jueves, 2 de mayo de 2013

La vanidad

LA OTRA MIRADA

Alicia Ristorto - Raúl Drubich

Capirtulo VII

"Me llevaba a sentirme casi un Dios"


Como tendencia significa aferrarse a situaciones, cosas, sentimientos o pensamientos carentes de valor, inútles e innecesarias para nuestra evolución consciente.
En los albores de la civilización, esta tendencia se desarrolló acompañada con el orgullo, pues ambas fueron estimulos naturales para volver a hacer aquellas cosas que eran útiles o habian salido bien (conseguir vivienda, cazar un animal, curtir una piel) es decir, ayudaban a la subsistencia material.
Con el correr del tiempo, aún en condicones de vida no tan acuciantes, continuaron siendo estímulos para estudiar, conseguir un progreso material, superarse en determinados aspectos. Pero, cuando ambas tendencias van creciendo hasta llegar a la sobre-valoración de la personalidad en desmedro de la ajena, estas se convierten en un lastre evolutivo, como lo demuestra el caso expuesto a continuación:

Espíritu que en su última encarnación se desempeñó como médico hace aproximadamente 25 años. Su característica es el orgullo y la vanidad, consideraba que el saber lo enaltecía ante los demás y llegaba a sentirse casi como un Dios. Estamos frente a un espíritu obsesionado por su propio éxito.

VIDENCIA: El espíritu convocado tiene una visión vana del mundo y de los seres, acompañada de un sentimiento materialista y rebelde.

DIRECTOR: ¿Puedes contarnos sobre tu última existencia de vida?
  • ESPIRITU: En mi última existencia, mi profesión fue la medicina, y creo que el mayor de mis orgullos, como encarnado, fue dedicarme a full a ella. Esto me llevo a descuidar otros valores y a seres que intentaban acompañarme. Hoy veo que defraudé en demasía a mis padres, esposa y mis hijos. Dediqué gran parte de mi tiempo a profundizar mis conocimientos en la materia y a atender a pacientes que me acosaban debido a que era una de las pocas personas que en mi profesión y en el lugar donde vivía podia solucionar problemas graves de salud. Como verán, esta actitud me ha dejado solo, sin los afectos de los seres que intentaban acercarse. Yo, con mi orgullo y vanidad logré alejarlos, y cuando intenté recuperarlos ya era tarde.

VIDENCIA: Se observa al espíritu con rostro de hombre, afable; y un lugar como si fuera un estudio donde hay muchos titulos, de los cuales, se destaca el de médico (última existencia). Este espíritu tiene luminosidad de colores anaranjado (orgullo) y amarillo (vanidad).

DIR.: Pareciera una contradicción que el orgullo y la vanidad afecten a una persona que se dedica a curar a los demás. ¿O era una satisfacción personal que te daba poder?
  • ESP.: Yo no fui moderado y equilibrado, y ahora que lo dices, creo que es así. Ese orgullo de saber y poder solucionar el problema me enaltecía ante los demás y me llevaba a sentirme casi un Dios.

DIR: Podemos decir que el hombre puede desvirtuar las cosas que hace, aunque las haga bien.
  • ESP.: Es que se pierde la esencia del por qué uno eligió ese camino. Yo no supe mirar hacia atrás y darme cuenta que el objetivo por el cual elejí esta profesión, con el correr del tiempo, ya no era el mismo.

DIR.: Ese orgullo que te hace sentir el goce y disfrutar, va generando un campo que te alejan de las cosas importantes que te rodean ¿Es así?
  • ESP.: Es exactamente así. Se pierde el contacto con los afectos y se enfrian los sentimientos, le agregaría a tu descripción.

DIR.: ¿Qué esperaban tus padres de tí?
  • ESP.: Ellos esperaban que yo me vuelque a realizar una acción social y que les brindara este conocimiento a los que no podian por razones materiales. Esperaban que forme una familia y que la misma tenga el afecto que ellos me brindaron en la mía. Esperaban que me de cuenta que estaba equivocado en el camino elejido y lamentablemente terminaron su vida esperándome.

DIR.: Y tu esposa e hijos ¿qué esperaban de ti y no tuvieron?
  • ESP.: Ellos esperaron lo mismo que mis padres. Además trataron de mil maneras distintas de hacerme reaccionar y de sacarme de esa burbuja que me rodeaba y que me acompañó gran parte de mi vida.

DIR.: ¿Podrias darnos una noción en que tiempo viviste y en qué lugar, para analizar las condiciones culturales de lo que cuentas?
  • ESP.: Viví en un pequeño pueblo de Italia y desencarné hace exactamente 25 años.

DIR.: ¿Conocias la existencia del alma?
  • ESP.: Teníamos en mi pueblo una variedad de dogmas y religiones que muchos de mis pacientes compartian en sus visitas a mi consultorio. No puedo decir que lo desconocia, peri puedo decirte que no lo compartía o asimilaba como algo posible.

DIR.: Y cuando desencarnaste ¿Cómo te encontraste, cómo te ubicaste en el mundo espiritual?
  • ESP.: A este mundo ingrese hace 15 años, ya que no me di cuenta de que habia fallecido y vagué en la Tierra durante 10 años.

DIR.: ¿Cómo descubriste esta nueva realidad al ingresar al mundo espiritual?
  • ESP.: Despúes de mucho insistir y de hacer mi vida normal a la que estaba aconstumbrado, comencé a darme cuenta de mis pacientes no hacián lo que les pedía, que se acercaban a mi seres que no parecian de mi pueblo. Eran raros. Yo los traté igual y los medicaba, pero se reían de mi y se burlaban. 
  • Comencé a asistir a templos y a tratar de contactar con mi familia que ma había abandonado. Un día en el que me encontraba muy confundido, le pedí a Dios que me de lucidez para comprender que sucedía. Vi a un hermoso ser acercarse. Era mi madre. Me tomó de la mano y me pidió que la acompañe. Luego desperte aquí en este mundo rodeado de seres que con calor me ayudaron y explicaron lo sucedido.

DIR.: Es hermoso, desde este plano, ver como las leyes de Dios se abren a nuestro pedido.
Referente al ejercicio de la profesión vemos cómo un trabajo noble, puede ser desmerecido por nuestro accionar cuando estamos en falta. ¿Puedes decirme si estás con todos tus familiares?
  • ESP.: Algunos están encarnados, el resto esta junto a mí. Les he pedido perdón. Todos han perdonado. Mi protector me indica que lo que flata para completar este trabajo, es ayudar a muchos seres que hoy están como yo he estado en la Tierra, para que puedan darse cuenta de su error. De esta manera, podré comenzar desde aquí con un trabajo que ayuda al prójimo, que luego continuaré de encarnado en la Tierra. Este es mi objetivo actual: mirar mi pasado y en base a esto, tratar de proyectar un futuro mediato e inmediato.


Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL


Percepciones, sensaciones y sufrimientos de los Espíritus

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo VI: VIDA ESPIRITISTA


III.- Percepciones, sensaciones y sufrimientos de los Espíritus
 
237. Una vez en el Mundo de los Espíritus ¿tiene todavía el alma las percepciones que poseía cuando se hallaba encarnada?
  • Sí, además de otras que no tenía entonces, porque su cuerpo era como un velo que las oscurecía. La inteligencia es un atributo del Espíritu, pero que se manifiesta con más libertad cuando éste no tiene trabas.
238. Las percepciones y conocimientos de los Espíritus ¿son indefinidos? En pocas palabras, ¿saben ellos todas las cosas?
  • Cuanto más se acercan a la perfección, tanto más saben. Si son superiores, saben mucho. En cambio, los Espíritus inferiores son más o menos ignorantes acerca de todo.
239. ¿Conocen los Espíritus el principio de las cosas?
  • Depende de su elevación y pureza. Los Espíritus inferiores no saben de ello más que los hombres.
240. ¿Tienen los Espíritus la misma noción del tiempo que nosotros?
  • No, y a esto se debe que no siempre nos comprendáis cuando se trata de establecer fechas o épocas.
Los Espíritus viven fuera del tiempo, tal como entendemos nosotros a éste. Para ellos el transcurso del tiempo se anula, si así vale decirlo, y los siglos, que tan largos nos resultan a nosotros, para ellos constituyen sólo instantes que se diluyen en la eternidad, lo mismo que las desigualdades del suelo se borran y desaparecen para aquel que se eleve en el espacio.
 
241. ¿Poseen los Espíritus, acerca del presente, una idea más precisa y justa que la que nosotros tenemos?
  • Más o menos, como la persona que ve con claridad y se forma una idea más exacta de las cosas que el ciego. Los Espíritus ven lo que no veis. Juzgan, pues, de otro modo que vosotros; pero también aquí, ello depende de su grado de elevación.
242. ¿De qué manera tienen los Espíritus conocimientos del pasado? Y tal conocimiento ¿es ilimitado para ellos?
  • El pasado, cuando de él nos ocupamos, es un presente, igual que como tú te acuerdas de una cosa que te impresionó durante tu destierro terrestre. Sólo que como nosotros, los Espíritus, no tenemos ya el velo material que oscurece tu inteligencia, recordamos cosas que a ti se te han borrado. Pero los Espíritus no conocemos todo: nuestra creación, en primer lugar.
243. ¿Conocen los Espíritus el porvenir?
  • También esto depende de su grado de perfección. Con frecuencia sólo lo entrevén, pero no siempre se les permite revelarlo. Y cuando lo ven, les parece el presente. El Espíritu ve el porvenir con mayor claridad, conforme se va acercando a Dios. Después de la muerte, el alma ve y abarca de una mirada sus pasadas emigraciones, pero no puede ver lo que Dios le prepara. Para ello precisa que esté completamente integrada con Él, tras muchas existencias.
243 a. Los Espíritus llegados a la absoluta perfección ¿tienen un conocimiento completo del futuro?
  • Completo no es el término, por cuanto sólo Dios es el soberano Señor y nadie puede igualarlo.
244. Los Espíritus ¿ven a Dios?
  • Únicamente los Espíritus superiores lo ven y comprenden. Los inferiores, por su parte, sólo lo sienten y adivinan.
244 a. Cuando un Espíritu inferior afirma que Dios le prohíbe o le permite algo ¿cómo sabe que esto proviene de Él?
  • Ese Espíritu no ve a Dios, pero siente su soberanía, y cuando algo no debe hacerse o una palabra no se tiene que pronunciar, experimenta él una especie de intuición, una invisible advertencia que le veda hacerlo. Vosotros mismos ¿no tenéis acaso presenti-mientos que son para vosotros como advertencias secretas para que hagáis o dejéis de hacer tal o cual cosa? Lo propio nos ocurre a nosotros, los Espíritus, sólo que en un grado superior, pues comprenderán que, siendo la esencia de los Espíritus más sutil que la vuestra, podemos percibir mejor las advertencias divinas.
244 a. Esa orden ¿se la transmite Dios directamente, o por intermedio de otros Espíritus?
  • No les llega de Dios en forma directa. Para comunicarse con Él hay que ser digno de ello. Dios les notifica sus órdenes sirviéndose de los Espíritus que son más elevados en perfección e instrucción.
245. La vista, en los Espíritus, ¿está circunscripta, como en los seres corpóreos?
  • No: reside en ellos.
246. ¿Necesitan los Espíritus que haya luz para ver?
  • Ven por sí mismos y no precisan luz exterior. Para ellos no hay tinieblas, excepto aquellas en que puedan encontrarse por expiación.
247. ¿Tienen los Espíritus necesidad de trasladarse para ver en dos lugares distintos? ¿Pueden ver, por ejemplo, de manera simultánea en dos hemisferios del globo?
  • Como el Espíritu se traslada con la velocidad del pensamiento, se puede decir que ven en todas partes a la vez. Su pensamiento puede irradiar e ir al mismo tiempo a muchos puntos diferentes, pero esa facultad depende de su grado de pureza. Cuanto menos purificado esté, tanto menor será su vista. Sólo los Espíritus superiores son capaces de tener una visión de conjunto.
En los Espíritus, la facultad de ver es una propiedad inherente a su naturaleza que reside en todo su Ser, así como la luz está en todas las partes de un cuerpo luminoso. Es una especie de lucidez universal que se extiende a todo, abarcando a la par al espacio, el tiempo y las cosas, y para la cual no existen ni tinieblas ni obstáculos materiales. Se comprenderá que así debe ser, puesto que en el hombre la vista opera mediante el funcionamiento de un órgano impresionado por la luz; si no hay luz está aquél en la oscuridad. En cambio, en el Espíritu, la facultad de ver es un atributo de sí mismo, independientemente de todo agente externo, de ahí que su vista no esté supeditada a la luz. (Véase “Ubicuidad”, parágrafo 92.)
 
248. ¿Ve el Espíritu las cosas con tanta nitidez como nosotros?
  • Con mayor nitidez, por cuanto su vista penetra lo que no podéis vosotros penetrar. Nada la oscurece.
249. ¿Percibe el Espíritu los sonidos?
  • Sí, y capta además otros que vuestros sentidos limitados no pueden percibir.
249 a. La facultad de oír ¿reside en todo su Ser, como la de la vista?
  • Todas las percepciones son atributos del Espíritu y forman parte de su Ser. Cuando se halla revestido de un cuerpo material, aquéllas sólo le llegan por conducto de sus órganos, pero en estado de libertad las percepciones dejan de estar localizadas.
250. Siendo las percepciones atributos del Espíritu mismo ¿le es posible sustraerse a ellas?
  • El Espíritu sólo mira y escucha lo que quiere ver y oír. Decimos esto como una generalización y, sobre todo, en lo que concierne a los Espíritus elevados, pues los imperfectos oyen y ven a menudo, quieran o no, aquello que puede resultar útil para su perfeccionamiento.
...
253. ¿Experimentan los Espíritus nuestras necesidades y sufrimientos físicos?
  • Los conocen porque los han padecido, pero no los experimentan como vosotros, en lo material, puesto que son Espíritus.
254. Los Espíritus ¿sienten fatiga y necesidad de reposo?
  • No pueden cansarse del modo que lo entendéis vosotros y, en consecuencia, no tienen necesidad de vuestro reposo físico, desde que no poseen órganos cuyas energías deban ser recuperadas. Pero sí descansa el Espíritu en el sentido de que no se halla en constante actividad. No actúa de una manera material. Su acción es por entero intelectiva, y su reposo, completamente moral. Vale significar, que hay momentos en que su pensamiento cesa de estar activo y no se concentra en un objeto determinado. Se trata para él de un verdadero descanso, pero no comparable con el del cuerpo. La especie de fatiga que pueden experimentar los Espíritus está en razón de su inferioridad, porque cuanto más elevados son, tanto menos reposo necesitan.
255. Cuando un Espíritu asegura que sufre ¿qué clase de padecimiento es el suyo?
  • Angustias morales, que lo torturan más dolorosamente que los sufrimientos físicos.
256. ¿A qué se debe, entonces, que algunos Espíritus se hayan quejado de sentir frío o calor?
  • Recuerdo de lo que habían experimentado en vida, a veces tan penoso como la realidad misma. Es muchas veces una comparación mediante la cual –a falta de otra mejor- expresan el estado en que se encuentran. Cuando se acuerdan de su cuerpo experimentan una especie de impresión, como cuando un hombre se quita la capa y un rato más tarde cree llevarla todavía.

AMOR FRATERNAL



miércoles, 1 de mayo de 2013

Espíritus errantes

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo VI: VIDA ESPIRITISTA

I.- Espíritus errantes
223. ¿Reencarna el alma de inmediato, después de su separación del cuerpo?
  • A veces inmediatamente, pero casi siempre después de intervalos más o menos largos. En los mundos superiores la reencarnación es en casi todos los casos inmediata. Por ser menos grosera la materia corporal, el Espíritu encarnado goza en ella de casi todas sus facultades de Espíritu. Su estado normal es el de vuestros sonámbulos lúcidos.
224. ¿Qué es el alma en el intervalo de las encarnaciones?
  • Un Espíritu errante que aspira a un nuevo destino y lo espera.
224 a. ¿Cuánto pueden durar tales intervalos?
  • Desde unas pocas horas hasta unos cuantos millares de siglos. Por lo demás, no hay, en rigor, un límite extremo asignado al estado errante, que puede prolongarse muchísimo tiempo pero que, sin embargo, jamás es perpetuo. Tarde o temprano, siempre encuentra el Espíritu oportunidad de recomenzar una existencia que servirá para la purificación de sus vidas anteriores.
224 b. Esa duración ¿se halla subordinada a la voluntad del Espíritu o puede serle impuesta como expiación?
  • Es una consecuencia del libre arbitrio. Los Espíritus saben perfectamente lo que hacen, pero hay también algunos para quienes es una punición infligida por Dios. Otros piden que se prolongue con el objeto de continuar estudios que sólo pueden hacerse con provecho en el estado de Espíritu.
225. La erraticidad ¿es por sí misma un signo de inferioridad en los Espíritus?
  • No, por cuanto hay Espíritus errantes de todos los grados. La encarnación constituye un estado transitorio, ya lo hemos dicho: en su estado normal el Espíritu se halla despojado de la materia.
226. ¿Es posible afirmar que todos los Espíritus que no están encarnados son errantes?
  • Los que deben reencarnar, sí. Pero los Espíritus puros que han llegado a la perfección no son errantes: su estado es definitivo.
En lo que se refiere a sus cualidades íntimas, los Espíritus son de diferentes órdenes o grados, que van recorriendo sucesivamente, a medida que se purifican. Como estado, pueden tener los de: encarnados, esto es, unidos a un cuerpo; errantes, o sea, despojados del cuerpo material y esperando una nueva encarnación a fin de progresar, y Espíritus puros, vale decir, perfectos y que no tienen ya necesidad de encarnación.
 
227. ¿De qué manera se instruyen los Espíritus errantes? Sin duda no lo hacen del mismo modo que nosotros…
  • Estudian su pasado y buscan los medios de elevarse. Ven, observan lo que ocurre en los lugares que recorren. Escuchan los discursos de los hombres esclarecidos y los consejos de los Espíritus más elevados que ellos, y esto les da ideas que no tenían.
228. ¿Conservan los Espíritus algunas de las pasiones humanas?
  • Los Espíritus elevados, al perder su envoltura, sólo conservan las pasiones del bien. Pero los Espíritus inferiores continúan con las malas. De lo contrario pertenecerían a la primera jerarquía.
229. ¿Por qué los Espíritus, al dejar la Tierra, no se liberan de todas sus malas pasiones, puesto que ven sus inconvenientes?
  • Tienes en ese mundo a personas que son envidiosas en extremo: ¿crees acaso que tan pronto como lo abandonan pierden ese defecto? Les queda, luego que parten de la Tierra, sobre todo a aquellos que han alimentado pasiones muy intensas, una especie de atmósfera que los circunda y les comunica todas esas cosas nocivas, porque el Espíritu no está desprendido por completo. Sólo por momentos entrevé la verdad, como para señalarle el buen camino.
230. ¿Progresa el Espíritu en estado errante?
  • Puede mejorar mucho, pero siempre según sean su voluntad y su deseo. Mas es en la existencia corpórea donde pone en práctica las nuevas ideas que ha adquirido.
231. Los Espíritus errantes ¿son dichosos o desventurados?
  • Más o menos, conforme a su mérito. Sufren pasiones cuyo resabio han conservado, o son felices, según estén más o menos desmaterializados. En estado errante, el Espíritu entrevé lo que le falta para ser dichoso, y entonces busca los medios de alcanzarlo. Pero no siempre se le permite reencarnar a voluntad, y esto constituye un castigo.
232. En estado errante ¿pueden los Espíritus ir a todos los mundos?
  • Según: cuando el Espíritu ha dejado el cuerpo no se halla por eso enteramente desprendido de la materia y pertenece aún al mundo en que ha vivido, o a un mundo de igual grado, a menos que en el transcurso de su vida se haya elevado, y en esto reside el objetivo a que debe tender, sin lo cual no se perfeccionaría jamás. Sin embargo, puede trasladarse a ciertos mundos superiores, pero en tal caso estará allí como un extranjero. No hace más que entreverlos, si así vale decirlo, y eso es lo que le infunde el deseo de perfeccionarse para ser digno de la felicidad que allí se goza y poder habitarlos más tarde.
233. Los Espíritus ya depurados ¿vienen a los mundos inferiores?
  • Lo hacen con frecuencia, a fin de ayudarles a progresar. A no ser por ellos, esos mundos se encontrarían librados a sí mismos, sin guías que los dirigieran.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

Misericordia

El Evangelio según el Espiritismo

Allan Kardec

Capitulo X: BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

La paja y la viga en el ojo

10. Una de las extravagancias de la humanidad es el ver el mal del otro antes de ver el propio. Para juzgarse uno mismo, sería preciso poderse mirar en un espejo, transportarse de algún modo fuera de sí y considerarse como otra persona, preguntándose: ¿Qué pensarías si vieses hacer a otro lo que tú haces? Incontestablemente el orgullo es el que hace al hombre disimular sus propias faltas, tanto en lo moral como en lo físico. Esta extravagancia es esencialmente contraria a la caridad, porque la verdadera caridad es modesta, sencilla e indulgente; la caridad, orgullosa es un contrasentido, puesto que esos dos sentimientos se neutralizan uno a otro. En efecto, ¿cómo un hombre, bastante vano para creer en la importancia de su personalidad y en la supremacía de sus cualidades, puede tener al mismo tiempo bastante abnegación para hacer resaltar en otro el bien que podía eclipsarle, en lugar del mal que podría realzarle? Si el orgullo es el origen de muchos de nuestros vicios, es también la negación de muchas virtudes; se la encuentra en el fondo y como móvil de casi todas las acciones. Por esto Jesús se empeñó en combatirlo como el principal obstáculo del progreso.

Perdón y olvido de las ofensas  

15. Perdonar a sus enemigos es pedir perdón para si mismo; perdonar a sus amigos es darles una prueba de amistad; perdonar las ofensas es reconocer que uno se vuelve mejor. Perdonad, pues, amigos míos, a fin de que Dios os perdone, porque sois duros, exigentes, inflexibles, y si además tenéis rigor por una ligera ofensa, ¿cómo queréis que Dios olvide, cuando todos los días tenéis gran necesidad de indulgencia?
¡Oh! desgraciado aquel que dice: "Yo no perdonaré nunca", porque pronuncia su propia condenación. ¿Quién sabe, además, si descendiendo en ti mismo, no has sido tú el agresor? ¿Quién sabe, si en esa lucha que empieza por un alfilerazo y concluye por un rompimiento, tú empezaste por dar el primer golpe? ¿Si tal vez te ha escapado una palabra ofensiva? ¿Si no has usado de toda la moderación necesaria? Sin duda tu adversario no tiene razón en manifestarse demasiado susceptible, pero esto es una razón para que seas indulgente, y no merezca los reproches que le diriges. Admitamos que tú hayas sido realmente el ofendido en alguna circunstancia; ¿quién te dice que tú mismo no hayas envenenado el asunto con las represalias, y que hayas hecho degenerar en querella formal lo que fácilmente hubiera podido quedar en olvido? Si dependía de ti el impedir las consecuencias, y no lo has hecho, eres culpable. Admitamos, en fin, que no tengas ningún cargo que hacerte; entonces tendrás mucho más mérito en demostrarte clemente.
Mas hay que dos modos muy diferentes de perdonar: hay el perdón de boca y el de corazón. Muchas personas dicen que perdonan a su adversario, mientras que interiormente experimentan un placer secreto del mal que les sucede, diciendo para sí: esto es lo que él merece. Otros dicen "yo perdono" y añaden: "pero no me reconciliaré nunca; no lo volveré a ver en mi vida". ¿Acaso es esto el perdón según el Evangelio?
No; porque, el verdadero perdón, el perdón cristiano, es aquel que echa un velo sobre lo pasado, el único que os será tomado en cuenta, porque Dios no se contenta con las apariencias; sondea el fondo de los corazones y los pensamientos más secretos; no se le contenta con palabras y vanos simulacros. El olvido completo y absoluto de las ofensas es propio de almas grandes; el rencor siempre es una señal de bajeza y de inferioridad.
No olvidéis que el verdadero perdón se reconoce en los actos mucho más que en las palabras. (Pablo, apóstol, Lyon, 1861).

AMOR FRATERNAL