sábado, 22 de junio de 2013

El Espiritismo frente al problema social

Las convulsiones políticas y sociales del momento histórico en que vivimos nos obligan a apartar nuestra atención de los problemas de índole psicológicas para fijarla en los de índole económico y social, que ocupan también una de las fases de nuestros estudios y exigen ser tratados a la luz del Espiritismo.

Vivimos en una hora de inquietud social, de incertidumbre política, de crisis económica, en que las naciones parecen haber perdido el control de sus actos, en que nadie se entiende o aparenta no entenderse, en que las ambiciones de mando y de poderío han roto el freno de las viejas democracias para tomar, por el imperio de la revolución, las riendas del mundo, en que la defensa del actual régimen social se muestra a cara descubierta empuñando el fusil de la dictadura, y decimos con la cara descubierta porque, de hecho, ha existido siempre, aunque disfrazadas con el antifaz de una falsa democracia. A esta dictadura de los de arriba responde la dictadura de los de abajo, y en torno de estos dos extremos giran y se chocan las tendencias en aparente confusión.
Estas convulsiones que se notan en todos los órdenes de la vida social, en el mundo entero, no son más que los síntomas del nuevo parto de la historia: los estertores de una sociedad que agoniza y los anuncios de una nueva sociedad que nace. Ante lo que se va y que viene, demás está decir que los espiritistas no inclinamos decididamente por lo último. Somos evolucionistas, amamos la justicia, defendemos la verdad y trabajamos anhelosos por el bien, tanto individual como social: deseamos una sociedad mejor y bregamos por su pronto advenimiento.
Carecería, por lo tanto, de exacto conocimiento del Espiritismo quien creyese que éste tiene por única misión ocuparse de las cosas del espíritu, de los problemas del alma, haciendo de él una ciencia puramente experimental para lograr establecer la certeza de nuestra inmortalidad y buscar la felicidad para después de esta vida. Si éste es, ciertamente, su objeto primordial, por cuanto constituye la base sobre la que descansa toda su estructura ideológica, no se circunscribe, ni podía circunscribirse a esto solo, sin dejar de cumplir su función profundamente revolucionaria en todos los órdenes de la vida, tanto individual como social.

El Espiritismo tiene miras más amplias, horizontes más dilatados: es, aparte de una ciencia experimental y filosófica, una ideología social, que persigue una finalidad superior en este mundo donde, a la par que los ideales más generosos, pero sin base sólida, se encuentran las tendencias más conservadoras y egoístas, los odios más perversos, las miserias morales más grandes, las ambiciones más mezquinas y repudiables.


Es Espiritismo no considera a sus adeptos desvinculados de la sociedad, ni los concibe felices y satisfechos contemplando el dolor y la miseria de los desheredados frente al placer desenfrenado y la riqueza deslumbrante de los detentadores. Para él, el hombre es un ser social y, por lo tanto, le enseña a ser solidario con la sociedad en todo cuanto, tienda a su mejoramiento, a la mayor justicia y bienestar de todos y de cada uno.
Aunque explica la razón de ser de muchos males individuales y sociales, fundándose en la ley de causalidad espirita -lo que no significa justificarlos- no considera a la sociedad en estado estático, sino dinámico, es decir, evolucionando continuamente hacia una finalidad superior que se realiza con el tiempo y en proporción a los esfuerzos que en tal sentido se hacen.
La doctrina espiritista –que por ignorancia muchos consideran conservadora y otros, por interés, la aceptan como sostén de todos los latrocinios e iniquidades sociales- es tan profundamente revolucionaria, y, al mismo tiempo constructivo, que nada queda a su paso de injusto, de malo e inmoral, que no lo destruya, y nada destruye que no sea capaz de suplirlo con edificaciones más buenas, más sólidas y mejor cimentadas. Desde este punto de vista, encaramos los espiritistas los problemas sociales.
Tenemos una finalidad social que no difiere de los ideales más avanzados sino por el concepto espiritual, indefinidamente progresivo, que tenemos del ser humano.
Repudiamos el régimen de explotación y de enojosos privilegios en que vivimos, la moral hipócrita e interesada que de él se desprende, la justicia unilateral y ajustada a las prerrogativas económicas, el latrocinio de los gobernantes y la actitud de los gobiernos que, amparados en leyes constitucionales injustas y anacrónicas – cuando no en las fuerzas arbitrarias a estas mismas leyes – se creen amos de los pueblos, cuando sólo deberían ser sus servidores y que, no pretexto de administrar los intereses generales de las naciones, aseguran el monopolio y la riqueza desmedida de unos, a costa de trabajos y la miseria de los otros; repudiamos también la falsa educación que se ajusta a los convencionalismos
sociales y a las leyes que los defienden, y a estas mismas leyes, que hacen del crimen legal una virtud patriótica, y de la verdadera virtud un delito punible, que ampara, en fin, el asesinato, el robo y las inmoralidades más grandes y luego, como una misión, castigan despiadadamente delitos menores, que derivan de la misma injusticia e inmoralidad que la ley ampara. No nos avenimos con la política de rapiña internacional, que hace que los países más fuertes se posesionen de los más débiles o ejerzan hegemonía sobre ellos, ni con las guerras fratricidas, que no tienen otra finalidad por parte de los que las hacen, que la de asegurar el imperio capitalista de unas naciones sobre otras, de satisfacer ambiciones económicas o cuando no, afianzar el régimen de la explotación humana impidiendo que otros, más en concordancia con la justicia y el derecho natural, se abran paso.En fin, el espiritista – por lo menos el que lo es de verdad – no puede menos que repudiar todo esto y lo mucho más malo que existe en este mundo, por ignorancia o maldad de los hombres. Y, al repudiarlo, aspira, naturalmente, a un régimen de libertad, de igual economía y de verdadera fraternidad, donde la justicia no sea un mito, donde el derecho natural no se posponga al derecho del más fuerte y del más pillo, donde el bienestar sea común, donde la paz del mundo sea una verdad, donde la democracia no sea un truco, donde la caridad no sea una insultante limosna, ni el amor una veleidad, ni la solidaridad una especulación.

Pero, ¿será posible que en este mundo destinado, según creencia general, al dolor y a la expiación, en este infierno de pruebas, en este presidio de almas condenadas al suplicio, pueda realizarse progreso tal? ¿Cabrán en él tantas cosas buenas? ¿No se oponen al deseo de conquistarlas las enseñanzas del Espiritismo? 

Yo creo que todo esto es asequible(*) a la evolución de la sociedad humana, que puede llegar a realizarse, y que tal realización, en tiempo más o menos cercana, depende de los esfuerzos que los hombres de buenos sentimientos y más capacitados y decididos en la obra de la transformación social hagan para conseguirlo, y que, lejos de ser contrario a las enseñanzas del Espiritismo, es la esencia misma de su doctrina. Pero, aun cuando no fuese realizable, siempre será una noble aspiración, una función elevada de nuestra vida, el propender a ellos y, al hacerlo podremos estar seguros de no haber equivocado nuestro camino.
Para demostrar que lo que venimos sosteniendo no es una simple opinión personal concebida al margen de la doctrina espírita, voy a exponer lo más sencillamente posible, algunos conceptos sociológicos extractados de las obras de Allan Kardec, porque la enseñanza expuesto en ellas no lleva el sello de una sola personalidad, sino que es el contenido filosófico de muchas opiniones que, aunque no sean posibles, reflejan unánimemente la esencia de la doctrina y que también porque Kardec, el más humanitario de los maestros espiritistas, que hizo de los Evangelios su estandarte, de la caridad más grande virtud, y la actitud más noble de la humanidad, no puede ser sospechado por nadie de “anarquista peligroso”...
Tomaré, pues, del autor mencionado, solamente lo que se relaciona con el problema social, entresacándolo de las páginas de sus libros, en donde se encuentra mezclado con otras enseñanzas de orden moral.

Respondiendo Kardec (1) a la pregunta de si la desigualdad de condiciones sociales es una ley natural, dice: (*)
  • “— No, es obra del hombre y no de Dios”. (Item 806)
A la pregunta de si esta desigualdad desaparecerá algún día, contesta:
  • “— Sólo las leyes de Dios son eternas. ¿No ves cómo cada día se borra poco a poco? Semejante desigualdad desaparecerá con el predominio del orgullo y del egoísmo...”
“— ¿Qué debe pensarse de los que abusan de la superioridad de su posición social
para oprimir, en provecho suyo, al más débil?”
  • “— Merecen ser anatematizados – dice – ¡Infelices de ellos! serán oprimidos a su vez...” (Item 807)
“— ¿La desigualdad de riquezas no tiene por origen la desigualdad de facultades?”
  • “— Si, y no – responde –.¿Qué me dices de la astucia y del robo?” (Item 808)
Ante la afirmación de que la riqueza hereditaria no es fruto de malas pasiones, contesta:
  • “— ¿Qué sabes tú?, remóntate hasta su origen y verás si siempre es puro. ¿Sabes tú si en un principio no fue fruto de una expoliación o de una injusticia? Pero sin hablar del origen, que puede ser malo.¿crees tú que la codicia del bien, aun del mejor adquirido, los deseos secretos que se conciben de poseerlos cuanto antes, son sentimientos laudables?...” (ídem)
Respondiendo a si es posible la igualdad absoluta de riquezas, dice: 
  • “— No, no es posible. La diversidad de facultades y de caracteres se opone a ella”. (Item 811)
Entiéndase bien que Kardec se refiere aquí a la "igualdad absoluta"que hemos subrayado de intento para que no se confunda con la igualdad relativa o proporcional o mejor dicho, con la igualdad de deberes para producir la riqueza en proporción a las fuerzas y actitudes de cada uno y a la igualdad de derechos para satisfacer las necesidades y gozar de las riquezas en la misma proporción, que es lo que, en Sociología, se entiende por igualdad económica y social, lo que las tendencias socialistas persiguen, lo que el Espiritismo sustenta en sus principios y lo que los espiritistas proclamamos como finalidad social y perseguimos nuestra moral superior y con la crítica sana, fecunda, de la actual sociedad.
La palabra “riqueza” tiene aquí un significado también muy relativo, si se analiza a la luz meridiana de la siguiente sentencia de Kardec:
  • “Sólo es legítima la propiedad que ha sido adquirida sin perjuicio de otros”. (Item 884)
Y de esta otra no menos luminosa:
  • “Prohibiendo la ley de amor y justicia que hagamos a otros lo que no quisiéramos que se hiciera con nosotros, condena por lo mismo, todo medio de adquirir que fuese contrario a esa ley”.
Desde este punto de vista, no hay riqueza propiamente dicha bien adquirida, y lo único que, en tal sentido, puede considerarse legítimo, es el relativo bienestar que cada uno pueda labrarse con el esfuerzo propio y sin perjuicio de los demás que, de ningún modo constituye una riqueza. Si la igualdad (absoluta) de riquezas no es posible ¿sucede lo mismo con el bienestar?
  • “— No – responde Kardec –; pero el bienestar es relativo, y cada cual podría disfrutar de él si los entendiéseis...” (Item 812)
Y luego agrega:
  • “Los hombres se entenderán cuando practiquen la ley de justicia”. 
Veamos ahora cómo Kardec – por cuyo intermedio se expresan sus colaboradores espirituales – entiende este relativo bienestar del hombre, considerado éste como miembro de la sociedad:
  • “...porque el verdadero bienestar – dice – consiste en el empleo del tiempo a gusto de cada uno, y no en trabajos que no son de su agrado y como cada cual tiene aptitudes diferentes, ningún trabajo útil se quedaría por hacer. Todo está equilibrado, y el hombre es quien quiere desequilibrarse”.
En este último párrafo está expuesto con toda claridad y perfectamente de acuerdo con las más avanzadas tendencias socialista (*) el concepto ideológico de la distribución del trabajo, según las aptitudes de cada uno y sin imposición de tiempo, concepto que hemos expuesto más de una vez en la prensa espiritualista y que constituye uno de os principios fundamentales de la justicia social, agregado a la obligación el trabajo “útil”, material o intelectual, impuesto por la necesidad de vivir y por la misma ley de asociación a todos los hombres por igual, según sus fuerzas y sus aptitudes; concepto que desprende de infinidad de pasajes de las obras citadas, concordes en todo con la esencia de la doctrina.
Agreguemos todavía a lo expuesto algunas ideas complementarias que se refieren a la justicia social y al derecho natural:
  • “La justicia –dice- consiste en el respeto de los derechos de cada uno”. (Item 875)
  • “De tal modo es natural que os sublevéis a la idea de una injusticia”. (Item 873)
  • “Los derechos naturales son los mismos para todos los hombres, desde el más pequeño hasta el más grande”. (Item 878)
Entiéndase bien que Kardec se refiere a los derechos naturales, cuya igualdad reconoce, y no a los concedidos por la ley civil, la cual, según sus propias palabras.

(*) Para comprender adecuadamente las referencias que Porteiro hace con frecuencia a los ideales socialistas recomendamos al lector el estudio del libro El Pensamiento Vivo de Porteiro del Lic. Jon Aizpúrua, donde se aclara debidamente el contexto histórico y social en que Porteiro vivió y escribió, así como su identificación con una propuesta socialista de naturaleza democrática, humanista y espiritualista, a diferencia de las tendencias socialistas de corte materialista y dictatorial.
(Nota de los Editores)
  • “ha creado derechos y deberes imaginarios (nosotros diríamos inicuos) que la ley natural condena”. (Item 795)
En otro pasaje, dice:
  • “— El hombre precisado de pedir limosna, se degrada moral y físicamente, se embrutece. En una sociedad basada en la ley de Dios y en la justicia, debe proveerse al débil sin humillarle. Debe asegurarse la existencia de los que no pueden trabajar, sin dejar su vida a merced de la casualidad y de la buena voluntad”. (Item 888)
Y completa este pensamiento, con este otro no menos revolucionario en el orden de las ideas sociológicas y que, refiriéndose a la civilización, dice que únicamente puede existir pueblo más civilizado.
  • “Donde las leyes no consagren ningún privilegio, y sean las mismas, así para el último como para el primero, donde se distribuya la justicia con menos parcialidad; donde el débil encuentre siempre apoyo contra el fuerte; donde mejor se respete la vida, creencias y opiniones del hombre; donde menos infelicidad haya y donde, en fin, todo hombre de buena voluntad está siempre seguro de no carecer de lo necesario”. (Item 793)
  • “Las leyes humanas – dice en otros pasajes – son más estables a medida que a aproximan a la verdadera justicia, es decir, a medida que son hechas en provecho de todos y que identifican con la ley natural...” (Item 795)
  • “Por desgracia, esas leyes (se refiere a las que aún existen) se dirigen más a castigar el mal hecho que a cegar la fuente del mismo mal”. (Item 796)
Para terminar esta exposición de conceptos sociológicos extractados de las obras fundamentales del Espiritismo, y no cansar más la atención del lector, me contentaré con citar los párrafos que van a continuación, que sirven de corolario a lo ya expuesto, y cuyos conceptos son, para el caso que nos ocupa, de un valor inestimable:
  • “Si suponemos – dice- una sociedad de hombres bastante desinteresados y bondadosos para vivir fraternalmente, entre ellos no habrá privilegios ni derechos excepcionales, pues de otro modo no existiría verdadera fraternidad. Tratar a un semejante de hermano, es tratarle de igual a igual; es desearle cuanto uno desea para sí, y en un pueblo de hermanos, la igualdad será la consecuencia de un modo de obrar en relación natural de sus sentimientos y se establecerá por la fuerza de las circunstancias.
Pero aquí – continúa el Maestro – nos encontramos con el orgullo que siempre quiere dominar y ser el primero en las cosas y que sólo se alimenta de privilegios y de excepciones...” (Obras Póstumas, Libertad, Igualdad y Fraternidad)
  • “¿Es posible la destrucción del orgullo y del egoísmo? Nosotros decimos redondamente que si, porque de lo contrario seria preciso señalar un término a la humanidad...” (Idem)
  • “La aspiración del hombre hacia un orden de cosas mejor que el actual es un indicio cierto de la posibilidad de llegar a él. A los hombres amantes del progreso toca, pues, activar este movimiento por el estudio y la práctica de los medios que se crean más eficaces”. (Idem)
Manuel S. Porteiro
Concepto Espírita de la Sociología

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

miércoles, 19 de junio de 2013

Raíces de los vicios

Compartamiento Espírita

Jaci Regis

Al abordar el problema de los vicios, no podemos caer en lugares comunes de condenación, pero necesitamos tratar de entender porqué el espíritu se vicia.

El término vicio es muy amplio. Naturalmente hay un concepto, un criterio social del vicio que se caracteriza por la expresión exterior de actitudes y comportamientos que presentan signos de degeneración del individuo en sí mismo y como parte de un grupo.
La cuestión es, desde el punto de vista espírita, aún más extensa. Según El Libro de los Espíritus, de entre los vicios el más radical es el agoísmo. El asunto es tratado en los ítems 913 y siguientes de esa obra.

Hasta ahora los problemas de los vicios más evidentes, como el alcoholismo, el tabaquismo, uso de drogas, han sido tratados de manera superficial, considerando solo los efectos.
Otros vicios no menos funestos, tales como los que distorcionan la sexualidad aprisionando al individuo a actitudes mentales de intemperancia, descontroles e inhibiciones, reduciéndole el nivel vivencial, son catalogados como enfermedades de etiología desconocida.
En verdad, el egoísmo tiene relación con todas esas anormalidades; con esas expresiones de comportamiento, que denotan toda una filosofía de vida, toda una eztructura existencial.
Examinemos las posiciones de Allan Kardec y los Espíritus que colaboraron con él en la codificación: En la cuestión 913 de El Libro de los Espíritus encontramos indicaciones bastante definidas al respecto, como por ejemplo: "Estudiad cada uno de los vicios y veréis que en el fondo de todos hay egoísmo. Por más que los combatáis, no llegaréis a extirparlos mientras no atáqueis el mal en su raíz, destruyendo la causa.
Kardec en las cuestiones 914 y 915 considera al egoísmo en dos situaciones relacionadas con el espíritu: 1) El egoísmo se fundamenta en el sentimiento de interés personal y 2) el egoísmo es inherente a la especie humana. Por eso él pregunta sobre la posibilidad de que pueda ser extirpado del corazón del hombre y de que se constituya en un obstáculo para el reinado del bien absoluto en la Tierra.

Fundamentalmente los Espíritus que colaboraron en la Codificación, atribuyen a la educación el papel decisivo en la lucha contra el egoísmo. O sea, en el aprendizaje del hombre sobre las cosas espirituales y en la reforma de las institucione shumanas que mantienen y exitan el egoísmo.
En el desenvolvimiento de ese proceso "los espíritus se despojan del egoísmo, como de otras impurezas", lo que llevará a un nuevo órden social "impelidos por dos sentimientos mutuos de solidaridad.

Dicha posición dice bien de los objetivos del Espíritismo y muestra la relación del individuo-medio, como raíz de los vicios, porque el egoísmo es tanto un defecto, una impureza, individual como colectiva. Y enseña cómo desde la Codificación, la Doctrina comprendió esas relaciones e influencias recíprocas.
En el proceso educativo a que se refieren los Espíritus, el Espiritismo tendrá grande influencia, porque, según la comunicación de Fenelon (Item 917) "El Espiritismo bien entendido, cuando se haya identificado con las costumbres y creencias, transformará los hábitos, usos y relaciones sociales. El egoísmo se asienta sobre la importancia de la personalidad. Pero el Espiritismo adecuadamente comprendido, lo repito, hace que veamos las cosas desde tan alto que el sentimiento de la personalidad desaparece en cierto modo ante la inmensidad. Al destruir esa importancia de la personalidad, o al menos hacerla ver como lo que de verdad es, el Espiritismo combate necesariamente el egoísmo".
Finalmente, de la lúcida apreciacaión que Kardec hace, luego de la respuesta la pregunta 917, conviene resaltar: "El hombre anhela ser feliz y éste es un sentimiento natural. De ahí que trabaja sin pausa para mejorar su situación en el mundo; busca las causas de los males que le aquejan, para ponerles remedio. Cuando llegue a entender bien que el egoísmo es una de esas causas, la que engendra el orgullo, la ambición, la concupiscencia, la envidia, el odio y los celos, que lo perturban en todo momento, que altera las relaciones sociales, provoca disenciones, mina la confianza y le obliga a mantenerse continuamente a la defensiva para con su vecino, que por último hace del amigo un enemigo; cuando comprenda todo esto, repetimos, se dará cuenta tambien que el vicio del egoísmo es incompatible con su propia ventura e incluso con su propia seguridad"

De hecho, muchos podrán preguntar: ¿Qué relación tiene el egoísmo con el problema existencial del joven que se deja vencer por las drogas, con el alcohólico tirado en la cuneta y con el fumador que "traga" su cigarrillo? O ¿cómo establecer relaciones entre el egoísmo y el instinto sexual o el vicio del juego?
El egoísmo es llaga que corroe el espíritu y la sociedad. El mismo conduce al individuo a los trastornos emocionales, a las perturbaciones psíquicas, a la inseguridad existencial, que están en la base de los comportamientos viciosos. Es gracias al egoísmo social, disfrazado de organización política o económica, que se oprime al individuo, se marginaliza a las criaturas. Es en favor del concepto del poder y productividad, que se generan diversas formas de delincuencia y se produce el auto-flagelo físico y moral, en que muchos caen inapelablemente.
El egoísmo es el que comercializa la droga, la distribuye entre los niños y jóvenes; dora la píldora amarga del cigarrillo mediante la fantasía de la propaganda, forzando a la imitación a los mas débiles; torna elegante y parte integral de la alegría y el dolor el consumo de bebidas de alto tenor alcohólico; monta casinos, el juego de la quiniela o de cartas. Es también el mismo quien regenta la prostitución, divulga el frenesí de la pasión social, aboga por el libertinaje; en fin, el que busca cada debilidad, cada escondrijo, para institucionalizar el vicio, importándole poco que el espíritu se haga jirones y se destruya.
El egoísmo es tan astuto que creó el machismo, el vencedor, como sinónimo de dominador, aunque sea a costa de sus más caras energías. Avanzó sobre la mujer, atacándola y estimúlandola a creer que solamente por la adopción de ciertos vicios es que se llegaria a realizar socialmente.
No se piense que las anteriores consideraciones eximan al individuo de su responsabilidad, ya vimos que la interacción entre él y el medio es de tal orden que no se puede, a no ser que sea idealmente, hacer entre ambos una separación, una división definida. Por ello, cualquier modificación sustancial de los vicios tiene que ser simultáneamente encarada en los campos personal y social. El egoísmo se exterioriza en actos de agresión a los demás, pero también de agresión a uno mísmo.
No sería inoportuno afirmar aquí que para dejar de ser egoísta es preciso aprender a amar. Y amar es darse.
Ahora bien, el egoísmo nos sugiere que cualquier donación significa una pérdida, porque supone que la seguridad, la felicidad, estan en retener, en poseer, en dominar. De aquí el tránsito del egoísmo para el altruísmo sea una actitud que dependa de una educación que abra al hombre las perspectivas amplias de la vida, imperecedera y dinámica.

El Espírita, en primer lugar, sabe que vivirá eternamente y que el vicio no se circunscribe sólo a los componentes del organismo físico, sino también a los del periespíritu y, más que ello, le alcanza la médula espiritual. Este hecho determina disfunciones psíquicas y físicas que se prolongan en la continuidad de la vida, repercutiendo en la constitución periespiritual y somántica en posterios encarnaciones, constituyendose en la causal de muchas de las deformaciones presentes en los seres terrenos; conoce dentro de la visión global que le da la doctrina, qué es, porqué y para qupe es; comprende que su cuerpo físico es un santuario, levantado por la Sabiduría Divina, para servirle de instrumento de crecimiento y que la vida es inflexible, devolviendo invariablemente, con respuestas certeras, las agresiones que sufre.
Claro está que ello por sí mismo no alcanza para eliminar el problema interior pero el sujeto entiende que ya no tiene sentido o significado canalizar sus frsutraciones hacia comportamientos flageladores y auto-aniquilantes, porque la realidad es persistente, permanente, confortable o desconfortable, conforme a la actitud tomada y vivida.

Entonces, desencantos, desiluciones, angustias, miedo, inseguridad y otros elementos que generalmente estan ligados a los comportamientos viciosos, son canalizados para la producción del bien, o sea, que el espírita sabe que la proyección sobre los demás, la donación, el compartir sentimientos, constituyen remedios eficaces para los descarríos. De otro modo, los únicos caminos útiles, porque son los que producen respuestas compensatorias. Entonces el aprendizaje de "sevir" no es más un ejercicio de virtud en el sentido salvacionista, sino una terapia, capaz de devolver el equilibrio perdido y, desde el punto de vista espírita, mostrar perspectivas realmente alentadoras, sustentadoras del esfuerzo de superación de uno mismo.



Es también posible señalar que, a la luz de la filosofía espiritista, la vida se ve valorizada por la creación y participación en el bien, o sea, por la superación del egoísmo, causa profunda de todos los estados depresivos, viciosos y dolientes del alma.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL
 

Un poco de humor para reflexionar


...y asi seguimos equivocando nuestras búsquedas!!..jajj!!

martes, 18 de junio de 2013

La voluntad

El problema del Ser y del destino

León Denis

LAS POTENCIAS DEL ALMA


Hay en toda alma humana dos centros o, mejor, dos esferas de acción y expresión. Una de ellas, circunscrita a la otra, manifiesta la personalidad, el "yo", con sus pasiones, sus debilidades, su morbilidad, su insuficiencia.

Mientras ella sea la reguladora de nuestro proceder, tendremos la vida inferior sembrada de pruebas y males. La otra, interna, profunda, inmutable, es, al mismo tiempo, la sede de la conciencia, la fuente de la vida espiritual el templo de Dios en nosotros. Y solo cuando este centro de acción domina al otro, cuando sus impulsos nos dirigen, es que se revelan nuestras potencias ocultas y que el Espíritu se afirma en su brillo y belleza. Es por él que estamos en comunión con "el Padre que habita en nosotros", según las palabras de Cristo, con el Padre que es el foco de todo el amor, el principio de todas las acciones.
Por uno, nos perpetuamos en mundos materiales, donde todo es inferioridad, incertidumbre y dolor; por el otro, tenemos entrada en los mundos celestes, donde todo es paz, serenidad, grandeza. Es solo por la manifestación creciente del Espíritu divino en nosotros que llegamos a vencer al "yo" egoísta, a asociarnos plenamente a la obra universal y eterna, a crear una vida feliz y perfecta.
¿Por que medio pondremos en movimiento las potencias internas y las orientaremos hacia un ideal elevado? Por la voluntad. El uso persistente, tenaz, de esta facultad soberana nos permitirá modificar nuestra naturaleza, vencer todos los obstáculos, dominar a la materia, a la enfermedad y a la muerte.
Es por la voluntad que dirigimos nuestros pensamientos hacia un fin determinado. En la mayor parte de los hombres los pensamientos fluctúan sin cesar. Su morbilidad constante y su variedad infinita pequeño acceso ofrecen a las influencias superiores. Es preciso saber concentrarse, poner el pensamiento acorde con el pensamiento divino. Entonces el alma humana es fecundada por el Espíritu divino, que la envuelve y penetra, tornándola apta para realizar nobles tareas, preparándola para la vida del Espacio, cuyos esplendores ella, débilmente, comienza a entrever desde este mundo. Los Espíritus elevados ven y oyen sus pensamientos unos de otros, con los cuales son armonías penetrantes, mientras que los nuestros son, la mayoría de las veces, solo discordancias y confusión. Aprendamos, pues, a servirnos de nuestra voluntad y por ella, a unir nuestros pensamientos a todo lo que es grande, a la armonía universal, cuyas vibraciones llenan el espacio y encantan a los mundos.
La voluntad es la mayor de todas las potencias; es, en su acción, comparable al imán. La voluntad de vivir, de desarrollar en nosotros la vida, atraernos nuevos recursos vitales; tal es el secreto de la ley de evolución. La voluntad puede actuar con intensidad sobre el cuerpo fluídico, activarle las vibraciones y de esta manera, adaptarlo para un estado cada vez más elevado de sensaciones, prepararlo para un mayor grado de existencia.
El principio de evolución no está en la materia, está en la voluntad, cuya acción tanto se extiende al orden invisible de las cosas como al orden visible y material. Esta es simplemente la consecuencia de aquella. El principio superior, el motor de la existencia, es la voluntad. La Voluntad Divina es el supremo motor de la Vida Universal.
Lo que importa, antes que nada, es comprender que podemos realizar todo en el dominio psíquico; ninguna fuerza queda estéril, cuando se ejerce de manera constante, con vistas a alcanzar un designio conforme al Derecho y a la Justicia.
...
Con la preservación se da lo mismo que con la acción. La voluntad, la confianza y el optimismo son otras tantas fuerzas preservadoras, otros tantos baluartes nuestros opuestos a toda causa de desasosiego, de perturbación, interna y externa. Bastan, a veces, por si solos, para desviar el mal; mientras que el desanimo, el miedo y el mal humor nos desarman y entregan a él sin defensa. El simple hecho de mirar de frente a lo que llamamos el mal, el peligro, el dolor, la resolución con que los enfrentamos, y los vencemos, le disminuyen la importancia y el efecto.
...
Si el hombre conociese la extensión de los recursos que en él germinan, tal vez quedase deslumbrado y en vez de juzgarse débil y temer al futuro, comprendería su fuerza, sentiría que él mismo puede crear ese futuro. Cada alma es un foco de vibraciones que la voluntad pone en movimiento. Una sociedad es una agrupación de voluntades que, cuando están unidas, concentradas en un mismo fin, constituyen el centro de fuerzas irresistibles.
Las humanidades son focos más poderosos que todavía vibran a través de la inmensidad.
...
¡Querer es poder! El poder de la voluntad es ilimitado. El hombre, consciente de sí mismo, de sus recursos latentes, siente crecer sus fuerzas en la razón de sus esfuerzos. Sabe que todo lo que de bien y de bueno desee, tarde o temprano, se realizará inevitablemente, o en la actualidad o en la serie de sus existencias, cuando su pensamiento se ponga de acuerdo con la ley Divina. Y es en eso que se verifica la palabra celeste: "La Fe mueve montañas."
No es consolador y bello poder decir: Soy una inteligencia y una voluntad libre; me hice a mí mismo, inconscientemente, a través de las edades; edifiqué lentamente mi individualidad y libertad y ahora conozco la grandeza y la fuerza que hay en mí. He de ampararme en ellas; no dejaré que una simple duda las empañe por un instante siquiera y haciendo uso de ellas con el auxilio de Dios y de mis hermanos del Espacio, me elevaré por encima de todas las dificultades; venceré el mal en mí; me despegaré de todo lo que me encadena a las cosas groseras para levantar vuelo hacia los mundos felices.
Veo claramente el camino que se extiende y que tengo que recorrer. Este camino atraviesa una extensión ilimitada y no tiene fin; para guiarme en el Camino Infinito, tengo un guía seguro - la comprensión de las leyes de la vida, progreso y amor que rigen todas las cosas; - aprendí a conocerme, a creer en mi y en Dios. Poseo la llave de toda elevación y en la vida inmensa que tengo ante mí, me conservaré firme, constante en la voluntad de enoblecerme y elevarme, cada vez más; atraeré, con el auxilio de mi inteligencia, que es hija de Dios, todas las riquezas morales y participaré de todas las maravillas del Cosmos. Mi voluntad me llama: "Hacia el frente, siempre hacia el frente, cada vez más conocimiento, más vida, vida divina " Y con ella conquistaré la plenitud de la existencia, construiré para mí una personalidad mejor, más radiosa y amante. Salí para siempre del estado inferior del ser ignorante, inconsciente de su valor y poder; me afirmo en la independencia y la dignidad de mi conciencia y extiendo la mano a todos mis hermanos, diciéndoles: Despertad de vuestro pesado sueño; rasgad el velo material que os envuelve, aprended a conoceros, a conocer las potencias de vuestra alma y a utilizarlas. Todas las voces de la Naturaleza, todas las voces del Espacio os gritan: " Levantaos y marchad. Apresuraos para la conquista de vuestros destinos"
A todos vosotros que os dobláis al peso de la vida, que, juzgandoos solos y débiles, os entregáis a la tristeza, a la desesperación o que aspiráis a la nada, vengo a deciros: "La nada no existe; la muerte es un nuevo nacimiento, un encaminarse para nuevas tareas, nuevos trabajos, nuevas cosechas; la vida es una comunión universal y eterna que une a Dios a todos sus hijos"
A todos vosotros, que os creéis abatidos por los sufrimientos y decepciones, pobres seres afligidos, corazones que el viento áspero de las pruebas secó; Espíritus quebrados, dilacerados por la rueda de hierro de la adversidad, vengo a deciros: "No hay alma que no pueda renacer, haciendo brotar nuevos florecimientos. Os basta querer para sentir el despertar en vosotros de fuerzas desconocidas. Creed en vosotros, en vuestro rejuvenecimiento en nuevas vidas; creed en vuestros destinos inmortales. Creed en Dios, Sol de Soles, foco inmenso, del cual brilla en vosotros una centella, que se puede convertir en llama ardiente y generosa.

"Sabed que todo hombre puede ser bueno y feliz; para serlo basta que lo quiera con energía y constancia. La concepción mental del ser, elaborada en la oscuridad de las existencias dolorosas, preparada por la demorada evolución de las edades, se expandirá a la luz de las vidas superiores y todos conquistarán la magnífica individualidad que les está reservada.

"Dirigid incesantemente vuestro pensamiento hacia esta verdad: - que podéis venir a ser lo que quisiereis. Y sabed querer ser cada vez mayores y mejores. Tal es la noción del progreso eterno y el medio de realizarlo; tal es el secreto de la fuerza mental, de la cual emanan todas las fuerzas magnéticas y físicas. Cuando hubiereis conquistado este dominio sobre vosotros mismos, no tendréis más que temer los retrasos ni las caídas, ni las enfermedades, ni la muerte; habréis hecho de vuestro "yo" inferior y frágil una elevada y poderosa individualidad"

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL