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lunes, 24 de noviembre de 2014

PENSAMIENTO Y MEDIUMNIDAD

En los dominios de la Mediumnidad

Francisco Cándido Xavier

El silencio se hizo profundo y respetuoso. El grupo esperaba el mensaje final.
Noté que el ambiente se hizo menos grave, pero agradable...
Sobre la cabeza de doña Celina apareció un brillante haz de luz. Desde ese instante la vimos extática y completamente desligada del cuerpo físico y cercada de irradiaciones azulinas.
Admirado por el bello fenómeno, dirigí un gesto de interrogación a nuestro orientador, quien nos explicó sin demora:
–Nuestra hermana Celina transmitirá la palabra de un benefactor que, pese a estar ausente desde el punto de vista espacial, entrará en comunión con nosotros a través de los fluidos teledinámicos que lo ligan a la mente de la médium.
–Pero, ¿es posible esto? –indagó Hilario con discreción.
Áulus ponderó de inmediato:
–Acuérdese usted de la radio y de la televisión, conquistas que son hoy ampliamente conocidas en el mundo. Un hombre, de ciudad a ciudad, puede oír el mensaje de un compañero y verlo– al mismo tiempo, ya que ambos están en perfecta sintonía por medio de la misma longitud de onda. Celina conoce lo sublime de las fuerzas que la envuelven y se entrega, confiada, asimilando la corriente mental que la solicita. Irradiará el mensaje-lección automáticamente, como sucede en la psicofonía sonambúlica, porque el amigo espiritual encuentra sus células cerebrales y sus energías nerviosas como las teclas bien afinadas de un piano armonioso y dócil.
El asistente enmudeció de repente, fijando su mirada en el potente foco de luz zafirina que se formó, extendiéndose a todos los rincones del recinto.
Contemplé a los circunstantes.
El rostro de la médium reflejaba una bienaventuranza misteriosa e ignorada en la Tierra.
El júbilo que la poseía parecía contagiar a todos los presentes. Me disponía a seguir observando, pero la diestra del asistente me tocó levemente, reclamándome atención y respeto.
Fue entonces cuando la voz enrarecida de doña Celina resonó, clara y conmovedora, más o menos en estos términos:
–Amigos míos –comenzó expresando el instructor que acompañaba nuestro trabajo desde gran distancia–, guardemos la paz que Jesús nos legó, a fin de poderle servir en paz.
En materia de mediumnidad, no nos olvidemos del pensamiento. Nuestra alma vive donde está el corazón. Caminamos al influjo de nuestras propias creaciones, sea donde fuere.
La gravitación en el campo mental es tan efectiva como en la esfera de la experiencia física.
Sirviendo al progreso general, el alma se mueve en la gloria del bien. Encerrándose en el egoísmo se arrastra, en desequilibrio, por las tinieblas del mal.
La Ley Divina busca el bien para todos.
Colaborar en la ejecución de sus propósitos sabios es iluminar la mente y clarificar la vida. Ponerle trabas con el pretexto de favorecer los caprichos perniciosos, es oscurecer la razón y coagular las sombras alrededor de nosotros mismos.
Es indispensable enjuiciar todo lo que respecta a la orientación de nuestros propios pasos, a fin de evitar la niebla de la perturbación y el dolor angustioso del remordimiento.
En los dominios del espíritu no existe la neutralidad. Evolucionamos con la luz eterna, según los designios de Dios, o nos estancamos en las tinieblas conforme a la equívoca determinación de nuestro yo.
No vale encarnar o desencarnar solamente. Todos los días las formas se crean y se destruyen.
Lo que importa es la renovación interior aumentando la visión, a fin de seguir hacia adelante con la verdadera noción de la eternidad en la que nos desplazamos en el tiempo.
La conciencia cargada de propósitos malignos, revestida de remordimientos, llena de ambiciones desvariadas o ennegrecida de aflicciones, no puede sino atraer fuerzas semejantes que la encadenan a torbellinos infernales.
La obsesión es el resultado de la siniestra unión de la mente con el desequilibrio propio de las tinieblas.
Pensamos y damos vida al objeto idealizado.
La expresión visible de nuestros pensamientos más íntimos denuncia nuestra misma condición espiritual, y los que tienen afinidad con la naturaleza de nuestras inclinaciones y deseos se acercan a nosotros por lo que dicen nuestros pensamientos.
Si persistimos en las esferas más bajas de la experiencia humana, los que aún cumplen sus jornadas en los grados de la animalidad se nos acercarán atraídos por el tipo de nuestros impulsos inferiores, absorbiendo a su vez las sustancias mentales que emitimos y proyectando sobre nosotros los elementos dañinos que llevan con ellos.
Imaginar es crear. Y toda creación tiene vida y movimiento que, aunque breves, otorgan responsabilidad a la conciencia que la manifiesta. Y como la vida y el movimiento se vinculan a los principios que rigen las relaciones, es indispensable analizar lo que damos, a fin de saber qué es lo que vamos a recibir.
Quien solamente mentaliza angustia y crimen, miseria y perturbación, ¿podrá reflejar en el espejo de su propia alma otras imágenes que no sean las de la desarmonía y el sufrimiento?
Un depravado conviviendo entre santos no valoraría la pureza de éstos, ya que, alimentándose con sus propias vibraciones no lograría discernir más allá de sus mismas tinieblas.
Quien vive buscando piedras en la calle, seguro que no ha de encontrar sólo pequeños e insignificantes guijarros, sino grandes losas.
Quien se demora indefinidamente en un pantano de arenas movedizas es propenso a ahogarse en el lodo.
El viajero fascinado por los zarzales que bordean el camino corre el riesgo de quedar atrapado entre los espinos del matorral salvaje.
Vigilemos nuestro pensamiento purificándole con la práctica incesante del bien, para que así arrojemos de nosotros los grilletes que amenazan encadenarnos a los oscuros procesos de la vida inferior.
Es en la fragua misma de la idea que se forjan las alas de los ángeles y las cadenas de los condenados.
Por el pensamiento nos esclavizamos a los cepos del suplicio infernal, sentenciándonos, a veces, a siglos de peregrinación por los caminos del dolor y de la muerte.
La mediumnidad torturada es la unión de almas comprometidas en aflictivas pruebas para saldar antiguas deudas.
Y para abreviar el tormento que flagela de mil modos a la conciencia reencarnada o desencarnada, en los distintos grados expiatorios, es imprescindible proponerse la renovación mental, pues éste es el único medio de recuperación de la armonía.
Que alguien quede satisfecho sólo con la apariencia, en materia religiosa, sin preocuparse de su perfeccionamiento interior, es tan inútil para el alma como aceptar un cargo entre los hombres sin asumir la responsabilidad que conlleva.
Las simples expresiones de fe no son meras palabras con las que podamos cubrir nuestras deficiencias y debilidades. Implican deberes de purificación que no debemos rechazar, aceptando las obligaciones que nos corresponden.
En nuestros círculos de trabajo, no debe bastarnos con el hecho de creer y estar convencido.
Nadie es realmente espírita ni está a la altura de este nombre sólo por haber conseguido la cura de una dolencia rebelde con la ayuda de entidades amigas, y se convenza con ello, admitiendo la intervención del mundo espiritual en su existencia; como tampoco nadie es médium, en el elevado concepto del término, solamente porque sea el instrumento de comunicación entre las humanidades visible e invisible.
Para realizar el trabajo que nos fue asignado, conforme a los principios superiores que iluminan nuestra marcha, es necesario concretar la esencia de éstos en nuestras realizaciones como testimonio de nuestra conversión al amor santificante.
No bastará, por tanto, el solo meditar acerca de nuestro idealismo superior. Es preciso hacerlo realidad en nuestras manifestaciones de cada día.
Los grandes artistas saben colocar la chispa del genio en una simple pincelada, en un reducido bloque de mármol o en la más ingenua composición musical.
Las almas realmente convertidas a Cristo reflejan su belleza en los mínimos gestos de cada hora, sea en la emisión de una frase breve, en la ignorada cooperación en favor de sus semejantes o en la renuncia silenciosa que la consideración terrena no alcanza a comprender.
Nuestros pensamientos generan nuestros actos, y nuestros actos engendran pensamientos en los demás.
Inspiremos simpatía y elevación, nobleza y bondad alrededor nuestro, para que así no nos falte el día de mañana el precioso pan de la alegría.
El convencimiento de nuestra inmortalidad sin la altura de espíritu paralela es una proyección de luz en el desierto.
Mediar entre dos planos diferentes sin elevar el nivel moral es estancarse en la esterilidad.
El pensamiento es tan significativo en la mediumnidad, como es el lecho para el río. Haced correr aguas puras sobre un lecho de fango y tendréis una corriente oscura, adulterada.
Es cierto que divinos mensajes descienden del Cielo a la Tierra. Sin embargo, para ello es necesario que existan los canales adecuados.
Jesús espera por la formación de mensajeros humanos capaces de proyectar en el mundo las maravillas de su Reino.
Para alcanzar ese perfeccionamiento ideal es imprescindible que el poseedor de facultades psíquicas no se detenga en la simple recepción de comunicaciones.
Le será indispensable la consagración de sus fuerzas a las más elevadas formas de vida, buscando en la educación de sí mismo y en el servicio desinteresado al prójimo, el material firme con el que construya su propio camino.
La comunión con los orientadores del progreso espiritual del mundo, a través del libro, enriquece nuestro conocimiento y acentúa nuestra valía mental; y la siembra constante de bondad trae consigo la cosecha de simpatía, sin la cual el granero de la existencia se reduce a una caverna de desesperación y desaliento.
No basta ver, oír o incorporar a los espíritus desencarnados para que alguien adquiera el carácter de respetabilidad.
Hermanos ignorantes e irresponsables forman enjambres, en todos los sectores de la Tierra, en razón del grado evolutivo deficitario en el que se encuentran las colectividades del planeta, y muchas veces, sin ningún ánimo de perversidad propiamente dicho, millares de almas que se hallan libres de la envoltura densa practican el vampirismo con los encarnados desprevenidos, simplemente con la intención de seguir usufructuando las sensaciones del campo físico que no han sabido o querido dominar.
Toda obra, para adelantar, exige trabajadores que se dediquen a su crecimiento y al cuidado de ellos mismos.
Esto se ve claro en la naturaleza. No tiene frutos el árbol con pocos meses de vida.
La madera, sin un tratamiento previo, es imposible aprovecharla como mueble en el santuario hogareño.
La arena movediza no garantiza firmeza a los cimientos. La luz no puede proyectarla el candil que carece de aceite.
El automóvil no transita con normalidad donde no existe carretera.
¿Cómo esperar el pensamiento divino donde el pensamiento humano se pierde en las más bajas reflexiones de la vida? ¿Qué mensajero del Cielo hará resplandecer el mensaje celestial en nuestro entendimiento, cuando el espejo de nuestra alma yace ennegrecido por los más inferiores intereses?
En vano buscaría la estrella reflejarse en el lodo de un charco.
Amigos, pensemos en el bien y hagámoslo.
Todo lo que existe dentro de la naturaleza es la idea exteriorizada.
El Universo es la proyección de la Mente Divina, y la Tierra, tal como la conocéis en su contenido político y social, es el producto de la mente humana.
Las civilizaciones y los pueblos, las culturas y las experiencias constituyen formas de pensamiento por medio de las cuales evolucionamos incesantemente hacia las esferas más altas.
Preocupémonos, pues, de la obligación del auto-perfeccionamiento.
Sin comprensión y sin bondad nos hermanaremos con los hijos desventurados de la rebeldía.
Sin estudio y sin observación nos contaremos indefinidamente entre los infortunados exponentes de la ignorancia.
Amor y sabiduría son las alas con las que realizaremos el vuelo definitivo rumbo a la perfecta comunión con el Padre Celestial.
Escalemos el plano superior, instalando pensamientos sublimes en aquellos que nos rodean.
La palabra aclara. El ejemplo arrastra. Ajustémonos al Evangelio redentor. Cristo es la meta de nuestra renovación.
Regenerando nuestra existencia según las enseñanzas de Él, reestructuraremos la vida íntima de aquellos que nos rodean. ¡Amigos míos, creedlo!... El pensamiento puro y operante es la fuerza que nos impulsará del odio al amor, del dolor a la alegría, de la Tierra al Cielo...
¡Busquemos la conciencia de Jesús para que nuestra conciencia refleje su perfección y su belleza!...
Sepamos reflejar su gloria y su amor, para que la luz celeste se manifieste en nuestras almas, al igual que el esplendor solar se extiende sobre el mundo. ¡Comencemos nuestro esfuerzo de elevación espiritual desde hoy, y mañana habremos avanzado considerablemente en el gran camino!...
Mis amigos, mis hermanos, rogando a Jesús que nos ampare a todos, os dejo con un hasta pronto.
La voz de la médium enmudeció.
Conmovidos, observamos que en lo alto se apagaba una gran luz brillante.
Raúl Silva, con una breve plegaria, cerró la reunión.
Nos unimos a Clementino en el momento de despedirnos.
–Vuelvan cuando gusten –nos invitó gentilmente.
–Sí, sí, deseamos seguir aprendiendo.

Y unidos a nuestro orientador nos retiramos felices, como quien hubiera sorbido el agua viva de la paz en la copa de la alegría.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

martes, 19 de noviembre de 2013




"Las civilizaciones y los pueblos, las culturas y las experiencias constituyen formas de pensamiento por medio de las cuales evolucionamos incesantemente hacia las esferas más altas.
Preocupémonos, pues, de la obligación del auto-perfeccionamiento. Sin comprensión y sin bondad nos hermanaremos con los hijos desventurados de la rebeldía.
Sin estudio y sin observación nos contaremos indefinidamente entre los infortunados exponentes de la ignorancia.
Amor y sabiduría son las alas con las que realizaremos el vuelo definitivo rumbo a la perfecta comunión con el Padre Celestial.
Escalemos el plano superior, instalando pensamientos sublimes en aquellos que nos rodean.
La palabra aclara. El ejemplo arrastra. Ajustémonos al Evangelio redentor.
Cristo es la meta de nuestra renovación. Regenerando nuestra existencia según las enseñanzas de Él, reestructuraremos la vida íntima de aquellos que nos rodean."

En los dominios de la mediumnidad - Chico Xavier

lunes, 18 de noviembre de 2013

En servicio Espiritual

En los dominios de la Mediumnidad

Chico Xavier

Capitulo 14

Nos alejábamos de la institución cuando el marido desencarnado de doña Celina, cuya presencia registramos en el curso de la reunión, se aproximó a nosotros.
Demostraba conocer a nuestro orientador, porque se detuvo a nuestro lado y exclamó:
  • Mi querido asistente, por favor…

Áulus nos presentó al nuevo amigo:
  • Es nuestro hermano Abelardo Martins. Fue el esposo de nuestra colaboradora Celina y se viene adaptando a nuestra organización de trabajo.

Reconocimos en seguida que Abelardo no era una entidad de lo más cultivada.
Las maneras y la voz revelaban el estado espiritual de un ser bastante arraigado a los hábitos terrestres.
  • Mi querido asistente –continuó con inquietud–, vengo a pedirle auxilio en favor de Liborio. El socorro del grupo mejoró su disposición, pero ahora es la mujer la que empeoró, persiguiéndole...
  • Ya sé –dijo el orientador con buena voluntad–, con todo, es importante que Celina nos ayude.

Y acariciando sus hombros, concluyó:
Vuelva con su compañera, y tan pronto se aleje Celina del cuerpo bajo la influencia del sueño, venga en su compañía a fin de que podamos estar juntos unos momentos. Les aguardamos en el parque contiguo.
El interlocutor se alejó contento, mientras penetrábamos en una enorme plaza poblada de árboles. Nos detuvimos a la espera de los compañeros, y aprovechando esos minutos
Áulus se refirió a la petición recibida.
Abelardo se interesaba por Liborio dos Santos, el primer comunicante de aquella noche que había sido auxiliado por intermedio de doña Eugenia.
Y extendiéndose con las explicaciones, nos informó que el esposo de doña Celina deambuló desesperado por largo tiempo.
En su vida terrena fue un hombre temperamental y no se resignó de inmediato a los imperativos de la muerte. Colérico y obstinado, desencarnó muy pronto a raíz de los excesos que minaron su fuerza orgánica. Intentó en vano obsesionar a su esposa, cuya ayuda reclamaba como si fuera su simple sirvienta.

Reconociéndose incapaz de vampirizarla, estuvo durante algunos años en los dominios de las sombras, entre espíritus rebeldes e irrespetuosos, hasta que las oraciones de su compañera, ayudadas por la intercesión de muchos amigos, consiguieron disuadirle y hacerle cambiar de actitud.
Se doblegó, por fin, ante la evidencia de los hechos.
Reconoció lo impropio de la intemperancia mental en la que se complacía, y luego de ser preparado convenientemente por el grupo de amigos que acabábamos de dejar, fue admitido en una organización de socorro en la que pasó a servir como cuidador de hermanos desequilibrados.
Tan pronto como el asistente completó la rápida biografía, Hilario consideró con curiosidad:
  • El caso de Abelardo nos suscita indagaciones interesantes... Por ejemplo, ¿continuará unido a su esposa?
  • Sí –explicó el orientador–, el amor entre ambos tiene profundas raíces en el pasado.

  • ¿Pese a la diferencia que hay entre ellos?
  • ¿Por qué no? ¿Acaso el Padre Celestial deja de amarnos pese a las faltas en que incurrimos en nuestras vidas?

  • Realmente –convino mi colega un tanto contrariado– este argumento es indiscutible. Sin embargo, ¿Abelardo se volvió a unir a su mujer?
  • En efecto. En ella encontró un valioso incentivo para el trabajo de auto recuperación, al que se halla entregado.

  • Pero, en su condición de espíritu desencarnado, ¿llega a compartir el templo hogareño?

Tanto como le es posible. Por haber descendido considerablemente en la indisciplina y la perturbación, todavía sufre las consecuencias desagradables del desequilibrio al que se entregó, por lo cual el hogar terreno, con la ternura de la esposa, es el mayor paraíso que podrá merecer por ahora. Diariamente se entrega a un arduo servicio en la obra de asistencia a los compañeros dementes, pero descansa, siempre que es oportuno, en el nido familiar, junto a su compañera.
Una vez por semana le acompaña en el culto íntimo de la oración, es su firme colaborador en los trabajos mediúmnicos, y todas las noches en que se sienten favorecidos por las circunstancias se dedican ambos al trabajo de auxilio a los enfermos. No fueron solamente cónyuges, según las disposiciones de la carne. Son infinitamente amigos, y Abelardo ahora procura aprovechar el tiempo saldando sus deudas y soñando con recibir a la esposa con nuevos títulos de elevación cuando Celina reingrese nuevamente a la patria espiritual.
  • Esto, sin embargo ¿es común? ¿La separación de los matrimonios es solamente imaginaria?

Un caso no hace la regla –ponderó el asistente con buen humor. Donde no prevalece la afinidad del afecto, el matrimonio terrestre es una tarea de redención, y nada más. En la mayoría de las uniones la muerte del cuerpo sólo ratifica una separación que ya existía en la vida en común. En esos casos, el cónyuge que abandona la envoltura física se retira de la prueba a la que se sometió, a la manera del deudor que alcanzó la paz con el pago realizado. No obstante, cuando los lazos que unen a las almas perviven, las emociones de la jornada humana y aun cuando haya un segundo casamiento la comunión espiritual continúa, sublime, con un dulce y constante intercambio de vibraciones y pensamientos.
Hilario reflexionó durante algunos instantes, y conjeturó:
  • Es cierto. La travesía de la tumba impone al espíritu singulares modificaciones...

Cada viajero en su camino, cada corazón con su problema...
  • ¡Bienaventurados los que se renuevan con el bien! –exclamó Áulus con satisfacción. El verdadero amor es lo sublime en marcha a través de la renuncia. Quien no supiera renunciar en favor de la alegría del ser amado, sin duda sabrá querer con entusiasmo y cariño, mas no estará en condiciones de coronarse con la gloria del amor puro. Después de la muerte habitualmente aprendemos, con el sacrificio de nuestros propios sueños, la ciencia de amar, no según nuestros deseos, sino de conformidad con la Ley del Señor: madres obligadas a desamparar a sus hijitos para entregarlos a las pruebas que ellos necesitan, padres que se ven impelidos a cambiar los proyectos de protección a la familia, esposas constreñidas a entregar sus maridos a otras almas hermanas, esposos que son forzados a aceptar la colaboración que se les ofrece a sus compañeras para hacer frente a la vida, contrayendo segundas nupcias y viviendo en el propio hogar que ellos tuvieron que abandonar... Todo esto lo encontramos en las cercanías de la Tierra. La muerte es un convite al entendimiento fraterno... y cuando no aceptamos tal desafío, el sufrimiento es la consecuencia ineludible que tenemos a pasar...

Y con amplia sonrisa, agregó:
  • Cuando el amor no sabe dividirse, la felicidad no consigue multiplicarse.

La conversación proseguía interesante y animada, cuando Celina y Abelardo llegaron hasta nosotros.
Venían reconfortados, felices.
En compañía de su esposa, el nuevo amigo parecía más alegre y radiante, como si absorbiese su vitalidad y su ánimo.
Noté que Hilario, por la expresión de su fisonomía, traía consigo un nuevo mundo de preguntas por formular.
Con todo, Áulus advirtió:
  • ¡Sigamos! Es necesario actuar con rapidez.

Al poco tiempo penetramos en una nebulosa región, dentro de la misma noche. Los astros desaparecieron ante nuestros ojos.
Tuve la impresión de que un gas alquitranado era el elemento preponderante en aquel ambiente.
Oíamos alrededor nuestro sollozos e imprecaciones, pero la pequeña lámpara que Abelardo ahora empuñaba, auxiliándonos, no nos permitía observar más que el camino estrecho que debíamos recorrer.
Pasados algunos minutos de marcha alcanzamos una construcción mal iluminada, en la que varios enfermos se alojaban bajo la asistencia de enfermeros atentos.
Entramos.
Áulus explicó que estábamos en un hospital de emergencia, de los muchos que se hallan en las regiones purgatorias.
Todo era pobreza, necesidad, sufrimiento...
  • Este es mi actual templo de trabajo –nos dijo Abelardo, orgulloso de ser allí una pieza importante en la máquina de servicio.

El hermano Justino, director de la institución, vino hacia nosotros a cumplimentarnos. Pidió excusas por no serle posible acompañarnos. La casa estaba llena de psicópatas desencarnados y no podía, por tal motivo, detenerse en su labor
asistencial.
Nos dio, sin embargo, permiso para actuar con plena libertad. La desarmonía era realmente tan grande en el local, que no pude disimular mi espanto. ¿Cómo pensar en lograr una mejoría en un medio atormentado como ése?
El asistente me esclareció diciéndome:
  • André, este lugar es un refugio para desesperados.

Según la reacción que tengan son conducidos, de inmediato, a establecimientos de recuperación positiva o bien regresan a los ámbitos de aflicción de los que proceden. Aquí sólo pasan un pequeño período de recuperación. Llegamos al sencillo lecho en el que Liborio, de mirada vidriosa, se mostraba como ausente y sin ningún interés por nuestra presencia.
Nos miraba indiferente.
Mostraba el semblante de los locos, cuando éstos se hallan transfigurados por ocultas flagelaciones. Uno de los guardias vino hacia nosotros y le comunicó a Abelardo que el enfermo llevado para internarse denotaba una creciente angustia.
Áulus lo revisó paternalmente, y en seguida informó:
  • El pensamiento de la hermana encarnada que nuestro amigo vampiriza está con él, atormentándole. Se hallan ambos sintonizados en la misma onda. Es un caso de persecución recíproca. Los beneficios recogidos en el grupo son ahora perjudicados por las sugestiones que le son dirigidas desde lejos.
  • Tenemos en este caso, entonces –alegué– un símil exacto de lo que verificamos comúnmente en la Tierra en los sectores de la mediumnidad torturada.

Hay médiums que, aliviados de los vejámenes que reciben de entidades inferiores, de inmediato reclaman su presencia y se unen nuevamente a ellas automáticamente, pese a nuestro más saludable propósito por liberarlos radicalmente.
  • Sí –aprobó el orientador– mientras no modifiquen sus disposiciones espirituales, creando el hábito de nuevos y nobles pensamientos, estarán sometidos a un régimen de mutua esclavitud, en el que obsesores y obsesados se nutren con sus energías recíprocamente. Temen la separación por los hábitos comunes y arraigados que los asoció, según los principios de afinidad, y de ahí vienen los impedimentos para la doble recuperación que les deseamos.

El enfermo se mostraba más angustiado, más pálido.
Parecía estar soportando una tempestad interior, pavorosa e incontenible.
  • Todo indica la aproximación de la hermana que se apoderó de su mente.

Nuestro compañero se revela más dominado, más afligido...
No acababa el orientador de formular su pronóstico cuando la pobre mujer, desligada del cuerpo físico por efecto del sueño, apareció delante de nosotros reclamando con ferocidad:
  • ¡Liborio! ¡Liborio! ¿Por qué te ausentaste? ¡No me abandones! ¡Regresemos a nuestra casa! ¡Escúchame, escúchame!...
  • ¿Qué vemos? –exclamó Hilario, intrigado. ¿No es esta la criatura a quien en el servicio de esta noche se le trató de aislar de malas influencias?
Y como el orientador respondiera de modo afirmativo, mi colega continuó:
  • ¡Dios de bondad! Pero ¿no está ella interesada en el restablecimiento de su propia salud? ¿No ha pedido socorro a la institución que frecuenta?
  • Esto es lo que ella juzga querer –explicó Áulus con diligencia– sin embargo, en lo íntimo se alimenta con los fluidos enfermizos del compañero desencarnado y se apega a él instintivamente. Millares de personas son así. Padecen enfermedades de variados matices, y a ellas se adaptan por espíritu de comodidad y por no demandarles eso el menor esfuerzo. Se consideran desgraciadas y sufrientes, pero cuando se les retira la molestia que les afectaba se sienten vacías y extrañas, presentando síntomas e impresiones con los que evocan las enfermedades, haciendo que éstas se expresen nuevamente bajo distintas manifestaciones, contribuyendo así a sostener su condición de víctimas, en la cual se complacen. Esto sucede en la mayoría de los casos de obsesión. Encarnados y desencarnados se unen los unos a los otros ligados por una vigorosa fascinación mutua, hasta que ellos mismos renueven los objetivos de su vida mental.

Es por ese motivo que, en muchas ocasiones, los dolores graves están llamados a actuar sobre los dolores leves con el fin de despertar en las almas depravadas ese género de sustituciones y reformas de lo inferior.
En ese momento la recién llegada consiguió acercarse más a Liborio, quien demostró una visible satisfacción. Sonreía él, ahora, igual que una criatura contenta.
Reconociendo, sin embargo, la presencia de doña Celina, la infeliz gritó, colérica:
  • ¿Quién es esta mujer? ¿Quién es?...

Nuestra abnegada amiga avanzó hacia ella con humildad y le imploró:
  • ¡Hermana mía, cálmese! ¡Liborio está fatigado, enfermo! ¡Ayudémosle a descansar!...

La interlocutora no soportó su mirada dulce y benigna, y luego de reconocer a la servicial médium del grupo con el que se había relacionado, cegada por los celos le gritó al enfermo palabras amargas, imposibles de reproducir, abandonando el recinto en desenfrenada carrera.
Liborio mostró una evidente contrariedad. Áulus, con todo, le aplicó pases, con los que le restituyó la calma.
En seguida, el asistente nos dijo con cariño:
  • Como vemos, la Bondad Divina es tan grande que hasta nuestros sentimientos poco dignos son aprovechados en nuestro propio bien. El despecho y alejamiento de la visitante al encontrar a Celina junto al enfermo, nos dará una tregua valiosa, de modo que tendremos algún tiempo para auxiliarlo con unas reflexiones necesarias. Cuando despierte en su cuerpo carnal por la mañana, nuestra pobre amiga recordará vagamente haber soñado con Liborio junto a una compañera, pintando de ello un cuadro con impresiones que se imagine a voluntad, por cuanto cada mente ve en los demás aquello que ella misma lleva en si.

Abelardo estaba satisfecho. Acariciaba al enfermo, previendo su mejoría.
Hilario expresó con admiración:
  • Lo que me asombra, es reconocer el servicio incesante por todas partes. En la vigilia y en el sueño, en la vida y en la muerte...

Respondiendo Áulus, con una sonrisa:
  • Sí, la inercia es simplemente una ilusión y la pereza es una fuga que la Ley castiga con las aflicciones que conlleva tal atraso.

Nuestra tarea había sido cumplida, por lo cual había llegado el momento de retirarnos.
Después de unos minutos, al despedirnos, nos prometió el asistente que nos volveríamos a encontrar la noche siguiente para continuar con nuestras observaciones.

Continuará...

El que tenga ojos para ver que vea... el mundo espiritual se esfuerza por darnos todas las herramientas necesarias para poder despertar nuestra conciencia, nuestra esencia adormecida y así poder comenzar a transitar la vida que el propósito real que esta tiene.

AMOR FRATERNAL

lunes, 28 de octubre de 2013

Pensamiento y Mediumnidad

En los dominios de la mediumnidad

Francisco Cándido Xavier

El silencio se hizo profundo y respetuoso. El grupo esperaba el mensaje final.
Noté que el ambiente se hizo menos grave, pero agradable...
Sobre la cabeza de doña Celina apareció un brillante haz de luz. Desde ese instante la vimos extática y completamente desligada del cuerpo físico y cercada de irradiaciones azulinas.
Admirado por el bello fenómeno, dirigí un gesto de interrogación a nuestro orientador, quien nos explicó sin demora:

  • Nuestra hermana Celina transmitirá la palabra de un benefactor que, pese a estar ausente desde el punto de vista espacial, entrará en comunión con nosotros a través de los fluidos teledinámicos que lo ligan a la mente de la médium.
  • Pero, ¿es posible esto? –indagó Hilario con discreción.
 Áulus ponderó de inmediato:
  • Acuérdese usted de la radio y de la televisión, conquistas que son hoy ampliamente conocidas en el mundo. Un hombre, de ciudad a ciudad, puede oír el mensaje de un compañero y verlo– al mismo tiempo, ya que ambos están en perfecta sintonía por medio de la misma longitud de onda. Celina conoce lo sublime de las fuerzas que la envuelven y se entrega, confiada, asimilando la corriente mental que la solicita. Irradiará el mensaje-lección automáticamente, como sucede en la psicofonía sonambúlica, porque el amigo espiritual encuentra sus células cerebrales y sus energías nerviosas como las teclas bien afinadas de un piano armonioso y dócil.
El asistente enmudeció de repente, fijando su mirada en el potente foco de luz zafirina que se formó, extendiéndose a todos los rincones del recinto.
Contemplé a los circunstantes.
El rostro de la médium reflejaba una bienaventuranza misteriosa e ignorada en la Tierra.
El júbilo que la poseía parecía contagiar a todos los presentes. Me disponía a seguir observando, pero la diestra del asistente me tocó levemente, reclamándome atención y respeto. Fue entonces cuando la voz enrarecida de doña Celina resonó, clara y conmovedora, más o menos en estos términos:


-Amigos míos –comenzó expresando el instructor que acompañaba nuestro trabajo desde gran distancia–, guardemos la paz que Jesús nos legó, a fin de poderle servir en paz.
-En materia de mediumnidad, no nos olvidemos del pensamiento. Nuestra alma vive donde está el corazón.
-Caminamos al influjo de nuestras propias creaciones, sea donde fuere. La gravitación en el campo mental es tan efectiva como en la esfera de la experiencia física.
Sirviendo al progreso general, el alma se mueve en la gloria del bien. Encerrándose en el egoísmo se arrastra, en desequilibrio, por las tinieblas del mal.
La Ley Divina busca el bien para todos.
Colaborar en la ejecución de sus propósitos sabios es iluminar la mente y clarificar la vida. Ponerle trabas con el pretexto de favorecer los caprichos perniciosos, es oscurecer la razón y coagular las sombras alrededor de nosotros mismos.
Es indispensable enjuiciar todo lo que respecta a la orientación de nuestros propios pasos, a fin de evitar la niebla de la perturbación y el dolor angustioso del remordimiento.
En los dominios del espíritu no existe la neutralidad. Evolucionamos con la luz eterna, según los designios de Dios, o nos estancamos en las tinieblas conforme a la equívoca determinación de nuestro yo.

No vale encarnar o desencarnar solamente. Todos los días las formas se crean y se destruyen.
Lo que importa es la renovación interior aumentando la visión, a fin de seguir hacia adelante con la verdadera noción de la eternidad en la que nos desplazamos en el tiempo.
La conciencia cargada de propósitos malignos, revestida de remordimientos, llena de ambiciones desvariadas o ennegrecida de aflicciones, no puede sino atraer fuerzas semejantes que la encadenan a torbellinos infernales.
La obsesión es el resultado de la siniestra unión de la mente con el desequilibrio propio de las tinieblas. Pensamos y damos vida al objeto idealizado.
 

La expresión visible de nuestros pensamientos más íntimos denuncia nuestra misma condición espiritual, y los que tienen afinidad con la naturaleza de nuestras inclinaciones y deseos se acercan a nosotros por lo que dicen nuestros pensamientos.
 

Si persistimos en las esferas más bajas de la experiencia humana, los que aún cumplen sus jornadas en los grados de la animalidad se nos acercarán atraídos por el tipo de nuestros impulsos inferiores, absorbiendo a su vez las sustancias mentales que emitimos y proyectando sobre nosotros los elementos dañinos que llevan con ellos. Imaginar es crear.
 

Y toda creación tiene vida y movimiento que, aunque breves, otorgan responsabilidad a la conciencia que la manifiesta. Y como la vida y el movimiento se vinculan a los principios que rigen las relaciones, es indispensable analizar lo que damos, a fin de saber qué es lo que vamos a recibir.
 

Quien solamente mentaliza angustia y crimen, miseria y perturbación, ¿podrá reflejar en el espejo de su propia alma otras imágenes que no sean las de la desarmonía y el sufrimiento?
Un depravado conviviendo entre santos no valoraría la pureza de éstos, ya que, alimentándose con sus propias vibraciones no lograría discernir más allá de sus mismas tinieblas.
Quien vive buscando piedras en la calle, seguro que no ha de encontrar sólo pequeños e insignificantes guijarros, sino grandes losas. Quien se demora indefinidamente en un pantano de arenas movedizas es propenso a ahogarse en el lodo.
El viajero fascinado por los zarzales que bordean el camino corre el riesgo de quedar atrapado entre los espinos del matorral salvaje.
 

Vigilemos nuestro pensamiento purificándole con la práctica incesante del bien, para que así arrojemos de nosotros los grilletes que amenazan encadenarnos a los oscuros procesos de la vida inferior.
Es en la fragua misma de la idea que se forjan las alas de los ángeles y las cadenas de los condenados.
Por el pensamiento nos esclavizamos a los cepos del suplicio infernal, sentenciándonos, a veces, a siglos de peregrinación por los caminos del dolor y de la muerte.
La mediumnidad torturada es la unión de almas comprometidas en aflictivas pruebas para saldar antiguas deudas.
Y para abreviar el tormento que flagela de mil modos a la conciencia reencarnada o desencarnada, en los distintos grados expiatorios, es imprescindible proponerse la renovación mental, pues éste es el único medio de recuperación de la armonía.
 

Que alguien quede satisfecho sólo con la apariencia, en materia religiosa, sin preocuparse de su perfeccionamiento interior, es tan inútil para el alma como aceptar un cargo entre los hombres sin asumir la responsabilidad que conlleva.
Las simples expresiones de fe no son meras palabras con las que podamos cubrir nuestras deficiencias y debilidades. Implican deberes de purificación que no debemos rechazar, aceptando las obligaciones que nos corresponden.
En nuestros círculos de trabajo, no debe bastarnos con el hecho de creer y estar convencido.
 

Nadie es realmente espírita ni está a la altura de este nombre sólo por haber conseguido la cura de una dolencia rebelde con la ayuda de entidades amigas, y se convenza con ello, admitiendo la intervención del mundo espiritual en su existencia; como tampoco nadie es médium, en el elevado concepto del término, solamente porque sea el instrumento de comunicación entre las humanidades visible e invisible.
 

Para realizar el trabajo que nos fue asignado, conforme a los principios superiores que iluminan nuestra marcha, es necesario concretar la esencia de éstos en nuestras realizaciones como testimonio de nuestra conversión al amor santificante.
No bastará, por tanto, el solo meditar acerca de nuestro idealismo superior. Es preciso hacerlo realidad en nuestras manifestaciones de cada día.
Los grandes artistas saben colocar la chispa del genio en una simple pincelada, en un reducido bloque de mármol o en la más ingenua composición musical.
Las almas realmente convertidas a Cristo reflejan su belleza en los mínimos gestos de cada hora, sea en la emisión de una frase breve, en la ignorada cooperación en favor de sus semejantes o en la renuncia silenciosa que la consideración terrena no alcanza a comprender.


Nuestros pensamientos generan nuestros actos, y nuestros actos engendran pensamientos en los demás. Inspiremos simpatía y elevación, nobleza y bondad alrededor nuestro, para que así no nos falte el día de mañana el precioso pan de la alegría.
El convencimiento de nuestra inmortalidad sin la altura de espíritu paralela es una proyección de luz en el desierto. Mediar entre dos planos diferentes sin elevar el nivel moral es estancarse en la esterilidad.
 

El pensamiento es tan significativo en la mediumnidad, como es el lecho para el río. Haced correr aguas puras sobre un lecho de fango y tendréis una corriente oscura, adulterada.
Es cierto que divinos mensajes descienden del Cielo a la Tierra. Sin embargo, para ello es necesario que existan los canales adecuados. Jesús espera por la formación de mensajeros humanos capaces de proyectar en el mundo las maravillas de su Reino.
Para alcanzar ese perfeccionamiento ideal es imprescindible que el poseedor de facultades psíquicas no se detenga en la simple recepción de comunicaciones. Le será indispensable la consagración de sus fuerzas a las más elevadas formas de vida, buscando en la educación de sí mismo y en el servicio desinteresado al prójimo, el material firme con el que construya su propio camino.
La comunión con los orientadores del progreso espiritual del mundo, a través del libro, enriquece nuestro conocimiento y acentúa nuestra valía mental; y la siembra constante de bondad trae consigo la cosecha de simpatía, sin la cual el granero de la existencia se reduce a una caverna de desesperación y desaliento.
 

No basta ver, oír o incorporar a los espíritus desencarnados para que alguien adquiera el carácter de respetabilidad.
Hermanos ignorantes e irresponsables forman enjambres, en todos los sectores de la Tierra, en razón del grado evolutivo deficitario en el que se encuentran las colectividades del planeta, y muchas veces, sin ningún ánimo de perversidad propiamente dicho, millares de almas que se hallan libres de la envoltura densa practican el vampirismo con los encarnados desprevenidos, simplemente con la intención de seguir usufructuando las sensaciones del campo físico que no han sabido o querido dominar.
Toda obra, para adelantar, exige trabajadores que se dediquen a su crecimiento y al cuidado de ellos mismos. Esto se ve claro en la naturaleza. No tiene frutos el árbol con pocos meses de vida.
La madera, sin un tratamiento previo, es imposible aprovecharla como mueble en el santuario hogareño.
La arena movediza no garantiza firmeza a los cimientos. La luz no puede proyectarla el candil que carece de aceite. El automóvil no transita con normalidad donde no existe carretera. ¿Cómo esperar el pensamiento divino donde el pensamiento humano se pierde en las más bajas reflexiones de la vida? ¿Qué mensajero del Cielo hará resplandecer el mensaje celestial en nuestro entendimiento, cuando el espejo de nuestra alma yace ennegrecido por los más inferiores intereses?
En vano buscaría la estrella reflejarse en el lodo de un charco. Amigos, pensemos en el bien y hagámoslo.
 

Todo lo que existe dentro de la naturaleza es la idea exteriorizada. El Universo es la proyección de la Mente Divina, y la Tierra, tal como la conocéis en su contenido político y social, es el producto de la mente humana.
 


Las civilizaciones y los pueblos, las culturas y las experiencias constituyen formas de pensamiento por medio de las cuales evolucionamos incesantemente hacia las esferas más altas.
Preocupémonos, pues, de la obligación del auto-perfeccionamiento. Sin comprensión y sin bondad nos hermanaremos con los hijos desventurados de la rebeldía.
Sin estudio y sin observación nos contaremos indefinidamente entre los infortunados exponentes de la ignorancia.
Amor y sabiduría son las alas con las que realizaremos el vuelo definitivo rumbo a la perfecta comunión con el Padre Celestial.
Escalemos el plano superior, instalando pensamientos sublimes en aquellos que nos rodean.
La palabra aclara. El ejemplo arrastra. Ajustémonos al Evangelio redentor.
Cristo es la meta de nuestra renovación. Regenerando nuestra existencia según las enseñanzas de Él, reestructuraremos la vida íntima de aquellos que nos rodean.
 

¡Amigos míos, creedlo!... El pensamiento puro y operante es la fuerza que nos impulsará del odio al amor, del dolor a la alegría, de la Tierra al Cielo...
¡Busquemos la conciencia de Jesús para que nuestra conciencia refleje su perfección y su belleza!... Sepamos reflejar su gloria y su amor, para que la luz celeste se manifieste en nuestras almas, al igual que el esplendor solar se extiende sobre el mundo.
¡Comencemos nuestro esfuerzo de elevación espiritual desde hoy, y mañana habremos avanzado considerablemente en el gran camino!...
Mis amigos, mis hermanos, rogando a Jesús que nos ampare a todos, os dejo con un hasta pronto.

 
La voz de la médium enmudeció. Conmovidos, observamos que en lo alto se apagaba una gran luz brillante.
Raúl Silva, con una breve plegaria, cerró la reunión.
Nos unimos a Clementino en el momento de despedirnos.

  • Vuelvan cuando gusten –nos invitó gentilmente.
  • Sí, sí, deseamos seguir aprendiendo.
Y unidos a nuestro orientador nos retiramos felices, como quien hubiera sorbido el agua viva de la paz en la copa de la alegría.

Continuará...

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

jueves, 10 de octubre de 2013

En los dominios de la Mediumnidad

EL PSICOSCOPIO


...continuacion del texto Estudiando la mediumnidad.

–El psicoscopio**, sólo él, da motivo a muchas reflexiones. Imaginemos una sociedad humana que pudiese retratar la vida interior de sus miembros... Eso economizaría grandes cuotas de tiempo en la solución de numerosos problemas psicológicos.
  • Sí –agregó el mentor cordialmente– el futuro reserva prodigios al sentido común del hombre.
Habíamos alcanzado, entretanto, el portón del espacioso edificio que el asistente dijo ser el santuario que nos correspondía visitar para servir.
  • Esta es la casa espírita-cristiana donde encontraremos nuestro punto básico de experiencias y observaciones.
Entramos. Después de atravesar un amplio recinto, en el que estaban numerosas entidades desdichadas de nuestro plano, el orientador aclaró:
  • Vemos aquí el salón consagrado a la enseñanza pública. El núcleo que buscamos está situado en un reducto íntimo, así como el corazón está dentro del cuerpo.
Habiendo transcurrido algunos instantes, penetramos tímidamente en el aposento en el que se hallaba reunida una reducida asamblea en silenciosa concentración mental.
  • Nuestros compañeros –explicó el asistente– realizan el trabajo de armonización previa, quince minutos de oración, cuando no son de una exposición o lectura con bases morales elevadas. Saben que no deben abordar el mundo espiritual sin la actitud noble y digna que les otorgará la posibilidad de atraer compañías edificantes, por lo cual tampoco comparecen aquí sin portar consigo, en la faz invisible de su personalidad, las simientes de lo mejor que poseen.
Hilario y yo deseábamos indagar, pero el carácter respetable del recinto nos imponía silencio.
Amigos de nuestra esfera se detenían allí en oración, obligándonos a un profundo recogimiento.
El asistente armó el psicoscópio y, después de un breve control, nos invitó a observar por él.
Cuando llegó mi turno para usarlo, las peculiaridades del aparato me asombraron. Sin necesidad de esfuerzo mental alguno, noté que todas las expresiones de la materia física asumían un aspecto diferente, destacándose la materia de nuestro plano.
El techo, las paredes y los objetos de uso corriente, se mostraban como formados por corrientes de fuerza que emitían una claridad incolora. Me detuve en la contemplación de los compañeros encarnados, los que aparecían ahora más estrechamente unidos entre sí por amplios círculos radiantes que adornaban sus cabezas de un esplendor opalino.
Tuve la impresión de notar en torno del opaco bloque de masa semioscura a que se reducía la mesa, una corona de luz solar formada por diez puntos característicos, resaltando en el centro de cada uno de ellos el semblante espiritual de los amigos en oración.
De ese collar de focos dorados se alargaba una extensa franja de luz violeta, la que parecía ser contenida en otra franja de luz anaranjada que se prolongaba en tonalidades diversas que, en ese momento, no pude precisar dado que mi atención estaba puesta en el círculo de rostros fulgurantes estrechamente unidos entre sí, a la manera de diez pequeños soles ligados los unos con los otros. Noté que cada uno de ellos ostentaba sobre sí una aureola de rayos casi verticales, fulgentes y móviles, como si fuesen diminutas antenas de oro humeante.
Sobre esas coronas, que se distinguían de un compañero a otro, caían de lo Alto abundantes chorros de luminosidad estelar que, tocando las cabezas allí hermanadas, parecían suaves corrientes de fuerza que se iban transformando en pétalos microscópicos que se encendían y se apagaban, en miríadas de formas delicadas y caprichosas, gravitando, por momentos, alrededor de los cerebros en que se producían, cual satélites de vida breve en tomo a las fuentes vitales que les diera origen.
Custodiando la asamblea estaban los mentores espirituales, irradiando cada uno la luz que le era propia.
Admirado, sin embargo, por los hermanos de la esfera física que se revelaban tan afines en la onda brillante que los envolvía, pregunté con entusiasmo:
  • Amigo Áulus, ¿los compañeros que visitamos son, por ventura, grandes iniciados en la revelación divina?
El interpelado hizo un gesto de buen humor y respondió:
  • No. Nos hallamos todavía muy lejos de semejantes apóstoles.
  • Nos vemos aquí en la compañía de cuatro hermanas y seis hermanos de buena voluntad. Son personas comunes. Comen, beben, se visten y se presentan en la Tierra con el aspecto común de las demás criaturas de la vida carnal. Sin embargo, ellos tienen la mente puesta al servicio de los ideales superiores de la fe activa, que se expresan por el amor a sus semejantes.
  • Procuran disciplinarse, ejercitan la renuncia, cultivan la bondad, constante y, por intermedio del esfuerzo propio en el bien y en el estudio noblemente llevado, adquieren un elevado grado de radiación mental.
Hilario, que había utilizado el psicoscopio en primer lugar, agregó, con el tono de admiración de una criatura sorprendida:
  • Pero, ¿y la luz? La materia que conocemos en el mundo se transfiguró. ¡Todo aquí se convirtió en una nueva claridad! ¡El espectáculo es magnífico!...
  • No es extraño –dijo el asistente con bondad– ¿no sabe usted que el hombre es un generador de fuerza electromagnética, con una oscilación por segundo que es registrada por el corazón? ¿Ignora, acaso, que todas las sustancias vivas de la Tierra emiten energías encuadradas en la gama de las radiaciones ultravioleta?
Volviendo a nuestros compañeros, tenemos en ellos almas regularmente evolucionadas y condiciones vibratorias apreciables por su sincera devoción al bien y el olvido de sus propios deseos. Pueden, de tal modo, proyectar rayos mentales en vías de sublimarse, asimilando corrientes superiores y enriqueciendo los rayos vitales que generan al igual que lo hace una dinamo.
  • ¿Rayos vitales? –preguntó mi colega deseoso de una aclaración.
  • Sí; para mayor claridad de la definición llamémosles rayos ectoplásmicos, uniendo así nuestra designación a la nomenclatura de los espiritistas modernos.
Esos rayos son peculiares a todos los seres vivos. Con ellos la oruga realiza sus complicadas demostraciones de metamorfosis, y es también en base a ellos que se efectúan todos los fenómenos de materialización mediúmnica, por cuanto los sensitivos encarnados por quienes se procesan aportan y liberan esas energías con más facilidad. Todas las criaturas, pues, les conservan en sí mismas, emitiéndoles en una frecuencia que varía en cada una, según las tareas que el plan de la vida les ha asignado.
Y optimista, agregó:
  • El estudio de la mediumnidad se afirma sobre las bases de la mente y su prodigioso campo de radiaciones. La ciencia de los rayos potenciará, en breve, una gran renovación en los diversos sectores culturales del mundo. Aguardemos el porvenir.
En seguida, Áulus nos invitó a realizar una inspección más directa, a la que correspondimos con interés.

...continuará.
En los dominios de la Mediumnidad 
 Francisco Cándido Xavier 
(dictado por el Espíritu de Adré Luiz)

 
** Es un aparato al que intuitivamente se refirió un ilustre estudioso de la fenomenología espírita a fines del siglo pasado. Se lo destina a la observación del alma y puede definir las vibraciones de ésta, a la vez que para realizar estudios acerca de la materia –aclaró Áulus con una leve sonrisa. Esperemos que esté en el futuro entre los humanos. Funciona con electricidad y magnetismo, utilizando elementos radiantes análogos en su esencia a los rayos gamma. Está constituido por lentes de aumento con posibilidades para la microfotografía.


Conocer los mecanismos espirituales que trabajan a nuestro lado cuando realizamos una sesion mediumnica nos ayuda a ser mas responsables y concsientes de la necesidad de nuestra preparación, de la formacion de mediumns equilibrados y estudiosos de sus estados interiores, para poder garantizar la perfecta realizacion del acto mediumnico.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL