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jueves, 8 de enero de 2015

Mediumnidad

ADAPTACIÓN PSÍQUICA

Edgard Armond


CAPÍTULO 21
Cualquiera que sea, no obstante, la naturaleza de la mediumnidad, el trabajo de desarrollo debe siempre comenzar por un período preparatorio que denomino –a falta de un término mejor– de adaptación psíquica.
Todo médium de prueba es, por regla general, un individuo perturbado, en los primeros tiempos, porque él, por si mismo, es un Espíritu deudor, y la prueba a la que se somete es de resistencia y de combate a elementos espirituales inferiores, correspondientes a las propias faltas.
La encarnación, por otra parte, no se le brinda para que el individuo repose, tenga bienestar o comodidades, sino únicamente para que luche, se renueve y evolucione moralmente.
La mediumnidad, en estos casos, comienza a manifestarse desde el principio, bajo la forma de perturbaciones da variada naturaleza, tanto físicas como psíquicas. Molestias de todo orden, que resisten a los más variados tratamientos; alternaciones físicas incomprensibles por causas desconocidas que desafían la competencia y la argucia de la medicina; complicaciones de las más variadas, con reflejos en la vida subjetiva, que la medicina descarta, impotente, para el lado del vago-simpático y de los malestares alérgicos, los que deben entonces cargar con la paternidad de toda una sintomatología compleja e indefinible de nerviosidades, angustias y depresiones; o bien de alteraciones, ya del mundo mental, como temores, misantropía, alejamiento de la vida, manías, amnesias, etcétera, o también perturbaciones más graves que requieren aislamiento en sanatorios.
Lo cierto es que, en el fondo de todas esas perturbaciones y en una gran proporción, existe siempre ese factor – mediumnidad– como causa determinante y, por lo tanto, pasible de su regularización.
Y declarase desde ahora que todas estas anormalidades, en ese estado inicial, son propias de las circunstancias, ocurriendo justamente para ponerse en evidencia y llamar la atención del individuo para su condición de médium y que, en el caso de que las advertencias no sean tenidas en cuenta, por escepticismo, ignorancia, pre-conceptos sociales o religiosos, van creciendo de volumen e intensidad, pudiendo llevar al individuo a extremos realmente lamentables.
Por otra parte, en la mayoría de los casos, provienen de otras sectas o del materialismo, y necesitan un período preparatorio durante el cual toman contacto con la nueva situación, con la Doctrina, con sus protectores espirituales, etcétera, antes de pasar al desarrollo propiamente dicho. De ahí la necesidad imperiosa de esa fase de adaptación psíquica.
Ese período preparatorio busca, pues, justamente, promover el equilibrio general, orgánico y psíquico, disciplinar la causa perturbadora y dar al médium un cierto e inicial
autodominio, armonía y serenidad internas.
La mediumnidad de prueba, como vimos, tiene hondos reflejos en el organismo físico, pero aun así, cuando por la
violencia de las manifestaciones o por su antigüedad, haya sido el organismo lesionado, el tratamiento beneficia al médium, restableciendo la función de los órganos o, por lo menos, restringiendo los efectos de las perturbaciones.
Mas ¿cuáles son los agentes de esas perturbaciones?
Todos lo sabemos: defectos morales propios e influencias directas o indirectas de fuerzas y entidades espirituales inferiores ligadas al caso personal y que así cumplen también su papel como elementos cooperadores que son, incluso inconscientes, de los protectores individuales y de las entidades responsables, que dirigen a los hombres y a los mundos en su elevada tarea de ejecutores de las leyes divinas.
Es necesario, pues, que se inicie enseguida el debido tratamiento, cuyos principales factores son: el ambiente, la corriente y el tratamiento directo, que puede ser resumido en los pases, en las radiaciones, en las sesiones de curas espirituales, en las radiaciones a distancia y en las de esclarecimiento y de evangelización personal.
Examinemos cada uno de ellos separadamente.

EL AMBIENTE
Nos referimos tanto al ambiente individual, a la atmósfera, digamos así, en el que vive el médium, como al de las reuniones que frecuenta.
El ambiente individual debe ser creado y mantenido por el propio interesado, tanto cuanto le sea posible. Cada uno de nosotros vive dentro de su propio mundo, lo lleva consigo y lo alimenta constantemente con sus propios pensamientos y actos; y el conjunto de esos mundos individuales forma el mundo exterior colectivo, que es el escenario donde todos se mueven y representan los más variados papeles. Cada uno ve, siente y comprende ese mundo exterior de una cierta manera, según su propia capacidad de ver, sentir y comprender, y según el modo como reacciona a sus influencias.
El médium tiene que formar para sí un mundo individual bien equilibrado y armónico, bien claro y bien metódico, donde las cosas materiales y espirituales estén inteligentemente reguladas, cada una en su debido lugar, ejerciendo su acción en el tiempo debido, sin atropello y sin predominancias arbitrarias.
Por efecto de su propia mediumnidad, hay en él una fuerte tendencia a dejarse absorber por las cosas del campo espiritual, con menoscabo del mundo físico; no obstante, en ese período preparatorio, cuando busca antes que nada el equilibrio, es necesario evitar esos desbordes para que pueda continuar cumpliendo normalmente sus deberes y compromisos materiales.

Se percibe, pues, por lo dicho, que debe huir de las cosas que ofenden la sensibilidad y deprimen e irritan al Espíritu; de las frivolidades que relajan las energías morales; de los espectáculos don
de las pasiones inferiores se desencadenan frenéticamente.
Necesita, por otra parte, crear un ambiente hogareño favorable, pacífico, evitando las discusiones estériles y los desentendimientos, y sufriendo las contrariedades inevitables con paciencia y tolerancia evangélicas.
Como padre, como hermano o como hijo, mas, sobre todo, como esposo, debe vivir en su hogar como un ejemplo vivo de pacificación, de moralidad, de sensatez y de buena voluntad.
No debe olvidar que, en su calidad de médium de prueba, aún no desarrollado o mejor dicho, no educado, representa siempre una puerta abierta a las influencias perniciosas de grado inferior que, por su intermedio, afectan comúnmente a los individuos con quienes convive, y en especial a los niños.
Y, en cuanto a su vida social, debe ejercer sus deberes con rigor y honestidad, cuidándose, principalmente, de no dejarse contaminar por las influencias malévolas naturales de los medios con los que se ponen en contacto individuos de toda especie, sin homogeneidad de pensamientos, creencias, educación y sentimientos.
Es muy difícil, en los tiempos que corren, conservar el equilibrio y mantener la armonía en la vida de relación con los semejantes, porque el mundo pasa por una transición profunda en la que todos los valores morales están siendo invertidos, cayéndose en la degradación, y porque el médium, además de las perturbaciones exteriores que debe enfrentar, también posee las de su propio Espíritu, carente siempre, de virtudes sustentadoras.
Por eso, tiene que emplear un mayor esfuerzo que el común de los hombres para vivir con rectitud y mantener la comunión con lo Invisible, porque sin esa comunión, debidamente seleccionada y purificada, no soportará el peso de las cosas del mundo ni superará sus obstáculos.
Sin embargo, y por eso mismo, los médiums reciben una mayor ayuda: tienen mayor facilidad y frecuencia en los contactos con lo invisible y, en una gran medida, desciende sobre ellos la asistencia de lo Alto siempre que, bien entendido, se esfuercen, orando y vigilando, para cumplir devotamente sus deberes.
En cuanto a las reuniones doctrinarias que frecuenta, debe huir de aquellas cuyas prácticas y objetivos demuestran ignorancia o superstición, porque en ellas hallará forzosamente fuerzas negativas que es conveniente evitar.
Seleccione, pues, las reuniones que frecuenta y en aquella donde se sienta mejor, más reconfortado, más amparado por lo invisible, más sereno y confiado y más fortificado en sus buenos sentimientos; donde sienta bienestar espiritual, durante y después de los trabajos; en aquella, principalmente, que tenga carácter evangélico y esté exenta de artificios, explotación por dinero, exteriorizaciones grotescas e inútiles, allí permanezca
y considérela merecedora de su concurso.
La asistencia a las buenas reuniones es necesaria, mas cuando ello no pueda conseguirse, sea por el estado de agitación, descontrol o rebeldía del médium, o sea por inexistencia, en el lugar, de tales reuniones –como ocurre a veces en el interior o en pleno campo– organice entonces, en su propio hogar doméstico, reuniones simples e íntimas, destinadas a ese fin y dirigidas por quien se sienta más capacitado para hacerlo.
Aunque no se dé a esas reuniones el carácter de sesión espirita, conforme a como a ésta se la entiende, bastará que haya una concentración y oraciones, para que el médium, apoyado en estos elementos de protección y reconforto, reciba enseguida la necesaria asistencia espiritual que nunca le será negada de lo Alto.
En todos los casos, un buen ambiente de trabajo espiritual es de capital importancia.

Continuará...

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

miércoles, 8 de enero de 2014

Mediumnidad

Capitulo 16: DE LOS FRACASOS Y DE LAS CAÍDAS

LOS FRACASOS

De las ciudades, colonias y demás núcleos espirituales del Espacio, parten constantemente, con destino a la Tierra, trabajadores que pidieron o recibieron, como dádivas de lo Alto, tareas de servicio o de rescate en el campo ennoblecedor de la mediumnidad.
Un complejo y delicado trabajo preparatorio es realizado por los protectores espirituales para ofrecerles aquí condiciones favorables a la ejecución de las tareas establecidas: cuerpo físico, ambiente doméstico, medio social, recursos materiales, etcétera, y eso además de los exhaustivos esfuerzos que realizan para el proceso regular de la encarnación propiamente dicha (defensa, formación del feto, etcétera).

Producido el nacimiento y transcurridas la infancia y la juventud, cuando, en fin, suenan en su íntimo y a su alrededor, los primeros llamados para el trabajo edificante, he aquí que, muchas veces, o casi siempre, la trama del mundo ya los envolvió de tal forma que se vuelven sordos y ciegos, rebeldes al llamado, negligentes al compromiso, negativos para el esfuerzo redentor.
Se dejan dominar por las tentaciones de la materia grosera, se agarran a lo que es transitorio y engañoso y, en la mayoría de los casos, solamente al peso del dolor y al poder de insistentes interferencias punitivas vuelven sus pasos, de mala gana, hacia el camino sacrificado del testimonio.

No consideran, desde luego, que nadie desciende a un mundo de expiación como éste, para usufructuar reposo o bienestar, pero sí únicamente para luchar por la propia redención, venciendo los obstáculos innumerables que surgen a cada paso, provenientes de distintas direcciones.
Los dirigentes de las instituciones asistenciales o educativas del Espacio han constatado como regla general que pocos, muy pocos médiums, triunfan en las tareas, y que la mayoría fracasa lamentablemente, a pesar del auxilio y de la asistencia constantes que reciben de los planos invisibles; y aclaran también que las causas generales de esos fracasos son: la ausencia de la noción de responsabilidad propia y la falta de recuerdo de los compromisos asumidos antes de la reencarnación.

Ahora bien, si el olvido del pasado es una contingencia, pero necesaria, de la vida encarnada de todos los hombres, éste no es, sin embargo, absoluto, mayormente con relación a los médiums, porque los protectores, constantemente y con desvelada insistencia, les hacen advertencias en ese sentido, recordándoles sus deberes; mucho antes de que el momento del testimonio llegue, ya ellos están advirtiendo de mil modos, desarrollando en los médiums en perspectiva, nociones bien claras de su responsabilidad personal y funcional.
Por eso, de las causas señaladas antes, solamente juzgamos ponderable la falta de noción de responsabilidad, porque, si esa noción existiese, los médiums desde el inicio se dedicarían a la tarea, con abnegación.
Esto es lógico, tratándose de médiums estudiosos, que se preocupan con la obtención de conocimientos doctrinarios, porque, para los demás, a la irresponsabilidad se añade la ignorancia y la mala voluntad.
Y esa noción de irresponsabilidad es tan grande que muchos médiums, sobre todo aquellos a quienes dominan el orgullo personal y las ambiciones del mundo, maldicen la posesión de sus facultades como si fuesen estorbos; y hay otros, menos radicales, mas no menos desorientados, que se lamentan de no ser inconscientes para poder así, entonces, ejercerlas a pesar de sí mismos.
Cuán pocos son los esclarecidos y los lúcidos que se prosternan y con humildad claman: ¡Bendito seas, oh Señor, que me habéis concedido una tan excelente y poderosa herramienta de servicio redentor! ¡Gracias, Señor, por haberme escogido para trabajar en tu viña!

LAS CAÍDAS

Las caídas son más comunes en los grados inferiores de la escala evolutiva, y tanto más dolorosa y profundas se tornan, cuanto mayor sea el caudal propio de conocimientos espirituales adquiridos por el Espíritu.
“Estado de evolución” y “estado de caída” son dos condiciones de carácter general, en que se encuentran los Espíritus en las fases inferiores de la ascensión. Esas son las condiciones que dominan en el Umbral que, como sabemos, es una esfera de vida purgatoria, así como en los planos que le están, hasta un cierto punto y de un cierto modo, inmediatamente arriba.
Cuando, no obstante, las caídas se acentúan debido a reincidencias de transgresiones, ellas llevan a los culpables a las Tinieblas, esferas más profundas, de pruebas más acerbas, situadas debajo de la Corteza.
Sin embargo, en cualquier tiempo o situación, el Espíritu culpable puede retomar la evolución, retomando la ascensión, siempre que reconsidere, se arrepienta y se disponga al esfuerzo rehabilitador.

La misericordia divina cubre la multitud de pecados y da al pecador incesantes y renovadas oportunidades de redención. La redención, pues, no es un acontecimiento extraordinario, un acto de “juicio final”, sino la manifestación de la misericordia de Dios en muchas oportunidades, durante el curso del esfuerzo evolutivo.

Mas, preguntarán: ¿el fracaso, en la tarea mediúmnica, no siendo reincidente, coloca al médium principiante en estado de caída?
No, siempre que éste, durante el ejercicio de sus propias facultades no haya cometido crímenes contra el Espíritu. Ese fracaso inicial provoca al médium una detención en su ascensión evolutiva; queda él en suspenso, aguardando nueva oportunidad, temporariamente inactivo, dependiendo de una nueva tarea redentora, que le será o no concedida, conforme a las circunstancias del fracaso: negligencia, vanidad, ambición, etcétera.
Pero la caída se produce si practicó el mal conscientemente; si permitió que sus facultades fuesen utilizadas por los representantes de las fuerzas del mal; si orientó a su prójimo por malos caminos; le destruyó en el Espíritu la semilla redentora de la Fe, o le pervirtió los sentimientos haciéndolo retornar a la animalidad; en fin, si desvirtuó la Verdad y lanzó a su prójimo o a si mismo en el camino del error y de la iniquidad.

Hay una ley invariable que preside a este asunto: cuando el médium se dedica a la tarea en comunión con los Espíritus del bien, está en estado de evolución; y cuando, por el contrario, la desprecia o, por un mal procedimiento, da motivo al alejamiento de esos Espíritus, cae entonces bajo la influencia de los Espíritus del mal y entra en estado de caída.
A este respecto dice André Luiz: “En el campo de la vida espiritual, cada servicio noble recibe el salario al que se ha hecho acreedor, y cada aventura menos digna tiene el precio que le corresponde”.
Y prosigue:
“Mediar entre dos planos distintos sin elevar el nivel moral es estancarse en la inutilidad.”
“El Pensamiento es tan significativo en la mediumnidad como el cauce es importante para el río.”
“Poned aguas puras sobre un lecho de cieno podrido y no tendréis sino la oscura corriente del enviciamiento.”
Y más: “Jesús espera la formación de mensajeros humanos capaces de proyectar en el mundo las maravillas de su Reino.”

Edagar Armond

AMOR FRATERNAL

lunes, 16 de diciembre de 2013

Mediumnidad de prueba

Mediumnidad

Edgar Armond

Capitulo 5: Sus aspectos

Ya sabemos que la mediumnidad es un problema complejo en lo que se refiere a sus manifestaciones y naturaleza, pudiendo, por eso, ser encarada bajo varios puntos de vista.
En cuanto a su razón de ser, sin embargo, afecta solamente dos aspectos que son fundamentales y originalmente opuestos, a saber: o es una facultad propia del Espíritu, una conquista suya, cuando ya adquirió posibilidades mayores, cuando alcanzó grados más elevados en la escala evolutiva; o es una capacidad transitoria, de emergencia, obtenida por gracia, con auxilio de la cual el Espíritu puede apresurar su marcha y redimirse.
En el primer caso, el Espíritu, ya convenientemente evolucionado, es dueño de una sensibilidad perfeccionada que le permite vibrar normalmente en planos superiores, siendo la facultad puramente espiritual.
En el segundo caso, fue dada al médium una condición psicosomática especial, no hereditaria, que le permite servir de instrumento a los Espíritus desencarnados para sus manifestaciones como también demostrar otras modalidades de la vida espiritual.
Aunque los efectos sean, en los dos casos, más o menos semejantes, son sin embargo diferentes las causas y los valores cualitativos de las facultades. Como la mayoría de los médiums pertenecen a esta segunda categoría, vamos a detenernos enseguida más demoradamente en su estudio.

En su trayectoria evolutiva, el Espíritu, como dijimos, se purifica, se perfecciona, aumenta su sensibilidad y adquiere cada vez mayores, más altas y más amplias facultades psíquicas. Esa es la ley natural.
No obstante, estamos cansados de ver individuos moralmente retardados, de sentimientos imperfectos, que poseen facultades mediúmnicas de diversa naturaleza. Si la posesión de la facultad depende de la elevación espiritual, ¿cómo pueden tales individuos poseerla, mientras otros, evidentemente más adelantados, carecen de ella? ¿Qué sucede en estos casos? ¿Alteraciones de esa ley general? ¿Anomalías? ¿Privilegios? Nada de eso. Solamente la ocurrencia de una forma de mediumnidad — que llamaré, como ya dije: “DE PRUEBA” esto es, posesión de facultades no propiamente conquistadas por el poseedor, ni fruto de su superioridad espiritual, sino dádiva de Dios, otorgamiento hecho a unos y otros en ciertas circunstancias y ocasiones para que, en su gozo y uso, tengan la oportunidad de rescatar deudas, salir del punto muerto de un período de estancamiento, de un letargo ruinoso, despertando así hacia un nuevo esfuerzo redentor.
Recibiendo esa prueba de la misericordia de Dios, concedida casi siempre por la intercesión de Espíritus amigos interesados en su progreso, o a pedido propio (7), una de dos: O el beneficiario cumple eficientemente la tarea rectificadora y, en este caso, sube un grado en su trayectoria espiritual, o fracasa, y entonces sufre las consecuencias naturales de su obstinación y debilidad.

En su libro En los Dominios de la Mediumnidad, André Luiz también confirma integralmente el término “mediumnidad de prueba”, propuesto por nosotros desde 1945, cuando dice en el capítulo 9: “Nadie puede avanzar libremente hacia el mañana sin solucionar los compromisos del ayer. Por ese motivo Pedro trae consigo «una aflictiva mediumnidad de prueba».”
Y más adelante agrega: “Médiums abundan en todas partes, sin embargo, son raros los que ya se despojaron del pasado sombrío para servir en el presente a la causa común de la humanidad, sin los enigmas del camino que les es particular”.

Esas consecuencias son todas de orden moral y representan siempre un retardo en la marcha ascensional del Espíritu que deberá, entonces, intentar de nuevo y ahora en condiciones más desfavorables y costosas. La posesión de esas facultades de prueba es dada a muchos Espíritus en determinadas épocas, entre otras cuando, por ejemplo, los Guías del Mundo necesitan promover en el seno de la humanidad determinados efectos, movimientos de comprensión más enérgicos, impulsarla más decisivamente para nuevos rumbos o llamar la atención hacia determinados aspectos de la vida espiritual, necesarios a la regularidad de la marcha evolutiva.
Entonces, legiones de Espíritus reciben esa posibilidad, esa oportunidad y reencarnan poseyendo facultades que por sí mismos no conquistaron, facultades en préstamo, si podemos decir así, y que deben devolver en forma de un buen trabajo realizado y de aprovechamiento propio.

Se produce, así, una generalización, un derrame de dones mediúmnicos, que actúan fuertemente sobre los Espíritus endurecidos o incrédulos, fomentando en el medio social colectivo, modificaciones irresistibles desde el punto de vista moral o religioso.
Y ese acontecimiento es plenamente justificable y apropiado, porque las masas humanas, desviadas casi siempre de las cosas divinas, solamente por efecto del llamado sobrenatural se detienen, meditan y se reforman.

Basta, únicamente, mirar la historia de la vida humana para comprender eso. Toda vez que es preciso chocar con la opinión general, interesar a los hombres en las prácticas religiosas, modificar sus sentimientos e impulsarlos hacia la espiritualidad, se vive una época de milagros. Así fue, sin remontarnos mucho en el tiempo, cuando se tornó necesario establecer en la Tierra una religión típicamente monoteísta: El hombre de los milagros fue Moisés.

Dieciséis siglos después, cuando un nuevo impulso debía ser dado y plantados los fundamentos y los cimientos de la verdad eterna, una nueva época surgió con el propio Maestro y sus discípulos. Y ahora, casi veinte siglos después, para ofrecer a los hombres mayores detalles y conocimientos más objetivos de la vida espiritual superior, se repiten los mismos hechos con el Espiritismo, y los “milagros” se desdoblan sorprendentemente, con tendencia a tornarse aún más generalizados.
Y aquí conviene recordar que todos los llamados “milagros” son fenómenos naturales provocados a través de dones mediúmnicos.

Por eso, ya que son pocos los hombres que poseen facultades propias, los Guías del Mundo echan mano de los médiums de prueba, esto es, de facultades en préstamo para promover los fenómenos deseados y obtener los resultados necesarios; y, en el momento en que vivimos, lo que se trata de obtener, como sabemos, es preparar el mayor número posible de Espíritus encarnados para colaborar en el advenimiento de un mundo renovado que ya está cercano.
Hecho el llamado en las esferas de la erraticidad y expuesta la situación, muchos, por su propia voluntad y otros, como ya dijimos, por la intercesión de amigos espirituales, obtienen la merced de cooperar en ese trabajo sagrado y legiones, entonces, bajan al planeta dispuestas al esfuerzo redentor; y por eso constatamos que las manifestaciones, hoy, como en los días de la Codificación, son más o menos uniformes y sistemáticas, obedeciendo a un plan determinado.

He aquí lo que, al respecto de esa forma de mediumnidad, dice el iluminado Espíritu Emmanuel : “Los médiums, en su generalidad, no son misioneros, en la acepción común del término: son almas que fracasaron rotundamente, que contrariaron sobremanera el curso de las leyes divinas y que ahora intentan rescatar, bajo el peso de severos compromisos e ilimitadas responsabilidades, el pasado oscuro y delictuoso. Su pasado, muchas veces se encuentra manchado de graves deslices y errores tumultuosos. Casi siempre son Espíritus que cayeron de las cumbres sociales por el abuso del poder, de la autoridad, de la fortuna y de la inteligencia, y que regresan al orbe terráqueo para sacrificarse en favor del gran número de almas que se desviaron de las sendas luminosas de la fe, de la caridad y de la virtud. Son almas arrepentidas que procuran recuperar todas las felicidades que perdieron, reorganizando, con sacrificios, todo cuanto descalabraran en sus instantes de criminales arbitrariedades y de condenable insania.”

Agregando más adelante: “— Médiums, ponderad vuestras sagradas obligaciones. Preferid vivir en la mayor de las pruebas a caer en el camino ancho de las tentaciones que os atacan, insistentemente, en vuestros puntos vulnerables. Recordad que es preciso vencer si no queréis enterrar vuestra alma en la oscuridad de los siglos de dolor expiatorio.
Aquel que se presente en el espacio como vencedor de sí mismo, es mayor que cualquiera de los generales terrenos, eximios en la estrategia y en el tino militares. El hombre que se vence él mismo hace a su cuerpo espiritual apto para ingresar en otras esferas y, mientras no colaboréis en la obtención de tal organismo etéreo, a través de las virtudes y del deber cumplido, no saldréis del círculo doloroso de las reencarnaciones.”

André Luiz, en su libro Misioneros de la Luz, Capítulo III, transcribiendo las explicaciones del instructor Alejandro sobre los médiums, dice lo siguiente: “Es verdad que sueñan con edificar maravillosos castillos sin base; alcanzar inmensos descubrimientos exteriores sin estudiarse a sí mismo; mas, gradualmente, comprenderán que mediumnidad elevada o percepción edificante no constituyen actividades mecánicas de la personalidad, y si conquistas del Espíritu, para cuya consecución no se puede prescindir de las iniciaciones doloras, de los trabajos necesarios, con la auto educación sistemática y perseverante.”


(7) La reencarnación, para la mayoría de los Espíritus inferiores, es padronizada y compulsiva, pero para médiums y Espíritus más esclarecidos, cada caso es estudiado y providenciado individualmente, con participación del interesado.

AMOR FRATERNAL


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Auxiliares invisibles

Mediumnidad

Edgar Armond

Capitulo 33

Bajo el nombre de guías, en general nos referimos a las Entidades que asisten a cada individuo en su pasaje por la Tierra. Conviene distinguir, en ese conjunto, una Entidad de otra, según las funciones que ejercen.
La asistencia individual es hecha por Entidades ligadas, en una forma o en otra, al destino de los encarnados, y el nombre más apropiado a darles sería: protectores, asistentes espirituales.
Guías, en la acepción conferida a esa palabra en los medios iniciáticos, solamente los poseen los individuos que tienen una misión a cumplir con relación a la colectividad, y eso independientemente de otros protectores y asistentes que puedan poseer, como realmente sucede.
Esos protectores y asistentes comunes mantienen con el individuo ligaciones más estrechas, más íntimas y permanentes, y actúan en todos los casos, interfieren incluso en detalles de la vida común, mientras que los Guías, propiamente dichos, solamente intervienen en situaciones de importancia, actúan en las grande líneas de los acontecimientos, se manifiestan solamente en ocasiones o asuntos ligados a la misión que el individuo debe cumplir.

Y entre los Guías se establece también una diferenciación, habiendo “Guías de Encarnación” –ligados al individuo solamente en relación a los acontecimientos de una vida en el plano material–, y “Guías de Evolución” –ligados a períodos más o menos largos de sus vidas anteriores.

El médium bien formado, tanto desde el punto de vista técnico como moral y que realiza su tarea con nobleza y desprendimiento, tendrá oportunidad de entrar en contacto con esas diferentes categorías de entidades, y en esos contactos conseguirá identificarlas, distinguiéndolas unas de las otras, lo que por otra parte es de gran utilidad y conveniencia, entre otras razones por el hecho de quedar sabiendo a quién debe recurrir, en uno o en otro caso, según la naturaleza del problema para el cual necesite asistencia o consejo espiritual.

Para un asunto común, de la vida hogareña, por ejemplo, apelará para un asistente familiar, mientras que para una decisión ligada a la vida pública, se dirigirá al guía de su encarnación, y así por delante.
En los casos, por ejemplo, de molestias o de dificultades domésticas, son los asistentes familiares quienes intervienen, esclareciendo o señalando lo que conviene hacer.
En los casos de curas a distancia, realizadas en sesiones espiritas de centros o grupos, el operador invisible, responsable por el trabajo, no siempre examina directa o personalmente al enfermo sino que simplemente lanza la interrogación al asistente familiar, quien inmediatamente responde dando los esclarecimientos necesarios; además, es éste la mejor autoridad para hacerlo, porque está en continuo y perfecto contacto con el protegido, conoce todos los detalles de la cuestión y puede dar una información segura y precisa.
Solamente en los casos en que la interrogación hecha o la decisión a tomar escapa a los límites de sus atribuciones es que ellos mismos, los familiares, recurren a los guías de encarnación, que poseen mayor autoridad y saber, y que conocen, además de eso, las ligaciones kármicas de la vida actual del protegido que, casi nunca, son del conocimiento del asistente familiar.
Los familiares, protectores y guías, están ligados a la vida del individuo encarnado o porque lo pidieron, en virtud de razones afectivas, o porque recibieron tales tareas, para efecto de rescate kármico. Tienen, por tanto, el mayor interés en llevar a buen término sus misiones, aunque, en la mayoría de los casos encuentren dificultades en realizarlas por falta de comprensión, conocimientos espirituales, posibilidades de ligación, entendimiento, sensibilidad y fe de parte de los asistidos.

Es preciso, pues, por todos los medios, procurar contactos con los asistentes espirituales, ya que ellos representan para todos nosotros una preciosa fuente de esclarecimiento, consejo y ayuda. Pensando en ellos constantemente, nos estamos conectando; pidiendo su auxilio en los casos que superan nuestras fuerzas, nos estamos vinculando; mencionando a esas Entidades en las plegarias que hacemos diariamente, también nos estamos ligando a ellas; mas es necesario además de todo eso reservar, en nuestras labores cotidianas, algunos momentos para las meditaciones diarias, durante las cuales los procuramos con nuestros pensamientos y ajustamos con ellos, en un sincero y franco entendimiento mental, los asuntos más graves de nuestra vida y, con el auxilio de las inspiraciones que entonces recibimos, rectificamos nuestros rumbos.

Es sabido, como ya dijimos, que los asistentes no hacen nuestro trabajo, no cargan nuestro fardo, pues eso sería contrario a las leyes de la vida espiritual, entre otras razones, porque nos quitaría el mérito de la obra y destruiría el libre albedrío individual, que es una cosa sagrada; mas, simplemente nos orientan, nos aconsejan, estimulan e inspiran el procedimiento más acertado y conveniente.

Oírlos, pues, es tener prudencia; obedecerlos, es demostrar sabiduría.


Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL