo y muestra la relación del individuo-medio, como raíz de los vicios, porque el egoísmo es tanto un defecto, una impureza, individual como colectiva. Y enseña cómo desde la Codificación, la Doctrina comprendió esas relaciones e influencias recíprocas.
En el proceso educativo a que se refieren los Espíritus, el Espiritismo tendrá grande influencia, porque, según la comunicación de Fenelon (Item 917) "El Espiritismo bien entendido, cuando se haya identificado con las costumbres y creencias, transformará los hábitos, usos y relaciones sociales. El egoísmo se asienta sobre la importancia de la personalidad. Pero el Espiritismo adecuadamente comprendido, lo repito, hace que veamos las cosas desde tan alto que el sentimiento de la personalidad desaparece en cierto modo ante la inmensidad. Al destruir esa importancia de la personalidad, o al menos hacerla ver como lo que de verdad es, el Espiritismo combate necesariamente el egoísmo".
Finalmente, de la lúcida apreciacaión que Kardec hace, luego de la respuesta la pregunta 917, conviene resaltar: "El hombre anhela ser feliz y éste es un sentimiento natural. De ahí que trabaja sin pausa para mejorar su situación en el mundo; busca las causas de los males que le aquejan, para ponerles remedio. Cuando llegue a entender bien que el egoísmo es una de esas causas, la que engendra el orgullo, la ambición, la concupiscencia, la envidia, el odio y los celos, que lo perturban en todo momento, que altera las relaciones sociales, provoca disenciones, mina la confianza y le obliga a mantenerse continuamente a la defensiva para con su vecino, que por último hace del amigo un enemigo; cuando comprenda todo esto, repetimos, se dará cuenta tambien que el vicio del egoísmo es incompatible con su propia ventura e incluso con su propia seguridad"

De hecho, muchos podrán preguntar: ¿Qué relación tiene el egoísmo con el problema existencial del joven que se deja vencer por las drogas, con el alcohólico tirado en la cuneta y con el fumador que "traga" su cigarrillo? O ¿cómo establecer relaciones entre el egoísmo y el instinto sexual o el vicio del juego?
El egoísmo es llaga que corroe el espíritu y la sociedad. El mismo conduce al individuo a los trastornos emocionales, a las perturbaciones psíquicas, a la inseguridad existencial, que están en la base de los comportamientos viciosos. Es gracias al egoísmo social, disfrazado de organización política o económica, que se oprime al individuo, se marginaliza a las criaturas. Es en favor del concepto del poder y productividad, que se generan diversas formas de delincuencia y se produce el auto-flagelo físico y moral, en que muchos caen inapelablemente.
El egoísmo es el que comercializa la droga, la distribuye entre los niños y jóvenes; dora la píldora amarga del cigarrillo mediante la fantasía de la propaganda, forzando a la imitación a los mas débiles; torna elegante y parte integral de la alegría y el dolor el consumo de bebidas de alto tenor alcohólico; monta casinos, el juego de la quiniela o de cartas. Es también el mismo quien regenta la prostitución, divulga el frenesí de la pasión social, aboga por el libertinaje; en fin, el que busca cada debilidad, cada escondrijo, para institucionalizar el vicio, importándole poco que el espíritu se haga jirones y se destruya.
El egoísmo es tan astuto que creó el machismo, el vencedor, como sinónimo de dominador, aunque sea a costa de sus más caras energías. Avanzó sobre la mujer, atacándola y estimúlandola a creer que solamente por la adopción de ciertos vicios es que se llegaria a realizar socialmente.
No se piense que las anteriores consideraciones eximan al individuo de su responsabilidad, ya vimos que la interacción entre él y el medio es de tal orden que no se puede, a no ser que sea idealmente, hacer entre ambos una separación, una división definida. Por ello, cualquier modificación sustancial de los vicios tiene que ser simultáneamente encarada en los campos personal y social. El egoísmo se exterioriza en actos de agresión a los demás, pero también de agresión a uno mísmo.
No sería inoportuno afirmar aquí que para dejar de ser egoísta es preciso aprender a amar. Y amar es darse.
Ahora bien, el egoísmo nos sugiere que cualquier donación significa una pérdida, porque supone que la seguridad, la felicidad, estan en retener, en poseer, en dominar. De aquí el tránsito del egoísmo para el altruísmo sea una actitud que dependa de una educación que abra al hombre las perspectivas amplias de la vida, imperecedera y dinámica.

El Espírita, en primer lugar, sabe que vivirá eternamente y que el vicio no se circunscribe sólo a los componentes del organismo físico, sino también a los del periespíritu y, más que ello, le alcanza la médula espiritual. Este hecho determina disfunciones psíquicas y físicas que se prolongan en la continuidad de la vida, repercutiendo en la constitución periespiritual y somántica en posterios encarnaciones, constituyendose en la causal de muchas de las deformaciones presentes en los seres terrenos; conoce dentro de la visión global que le da la doctrina, qué es, porqué y para qupe es; comprende que su cuerpo físico es un santuario, levantado por la Sabiduría Divina, para servirle de instrumento de crecimiento y que la vida es inflexible, devolviendo invariablemente, con respuestas certeras, las agresiones que sufre.
Claro está que ello por sí mismo no alcanza para eliminar el problema interior pero el sujeto entiende que ya no tiene sentido o significado canalizar sus frsutraciones hacia comportamientos flageladores y auto-aniquilantes, porque la realidad es persistente, permanente, confortable o desconfortable, conforme a la actitud tomada y vivida.

Entonces, desencantos, desiluciones, angustias, miedo, inseguridad y otros elementos que generalmente estan ligados a los comportamientos viciosos, son canalizados para la producción del bien, o sea, que el espírita sabe que la proyección sobre los demás, la donación, el compartir sentimientos, constituyen remedios eficaces para los descarríos. De otro modo, los únicos caminos útiles, porque son los que producen respuestas compensatorias. Entonces el aprendizaje de "sevir" no es más un ejercicio de virtud en el sentido salvacionista, sino una terapia, capaz de devolver el equilibrio perdido y, desde el punto de vista espírita, mostrar perspectivas realmente alentadoras, sustentadoras del esfuerzo de superación de uno mismo.



Es también posible señalar que, a la luz de la filosofía espiritista, la vida se ve valorizada por la creación y participación en el bien, o sea, por la superación del egoísmo, causa profunda de todos los estados depresivos, viciosos y dolientes del alma.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL
 

jueves, 9 de mayo de 2013

El Espírita y el mundo

COMPORTAMIENTO ESPIRITA - Jaci Regis

Situarse en la vida significa comprender lo que es, lo que está haciendo y cual es su destino. Ello supone resolver el más intrigante y desafiante problema que las personas afrontan.


...la comprensión espírita dice: El hombre es considerado como un complejo tridimensional, en que entran el espíritu, ser inmortal, inteligente, perfectible, el periespíritu, organismo extra físico, vehículo de manifestación transitoria, compuesto por fluido (modificación de la materia) imponderable para nuestros sentidos, pero real concreto y circunscrito, cuando está sometido a la voluntad del espíritu y el cuerpo físico, compatible con las vibraciones de orden material, sometido a las leyes de la herencia, pero modelado a partir de las realidades del espíritu.

Tenemos en el hombre entonces, una parte esencial y dos transitorias, ajustadas a las necesidades de manifestación del espíritu, en los planos de vibración en que se divide la realidad física de la Tierra: plano material o físico y plano extra físico o espiritual.

El espíritu es perfectible, o sea, que tiene potencialidad para alcanzar la perfección que representa el equilibrio total y armónico de los factores creativos que le son propios en relación con la Ley. Para acceder a tal estado el espíritu vive; vive en los dos planos de la realidad de la Tierra. Esto es, encarna, ligándose a un cuerpo sometido a los condicionamientos propios de la material y desencarna, permaneciendo en el plano extra-físico, ligado al periespíritu.

Dentro de ese principio podemos reevaluar la posición del hombre en el mundo y comprender la importancia del mundo para el hombre.

Tal reevaluación es necesaria porque la transitoriedad de la vida terrena no puede ser tomada como un factor de desestímulo o alienación. De hecho que cada uno vive aquí un tiempo muy corto, si bien todo parece indicar que en el futuro la existencia terrena se irá alargando. Hay sin embargo, otros elementos a considerar.

La Tierra es nuestro campo de perfeccionamiento, de crecimiento, aquí desenvolvemos la pasión que nos conduce a la creatividad, al amor. Como humanidad dominamos a costa de mucho sudor, lágrimas y angustias, todas las latitudes del globo, dilatándole los horizontes. Sacamos, con aciertos y equivocaciones, a la Tierra de la situación de planeta primitivo, embrionario, llevándolo a las consquistas de la civilización actual.

Es verdad que acumulamos errores. Los cuales, entre tanto, no son meramente proyecciones del pecado, de la maldad. En muchas ocasiones fueron respuestas natural de la inmadurez de la mayoría, de la inexperiencia generalizada. Aquí, presionados por los desafíos de la vida y por la angustia interior que nos acitateó, desenvolvimos nuestra inteligencia, originamos condiciones para que el pensamiento fluyese cada vez con mayor continuidad y fuese mas  productivo, creativo.


La tierra es nuestra morada, laboratorio en el que investigamos nuestra naturaleza y creamos nuestro futuro. En ella necesitamos construir una sociedad justa, humana, basada en la fraternidad, en el respeto a la dignidad del hombre, con sus derechos inalienables a la libertad, de participación en la riqueza que produce y en las decisiones políticas. En fin, todo el conjunto de necesidades a que se hace acreedora la criatura para desenvolver sus potencialidades.

El Espíritu en su caminata evolutiva, con un comienzo casi exclusivo en el mundo físico, donde se identifica y se siente seguro, aprende por los mecanismos de encarnar-desencarnar-reencarnar, a penetrar, lentamente en el plano extra físico inmediato, a los efectos de percibirse como espíritu y cultivar los valores que se combinan con la Ley. La Ley es, en síntesis, la expresión de la voluntad de Dios, en cuyo pensamiento estamos sumergidos y que establece los principios de equilibrio, reciprocidad y compensacion en que cada uno y todos precisamos vivir, alcanzando la plenitud interior, o sea, la felicidad.

En este aprendizaje el espíritu, tanto encarnado como desencarnado, pero en especial en la primera condición y por lo menos inicialmente, crea principios morales, desencadena procesos de acción y reacción, se sumerge en conflictos y respuestas angustiantes, que la vida siempre da. En ese cuadro aparentemente caótico, como el buscador de diamantes entre los escajos, selecciona primero lentamente y luego cada vez con mayor celeridad las propias emociones, crece en sí mismo buscando la meta del amor, que signifique estados de paz, que le permitan crear, porque sólo en la actividad creativa, aún en su plano inferior, es que la vida se justifica.

El análisis espírita del hombre y de la vida permite desplazar el centro de apoyo de la estructura social hacia dimensiones dinámicas, deshaciendo el circuito cuna-tumba, mostrando el antes y el después del presente, formando enlaces de comprensión del porqué de las cosas.

El Espirita ve la sociedad compuesta de espíritus en vías de exteriorizar estados evolutivos propios, en los actos diarios, en las esquematizaciones sociales y percibe las ansias de esos mismos espíritus en buscar, aunque no sea mas que en el plano teórico, comportamientos más satisfactorios, personales y colectivos.


Por eso, el espiritista niega los valores del mundo, en cuanto permanezcan en el nivel de la inmediatez y en el desconocimiento de los componentes espirituales de la vida; esa negación no significa condenación. Niega en el sentido de trascender, de reevaluar y de salir hacia comportamientos renovadores, que exterioricen su manera de ver la vida.

Para conseguir eso, el conforma su propia conciencia y se mantiene en ella independientemente de que sea o no aceptada por la mayoría, porque se sabe minoría, porque entiende que asumió una posición definida y trabaja para concretarla como hecho real en la propia existencia.

AMOR FRATERNAL 

jueves, 4 de abril de 2013

EL PROCESO DE CRECIMIENTO

COMPORTAMIENTO ESPÍRITA - Jaci Regis


"La propuesta del Espiritismo relativa al comportamiento es dinámica. Eso significa, objetivamente, que el Espiritismo no nos sugiere cualquier modo de actuar que se exprese antinaturalmente o que suponga una posición alienada, o sea alejada de la realidad y transferida al más allá."


"Es de André Luiz, por medio de Francisco Cándido Xavier, la frase: "El hombre para ayudar al presente, está obligado vivir en el futuro de la raza". Esta afirmación, incisiva y objetiva, puede también encontrarse en los versos de Geraldo Vandré:
 
"Quién sabe actúa ya.
No espera el acontecer".




 
Tanto en una como en otra afirmación, vemos una invitación para que la conciencia del hombre se manifieste plenamente, en la construcción de su destino."

"...el Espiritismo concibe al hombre como una unidad compleja en la cual, no obstante ser soberano, bajo el punto de vista esencial, el espíritu participa de las contingencias de la encarnación física. Por eso un cuerpo deficitario, mal nutrido, sometido a la acción depredatoria del ambiente, tenderá a crear condiciones adversas a la libre expansión de la inteligencia, del espíritu. Tanto como las presiones sociales, sean políticas, aconómicas o de cualquier otra especie, manteniendolo sumergido, indeciso, amedrentado, infeliz."

"La libertad es pues esencial para que ello se concrete. Eso está colocado naturalmente dentro de la concepción espírita del crecimiento del espíritu, a partir de la simplicidad y de la ignorancia. El libre albitrio es una pieza indispensable, fundamental, para el proyecto de crecimiento individual y colectivo.
El libre albedrío significa para el espíritu la posibilidad de optar entre variables, ejerciendo el derecho de elegir y ejercitar la voluntad como garantía del poder para obrar su decisión, ahora bien, todas esas actitudes solo se harán efectivas a partir de una base de conocimiento del porqué, de las razones de un sonsitente objetivo para la vida.
La capacidad de modificación está directamente relacionada con aquella realidad, sólo se cambia cuando no se esta satisfecho con lo que se tiene o donde uno se encuentra y desde que se hallen opciones atrayentes, que satifagan las necesidades que en el momento aprarezcan como las más urgentes.
El verdadero cambio supone dos periodos: el primero es el de la decisión, la cual es instantánea, definidira. A veces fruto de una lenta maduración y tambien de innumerables experiencias negativas. Pero cuando aparece es tajante, nada decide mudar imprevistamente.
El segundo estadio es el de la concreción. Ese sí puede ser demorado, porque la decisión de cambiar no transforma lo que es en lo que deseamos que sea. dicha modificación sigue un camino, una secuencia mas o menos larga, conforme sea el poder de ejecución desarrollado en el interior de cada uno.
Si bien es verdad que todo crecimiento es solitario, en el sentido de que los mecanismos de opción, elección, desición y poder son exclusivamente personales, intransferibles, que nadie los puede ejercer por otro, también es evidente que tal crecimiento solo puede ser ejercido solidariamente; porque nadie progresa en sí mismo pero sí relacionado con los demás."


"Hay una cierta unanimidad en considerar los tiempos actuales como sin precedentes en al historia de la humanidad, debido a la multiplicidad de las opciones y oportunidades que devienen de la destrucción de las bases en que la sociedad venía apoyándose en los últimos milenios.
Ese espacio vacío, esa indefinición que sigue a la negación de lo que antes parecía tan sólido, provoca una apertura de ideas y opiniones y permite que cada uno se defina, encuentre sus objetivo y luche por él. Quienes no hallan dicho objetivo y por tal razpon no tienen bandera de lucham se precipitan en el desequilibrio mas evidente, sea cultivando las sensaciones periféricas, en desesperada tentativa por ahogar ese vacío, o sumergiéndose en fugas alienantes.
La primera lección comportamental del Espiritismo es que debemos librarnos de la angusria de la perfección, a fin  de que podamos plantearnos nuestra propia imperfección.
Sin esa precaución caeríamos fácilmente en la trampa de la presunción o en el desánimo ante la tarea a ser ejecutada, o sea, la ejecución del cambio decidido. Solo conviviendo con la realidad de nuestra imperfección, asumiéndola, es que podremos luchar por transformarla en estados gradualmente mas equilibrados.
Lo importante es haber tomado la decisión. Saber que no existe una hora final preestablecida, pero sí una hora decisiva, que cada uno percibe y asume. Debe destacarse, por los demás que una determinación que no suponga cambio es falsa, porque ella sólo es cierta cuando se concreta en comportamientos adecuados."
"Hablamos de la soledad en que cada uno toma su desición y de la solidaridad que envuelve su ejecución. De allí la avidencia de que las personas afines formen grupos de opinión que, naturalemte, pasan a ejercer alguna presión social.
Los espíritas forman, ciertamente, un grupo social de presión. A través de comportamientos que evidencian una visión propia, definida, de su doctrina con respecto al hombre y la vida, esa presión es percibida por los demás grupos. Dicha visión es específica en el sentido de que si bien inserta y actuando en lo cotidiano, se manifiesta dialécticamente, o sea, se coloca como síntesis en el conflicto de las constradicciones espiritualistas y materialistas, personificandose, identificandose.

Es diferente porque es espírita.
 
Si no hubiese una identificación capaz de señalar "ese es espírita", "ese no es espírita", entonces el Espiritismo no habria significado contribución alguna y se diluiría, como una secta más, como una forma particular de culto o de fantasía religiosa.
La cuestión es evidente: solo la irradiación de núcleos de personas que se manifiestan en la vida empiricamente, mostrando la naturaleza de la filosofía de vida del Espiristismo, se constituirán en elemento de presión.
Ahora, esas ectitudes no significan mera postura social, un estereotipo, un modelo rígido. Alli reside el punto crucial de la cuestión: ser diferente en forma natural, no por excentricidad, miedo, omisión o distorisón. Ser diferente porque se ve, siente, percibe y vive bajo un enfoque propio y definido. Y al mismo tiempo, guardando apertura para la conquista de nuevos valores. Y, lo que mucho importa, sin asumir posiciones de juzgamiento o de condenación.
El comportamiento típicamente espírita tendrá que ser auténtico, esto es, exteriorizará posiciones y sentimientos interiores, manteniendo la certeza de que sus conocimientos y sensibilidad están en transición en la tentativa de pasar de un nivel inferior a otro superior, sucesivamente.
Esta transición es la parte penosa del proceso de transformación, porque hay tendencia a querer una mudanza súbita, instantánea. Pero al sumirla basada en una filosofía de vida firme y racional, capaz de "enfrentar la razón en cualquier época de la humanidad", se torna menos aflictiva."

"La espiritización significa para el individuo que él asume por entero su cuerpo, sus horas, su inteligencia, su sentimiento. Es un descubrimiento que amplifica las propias dimensiones personales. Es como si se desenvolviesen facultades extrasensoriales cpaces de dar a las percepciones ordinarias una estructuración nueva, penetrando niveles de realidad no abordados anteriormente. Es como si consiguiese escudriñar los territorios de su espiritualidad.
Repetimos que esto no es un proceso de sublimación sino de crecimiento tan equilibrado cuanto sea posible, de las fuerzas intelectivas y del sentimiento. Imponiéndose por cierto, disciplina de la voluntad, cultivo de la razón y acción práctica. En fin, una intensa particiapción, una salida del "yo" para la integración emotiva con el otro, con el mundo.

Sería, usando expresiones filosóficas, pasar de la condición de "hombre del mundo" a la del "hombre en el mundo".

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL.