martes, 2 de abril de 2013

El libre albedrío

El problema del Ser y del destino

León Denis

Tercera parte: LAS POTENCIAS DEL ALMA


XXII. - El libre-albedrío

La libertad es la condición necesaria al alma humana que, sin ella, no podría construir su destino. 
Es en vano que los filósofos y los teólogos han argumentado largamente al respecto de esta cuestión. A primera vista, la libertad del hombre parece muy limitada en el círculo de fatalidades que lo encierra: necesidades físicas, condiciones sociales, intereses o instintos. Pero considerando la cuestión más de cerca, se ve que esta libertad es siempre suficiente para permitir que el alma quiebre este círculo y escape de las fuerzas opresoras.
La libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser y aumentan con su elevación; es la responsabilidad del hombre que hace su dignidad y moralidad. Sin ella, no sería él más que un autómata, un juguete de las fuerzas ambientales: la noción de moralidad es inseparable de la de libertad.
La responsabilidad es establecida por el testimonio de la consciencia, que nos aprueba o censura según la naturaleza de nuestros actos. La sensación de remordimiento es una prueba más demostrativa que todos los argumentos filosóficos. Para todo Espíritu, por pequeño que sea su grado de evolución, la ley del deber brilla como un farol, a través de la neblina de las pasiones e intereses. Por eso, vemos todos los días hombres en las posiciones más humildes y difíciles, al preferir aceptar duras pruebas a rebajarse a cometer actos indignos.
Si la libertad humana es restricta, está por lo menos en vías de un perfecto desarrollo, porque el progreso no es otra cosa más que la extensión del libre-albedrío en el individuo y en la colectividad. La lucha entre la materia y el espíritu tiene precisamente como objetivo liberar a este último cada vez más del yugo de las fuerzas ciegas. La inteligencia y la voluntad llegan, poco a poco, a predominar sobre lo que a nuestros ojos representa la fatalidad. El libre-albedrío es pues, la expansión de la personalidad y de la conciencia. Para ser libres es necesario querer serlo y hacer el esfuerzo para ello, liberándonos de la esclavitud de la ignorancia y de las pasiones bajas, substituyendo el imperio de las sensaciones y de los instintos por el de la razón.
Esto sólo se puede obtener por una educación y una preparación prolongada de las facultades humanas: liberación física por la limitación de los apetitos; liberación intelectual por la conquista de la verdad; liberación moral por la búsqueda de la virtud. Es esta la obra de los siglos. En todos los grados de su ascensión, en la repartición de los bienes y de los males de la vida, al lado de la concatenación de las cosas, sin perjuicio de los destinos que nuestro pasado nos inflige, hay siempre lugar para la libre voluntad del hombre.
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Dios, cuya ciencia infinita abarca todas las cosas, conoce la naturaleza de cada hombre y los impulsos, las tendencias, de acuerdo con las cuales podrá determinarse. Nosotros mismos, conociendo el carácter de una persona, podríamos fácilmente prever el sentido en que, en una circunstancia dada, ella decidirá si es por el interés o por el deber. Una resolución no puede nacer de la nada. Está forzosamente unida a una serie de causas y efectos anteriores de las que deriva y que la explican. Dios, conociendo a cada alma en sus menores particularidades, puede, pues, rigurosamente deducir, con la certeza, del conocimiento que tiene de esa alma y de las condiciones en que ella es llamada a actuar, las determinaciones que, libremente, ella tomará.
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La cuestión del libre-albedrío tiene una importancia capital y graves consecuencias para toda la sociedad, por su acción y repercusión en la educación, en la moralidad, en la justicia, en la legislación, etc. Determinó dos corrientes opuestas de opinión - los que niegan el libre -albedrío y los que lo admiten con restricción.
  1. Los argumentos de los fatalistas y deterministas se resumen así: "El hombre está sometido a los impulsos de su naturaleza, que lo dominan y obligan a querer, a determinarse en un sentido, de preferencia a otro; luego, no es libre." 
  2. La escuela adversa, que admite la libre voluntad del hombre, ante ese sistema negativo, exalta la teoría de las causas indeterminadas. Su más ilustre representante, en nuestra época, fue Ch. Renouvier.
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Suplida, al principio, por el instinto, que poco a poco desaparecerá para dar lugar a la razón, nuestra libertad es muy escasa en los grados inferiores y en todo el período de nuestra educación primaria. Toma extensión considerable, desde que el Espíritu adquiere la comprensión de la ley. Y siempre, en todos los grados de su ascensión, en la hora de las resoluciones importantes, será asistido, guiado, aconsejado por Inteligencias superiores, por Espíritus mayores y más iluminados que él.
El libre-albedrío; la libre voluntad del Espíritu se ejerce principalmente en la hora de las reencarnaciones. Escogiendo tal familia, cierto medio social, él sabe de antemano cuales son las pruebas que lo aguardan y comprende igualmente la necesidad de estas pruebas para desarrollar sus cualidades, curar sus defectos, desnudar sus preconceptos y vicios. Estas pruebas pueden ser también consecuencia de un pasado nefasto, que es preciso reparar y él las acepta con resignación y confianza, porque sabe que sus grandes hermanos del Espacio no lo abandonarán en las horas difíciles.
El futuro se le aparece entonces, no en sus pormenores, sino en sus trazos más salientes, o sea, en la medida en que ese futuro es la resultante de actos anteriores. Estos actos representan la parte de fatalidad o "la predestinación" que ciertos hombres son llevados a ver en todas las vidas. Son simplemente, como vimos, efectos o reacciones de causas remotas. En realidad, nada hay de fatal y cualquiera que sea el peso de las responsabilidades en que haya incurrido, se puede siempre atenuar, modificar la suerte con obras de dedicación, de bondad, de caridad, por un largo sacrificio al deber.
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Todo lo que se eleva hacia la luz se eleva hacia la libertad. Esta se expande plena y entera en la vida superior. El alma sufre tanto más el peso de las fatalidades materiales, cuanto más atrasada e inconsciente es, en cambio será más libre cuanto más se eleva y aproxima de lo divino. En estado de ignorancia, es una felicidad para ella estar sometida a una dirección. Pero cuando es sabia y perfecta, goza de su libertad en la luz divina.
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En resumen, en vez de negar o afirmar el libre-albedrío, según la escuela filosófica a que se pertenezca, seria más exacto decir: "El hombre es el obrero de su liberación." El estado completo de libertad lo alcanza con el cultivo íntimo y en la valorización de sus potencias ocultas. Los obstáculos acumulados en su camino son meramente medios de obligarlo a salir de la indiferencia y a utilizar sus fuerzas latentes. Todas las dificultades materiales pueden ser vencidas.
Somos todos solidarios y la libertad de cada uno se liga a la libertad de los otros. Liberándose de las pasiones y de la ignorancia, cada hombre libera sus semejantes. Todo lo que contribuye para disipar las tinieblas de la inteligencia y hacer recular el mal, hace a la Humanidad más libre, más consciente de sí misma, de sus deberes y potencias.
Elevemos pues, la consciencia de nuestro papel y fin, y seremos libres. Aseguraremos con nuestros esfuerzos, enseñanzas y ejemplos la victoria de la voluntad así como del bien y en vez de formar seres pasivos, curvados al yugo de la materia, expuestos a la incertidumbre e inercia, habremos hecho almas verdaderamente libres, sueltas de las cadenas de la fatalidad y volando encima del mundo por la superioridad de las cualidades conquistadas.

AMOR FRATERNAL

LA CONCIENCIA - El sentido íntimo

El problema del Ser y del destino

León Denis.

Capitulo XXI : LA CONCIENCIA - El sentido íntimo.

El alma es, como nos demostraran las enseñanzas precedentes, una emanación, una partícula de lo Absoluto.
Sus vidas tienen por objetivo la manifestación cada vez más grandiosa de lo que en ella hay de divino, el aumento del dominio que está destinado a ejercer dentro y fuera de sí, por medio de sus sentidos y energías latentes. Puede alcanzarse ese resultado por procesos diferentes, por la Ciencia o por la meditación, por el trabajo o por el ejercicio moral. El mejor proceso consiste en utilizar todos esos modos de aplicación, en completarlos unos a otros; el más eficaz, sin embargo, de todos, es el examen íntimo, la introspección. Acrecentemos el desapego de las cosas materiales, la firme voluntad de mejorar nuestra unión con Dios en espíritu y verdad, y veremos que toda religión verdadera, toda filosofía profunda ahí va a buscar su origen y en esas fórmulas se resume. El resto, doctrinas culturales, ritos y prácticas no son más que el vestuario externo que encubre, a los ojos de las turbas, el alma de las religiones.
Víctor Hugo escribia en el "Post scriptum de ma vie ": "Es dentro de nósotros que devemos mirar el exterior... Inclinandonos sobre este pozo, nuestro espíritu, avistamos, a una distancia de abismo, en estrecho círculo, un mundo inmenso."

La consciencia es, pues, como diría W. James, el centro de la personalidad, centro permanente, indestructible, que persiste y se mantiene a través de todas las transformaciones del individuo. La consciencia no es solo la facultad de percibir, sino también el sentimiento que tenemos de vivir, actuar, pensar, querer. Es una e indivisible. La pluralidad de sus estados nada prueba, como vimos, contra esa unidad. Aquellos estados son sucesivos, como las percepciones correlativas y no son simultáneos. Para demostrar que existen en nosotros varios centros autónomos de conciencia, seria necesario probar también que hay acciones y percepciones simultáneas y diferentes; pero eso no es exacto y no puede ser.
Sin embargo, la consciencia presenta, en su unidad, como sabemos, varios planos, varios aspectos. Físico, se confunde con lo que la Ciencia llama el "sensorium", o sea, la facultad de concentrar las sensaciones externas, coordinarlas, definirlas, percibir las causas y determinar sus efectos. Poco a poco, por el propio hecho de la evolución, esas sensaciones se van multiplicando y purificando, y la conciencia intelectual despierta. De ahí en más no tendrá límite su desarrollo, puesto que podrá abrazar todas las manifestaciones de la vida infinita. Entonces brotando el sentimiento y el juicio el alma se comprenderá a sí misma; se tornará, al mismo tiempo, sujeto y objeto.
En la multiplicidad y variedad de sus operaciones mentales tendrá siempre conciencia de lo que piensa y quiere. El "yo" se afirma, se desarrolla, y la personalidad se completa por la manifestación de la conciencia moral o espiritual. La facultad de percibir los efectos del mundo sensible se ejercerá de manera más elevada; se convertirá en la posibilidad de sentir las vibraciones del mundo moral, de discriminar sus causas y leyes.
Es con los sentidos internos que el ser humano percibe los hechos y las verdades de orden transcendental. Los sentidos físicos engañan, apenas distinguen la apariencia de las cosas y nada serian sin el "sensorium", que agrupa, centraliza sus percepciones y las transmite al alma; esta registra todo y saca el efecto útil. Bajo, todavía, de este "sensorium" superficial, hay otro más hondo, que distingue las reglas y las cosas del mundo metafísico. Es a ese sentido profundo, desconocido, inutilizado para la mayor parte de los hombres, que ciertos experimentadores designaran por el nombre de conciencia subliminal.

Así como existe un organismo y un "sensorium" físicos, que nos ponen en relación con los seres y las cosas del plano material, así también hay un sentido espiritual por medio del cual ciertos hombres penetran desde ya en el dominio de la vida invisible. Así que, después de la muerte, cae el velo de la carne, ese sentido se tornará el único centro de nuestras percepciones.
Es en la extensión y desarrollo creciente de ese sentido espiritual que está la ley de nuestra evolución psíquica, la renovación del ser, el secreto de su iluminación interior y progresiva. Por él nos despegamos de lo relativo y de lo ilusorio, de todas las contingencias materiales, para vincularnos cada vez más a lo inmutable y absoluto.

Cuanto más puros y desinteresados son los pensamientos y los actos, en una palabra, cuanto más intensa es la vida espiritual y cuanto más ella predomina sobre la vida física, mucho más se desarrollan los sentidos interiores. El velo que nos esconde el mundo fluídico se atenúa, se torna transparente y tras él, el alma distingue un conjunto maravilloso de armonías y bellezas, al mismo tiempo que se torna más apta para recoger y transmitir las revelaciones, las inspiraciones de los seres superiores, porque el desarrollo de los sentidos internos coincide, generalmente, con una extensión de las facultades del espíritu, con una atracción más enérgica de las radiaciones etéreas.
Cada plano del Universo, cada círculo de la vida, corresponde a un número de vibraciones, que se acentúan y se vuelven más rápidas, más sutiles, a medida que se aproximan a la vida perfecta. Los seres dotados de débil poder de radiación no pueden percibir las formas de vida que les son superiores, pero todo Espíritu es capaz de obtener por la preparación de la voluntad y por la educación de los sentidos íntimos un poder de vibración que le permite actuar en planos muy extensos. Encontramos una prueba de la intensidad de esta forma de emisión mental en el hecho de haberse visto moribundos o personas en peligro de muerte impresionar telepáticamente, a grandes distancias, a varios individuos, al mismo tiempo.
En realidad, cada uno de nosotros podría, si quisiese, comunicarse en todo momento con el mundo invisible. Somos Espíritus. Por la voluntad podemos gobernar la materia y desprendernos de sus lazos para vivir en una esfera más libre, la esfera de la vida superconciente. Para eso es menester una cosa, espiritualizarnos, volver a la vida del espíritu por una concentración perfecta de nuestras fuerzas interiores. Entonces, nos encontramos cara a cara con un orden de cosas que ni el instinto, ni la experiencia, ni aun la razón puede percibir.
El alma, en su expansión, puede quebrar la pared de carne que la encierra y comunicarse por sus propios sentidos con los mundos superiores y divinos. Es lo que han podido hacer los videntes y los verdaderos santos, los grandes místicos de todos los tiempos y de todas las religiones.
 
Continuará...
 
AMOR FRATERNAL

lunes, 1 de abril de 2013

Honrar la vida



No...
Permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida
Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida.
Merecer la vida no es callar ni consentir
Tantas injusticias repetidas
Es una virtud, es dignidad
Y es la actitud de identidad
Más definida.
Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir
Por que no es lo mismo que vivir
Honrar la vida.
No...
Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
Honrar la vida
Hay tanta pequeña vanidad
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida
Merecer la vida es erguirse vertical
Más allá del mal, de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad
La bienvenida.
Eso de durar y transcurrir
No nos da el derecho a presumir
Por que no es lo mismo que vivir
Honrar la vida.

Eladia Blázquez

Origen y naturaleza de los Espíritus

El Libro de los Espíritus

Libro Segundo:
MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS

CAPÍTULO I:

DE LOS ESPÍRITUS

I.- Origen y naturaleza de los Espíritus

76.¿Qué definición se puede dar de los Espíritus?
  • Podemos decir que los Espíritus son los Seres inteligentes de la Creación. Pueblan el Universo fuera del mundo material.
Nota: La palabra Espíritu se emplea aquí para designar a las individualidades de los Seres extra-corpóreos y no al elemento inteligente universal.

77.Los Espíritus ¿son Seres distintos de la Divinidad, o bien constituirían tan sólo emanaciones o parcelas de Ella, llamándoseles por tal razón hijos o criaturas de Dios?
  • ¡Dios mío! Son su obra, exactamente como un hombre que construye una máquina. Esa máquina es la obra del hombre y no él mismo. Bien sabes que cuando el hombre hace una cosa bella y útil la denomina su criatura o su creación. Pues bien, lo propio acontece con Dios: somos sus hijos, puesto que somos su obra.
78.Los Espíritus ¿han tenido un principio o existen, como Dios, de toda eternidad?
  • Si no hubieran tenido un principio sería iguales a Dios, pero constituyen su creación y se hallan sometidos a su voluntad. Dios existe de toda eternidad, y esto es incontestable, pero en lo que se refiere a saber cuándo y cómo Él nos creó, no sabemos nada al respecto. Puedes decir que no hemos tenido comienzo si entiendes por ello que, siendo Dios eterno, debió crear sin tregua pero cuándo y cómo fue hecho cada uno de nosotros, te lo repito, nadie lo sabe: allí reside el misterio.
79.Puesto que dos elementos generales hay en el Universo –el elemento inteligente y el material- ¿se podría afirmar que los Espíritus están formados del elemento inteligente, así como los cuerpos inertes se hallan integrados por el elemento material?
  • Es evidente: los Espíritus son la individualización del principio inteligente, del modo que los cuerpos constituyen la individualización del principio material; lo que desconocemos es la época y la manera de esa formación.
80.¿Es permanente la creación de Espíritus, o sólo tuvo lugar en el principio de los tiempos?
  • Es permanente, o sea que Dios no ha cesado jamás de crear.
81.¿Se forman los Espíritus espontáneamente, o proceden los unos de los otros?
  • Dios los crea, como a todas las demás criaturas, por su voluntad. Pero, una vez más lo repito, su origen es un enigma.
82.¿Es exacto expresar que los Espíritus son inmateriales?
  • ¿Cómo se podría definir algo cuando se carece de términos de comparación, y con un lenguaje insuficiente? Un ciego de nacimiento ¿puede acaso definir la luz? “Inmaterial” no es la palabra. “Incorpóreo” sería más exacto, porque debes comprender bien que, siendo el Espíritu una creación, debe ser algo. Es una materia quintaesenciada, pero sin analogía para vosotros, y tan etérea que no puede se percibida por vuestros sentidos.
Decimos que los Espíritus son inmateriales porque su esencia difiere de cuanto conocemos con el nombre de materia. Un pueblo de ciegos no dispondría de términos para expresar la luz y sus efectos. El que es ciego de nacimiento cree tener todas las percepciones mediante el oído, el olfato, el gusto y el tacto. No comprende las ideas que le daría el sentido de que carece. Así también, en lo que concierne a la esencia de los seres suprahumanos, somos nosotros verdaderos ciegos. Sólo podemos definirlos mediante comparaciones siempre imperfectas, o esforzando nuestra imaginación.

83.Los Espíritus ¿tienen un fin? Se comprende que el principio de que dimanan sea eterno, pero lo que preguntamos es si su individualidad tendrá un término y si en determinado tiempo, más o menos prolongado, el elemento de que están formados no se disgrega y retorna a la masa, como acontece con los cuerpos materiales. Resulta difícil entender que algo que tuvo principio pueda no tener fin.
  • Muchas cosas hay que vosotros no comprendéis, por cuanto vuestra inteligencia es limitada, y esa no es una razón para rechazarlas. El niño no comprende todo lo que entiende su padre, ni el ignorante todo lo que comprende el sabio. Te decimos que la existencia de los Espíritus no concluye en modo alguno, y es todo cuanto podemos ahora decir.

II.- Mundo normal primitivo

84.¿Constituyen los Espíritus un mundo aparte, fuera del que vemos nosotros?
  • Sí, el Mundo de los Espíritus, o de las Inteligencias incorpóreas.
85.En el orden de las cosas ¿cuál de los dos es el principal: el Mundo Espírita o el mundo corporal?
  • El Mundo Espírita. Es preexistente y sobreviviente a todo.
86.¿Podría el mundo corporal cesar de existir, o no haber existido nunca, sin alterar la esencia del Mundo Espírita?
  • Sí. Son independientes, y sin embargo su correlación es incesante, pues reaccionan sin cesar el uno sobre el otro.
87.¿Ocupan los Espíritus una región determinada y circunscrita en el espacio?
  • Los Espíritus se encuentran por doquier. Los espacios infinitos se hallan poblados por ellos. Los hay que están sin cesar al lado de vosotros, observándoos y obrando sobre vosotros sin que lo advirtáis, pues los Espíritus son una de las potencias de la Naturaleza y los instrumentos de que Dios se sirve para el cumplimiento de sus designios providenciales. Pero no todos van a todas partes, porque hay regiones que están prohibidas a los menos adelantados.

III.- Forma y ubicuidad de los Espíritus

88.¿Tienen los Espíritus una forma determinada, limitada y constante?
  • Para vuestros ojos, no, pero sí para los nuestros. Esa forma es, si así lo queréis, una llama, un fulgor o una chispa etérea.
88 a. Esa llama o chispa ¿posee un color determinado?
  • Para vosotros, varía de lo oscuro hasta el brillo del rubí, según sea el Espíritu más o menos puro.
De ordinario se representa a los genios con una llama o una estrella en la frente. Es esta una alegoría que recuerda la naturaleza esencial de los Espíritus. Se la sitúa en lo alto de la cabeza, debido a que allí se halla la sede de la inteligencia.
 
89.Los Espíritus ¿ponen cierto tiempo en franquear el espacio?
  • Sí, pero son tan veloces como el pensamiento.
89 a. El pensamiento ¿no es el alma misma que se transporta?
  • Cuando el pensamiento se halla en un lugar, allí está también el alma, puesto que es esta última la que piensa. El pensamiento es un atributo.
90.El Espíritu que se desplaza de un sitio a otro ¿tiene conciencia de la distancia que recorre y de los espacios que atraviesa o, por el contrario, es transportado de súbito al lugar dónde quiere ir?
  • Lo uno y lo otro. El Espíritu puede muy bien, si así lo desea, darse cuenta de la distancia que recorre, pero tal distancia puede asimismo borrársele por completo. Depende de su voluntad, y también, de su naturaleza más o menos depurada.
91.¿Es la materia un obstáculo para los Espíritus?
  • No, pues lo penetran todo: aire, tierra, aguas, el fuego mismo les son igualmente accesibles.
92.¿Poseen los Espíritus el don de la ubicuidad? En otras palabras, un mismo Espíritu ¿puede dividirse o estar en varios puntos a la vez?
  • No puede haber división de un mismo Espíritu. Pero, cada uno de ellos constituye un centro que irradia hacia diferentes lados, de ahí que parezca estar en varios lugares al mismo tiempo. El Sol, como ves, es sólo un y, sin embargo, irradia a todo su alrededor, enviando muy lejos sus rayos, no obstante lo cual no se divide.
92 a. ¿Todos los Espíritus irradian con igual potencia?
  • Muy lejos de ello: su potencia de irradiación depende de su grado de pureza.
Cada Espíritu es una unidad indivisible, pero cada uno de ellos puede extender su pensamiento a lugares diversos sin por eso dividirse. Sólo en este sentido debe entenderse el don de ubicuidad que a los Espíritus se atribuye. Tal como un destello que proyecta a la distancia su fulgor y puede ser percibido desde todos los puntos del horizonte. Y tal como un hombre que, sin cambiar de sitio ni dividirse, puede transmitir órdenes, señales y movimientos a diferentes puntos.
 

IV.- Periespíritu

93.El Espíritu propiamente dicho ¿se halla descubierto –como algunos pretenden- o está rodeado de una sustancia determinada?
  • El Espíritu se encuentra revestido de una sustancia vaporosa para ti, pero todavía muy grosera para nosotros: lo bastante vaporosa, sin embargo, para que pueda elevarse en la atmósfera y transportarse adonde quiera.
Así como el germen de un fruto se halla circundado por el periespermo, así también el Espíritu propiamente dicho está rodeado de una envoltura que, por comparación, podemos denominarla periespíritu.
 
94.¿De dónde toma el Espíritu su envoltura semimaterial?
  • Del fluido universal de cada globo. De ahí que no sea idéntica en todos los mundos. Al pasar de un mundo a otro el Espíritu muda de envoltura, como cambiáis vosotros de vestimenta.
94 a. ¿De manera, pues, que cuando los Espíritus que moran en los mundos superiores vienen aquí, a la Tierra, toman un periespíritu más grosero?
  • Precisa que se revistan con vuestra materia: lo hemos dicho ya.
95.La envoltura semimaterial del Espíritu ¿adopta formas determinadas? Y ¿puede ser perceptible?
  • Sí, una forma que plazca al Espíritu, y así se os aparece en ocasiones, ya sea durante vuestros sueños o cuando os halláis en estado de vigilia, y así también puede adoptar una forma visible e incluso palpable.

V.- Diferentes órdenes de Espíritus

96.¿Son iguales unos a otros los Espíritus o, por el contrario, existe entre ellos una jerarquía?
  • Son de diferentes órdenes, conforme al grado de perfeccionamiento que han alcanzado.
97.¿Hay entre los Espíritus un número determinado de órdenes o grado de perfección?
  • Su número es ilimitado, porque no existe entre tales órdenes una línea de demarcación trazada como una barrera, de manera que es posible multiplicar o restringir a voluntad las divisiones. Con todo, si se consideran los caracteres generales, se puede reducir la cantidad a tres órdenes principales.
Es posible ubicar en la primera categoría a aquellos que han llegado a la perfección: los Espíritus puros. Los del segundo orden han alcanzado la mitad de la escala: la preocupación de éstos es el deseo del bien. Los del último grado se hallan aún en lo bajo de la escala: son los Espíritus imperfectos. Se caracterizan por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que retrasan su desarrollo.
 
98.Los Espíritus del segundo orden, ¿tienen sólo el deseo del bien, o poseen asimismo el poder de hacerlo?
  • Tienen ese poder, de acuerdo con su grado de perfección. Los unos poseen la ciencia, los otros la sabiduría y la bondad, pero todos ellos han de sufrir pruebas aún.
99.Los Espíritus del tercer orden, ¿son todos esencialmente malvados?
  • No, los hay que no hacen ni bien ni mal. Otros, por el contrario, se complacen en el mal y se hallan satisfechos cuando encuentran ocasión de practicarlo. Están, después, los Espíritus frívolos o traviesos, más revoltosos que ruines, que disfrutan más bien con los enredos que con la maldad y encuentran placer en engañar y causar pequeñas contrariedades, las que los divierte.

Continuará...

AMOR FRATERNAL