sábado, 16 de febrero de 2013

Regreso a la vida corporal

El libro de los Espíritus



Libro Segundo: MUNDO ESPIRITISTA O DE LOS ESPÍRITUS

Capitulo VII: REGRESO A LA VIDA CORPORAL
 
I.- Preludios del regreso
330 a. La reencarnación ¿es, por tanto, una necesidad de la vida espírita, de igual manera que la muerte constituye una necesidad de la vida corporal?
  • Con toda seguridad, así es.
331. ¿Todos los Espíritus se preocupan por su reencarnación?
  • Los hay que no piensan en modo alguno en ella, y que inclusive no la comprenden. Esto depende de su naturaleza más o menos adelantada. Para algunos, la incertidumbre en que se encuentran respecto del futuro es una punición.
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333. Sin un Espíritu se sintiera lo bastante satisfecho en una situación media entre los Espíritus errantes y no tuviera ambición de ascender, ¿podría prolongar ese estado en forma indefinida?
  • No, indefinidamente no. El adelanto representa una necesidad que tarde o temprano el Espíritu experimenta. Todos deben ascender, puesto que tal es su destino.
334. La unión del alma con tal o cual cuerpo ¿está predestinada, o sólo a último momento se hace la elección?
  • El Espíritu se designa siempre con anterioridad. Al aceptar la prueba que desea sufrir, el Espíritu pide encarnarse. Y Dios, que ve y sabe todo, ha sabido y visto de antemano que tal alma se uniría a determinado cuerpo.
335. El Espíritu ¿elige el cuerpo en que ha de encarnar, o únicamente el género de vida que debe servirle de prueba?
  • También puede escoger el cuerpo, por cuanto las imperfecciones de ese cuerpo, que son pruebas para él, lo han de ayudar en su adelanto si supera los obstáculos que en él encuentra; pero la elección no siempre depende del Espíritu: puede pedirla.
335 a. ¿Podría el Espíritu, a último momento, rehusarse a entrar en el cuerpo escogido para él?
  • Si se negara, sufriría mucho más que aquel que no hubiera intentado ninguna prueba.
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339. El instante de encarnar ¿se ve acompañado de una turbación similar a la que se produce cuando un Espíritu desencarna?
  • Mucho mayor, y sobre todo más prolongada. Al morir el cuerpo, el Espíritu sale de la esclavitud. Con el nacimiento entra en ella.
340. El momento en que el Espíritu debe encarnar ¿es para él un instante solemne? ¿Cumple ese acto como una cosa seria e importante para él?
  • Es como un viajero que se embarca para una travesía peligrosa, y que no sabe si hallará la muerte en las olas que afronta.
El viajero que embarca conoce a qué peligros se expone, mas ignora si naufragará. Así acontece con el Espíritu: sabe el tipo de pruebas a que se somete, pero desconoce si sucumbirá en ellas.
Así como la muerte del cuerpo es una forma de renacimiento para el Espíritu, la reencarnación constituye para éste una especie de muerte, o más bien de exilio y enclaus-tramiento. Deja el Mundo de los Espíritus para ingresar en el corporal, como el hombre abandona el mundo corpóreo por el de los Espíritus. El Espíritu sabe que reencarnará, del mismo modo que el hombre conoce que habrá de morir. Pero, igual que éste, aquél no tiene conciencia de ello sino a último momento, cuando el plazo fijado expira. Entonces, en ese supremo instante se apodera de él la turbación, como en el hombre que agoniza, y esa turbación persistirá hasta que la nueva existencia esté claramente formada. La aproximación de la reencarnación significa una especie de agonía para el Espíritu.
 
II.- Unión del alma con el cuerpo
344. ¿En qué momento se une el alma al cuerpo?
  • La unión comienza en la concepción, pero sólo es completa en el instante del nacimiento. Desde el momento de la concepción, el Espíritu designado para habitar determinado cuerpo se une a él por una lazo fluídico que va estrechándose, cada vez más, hasta el instante en que la criatura es dada a luz. El grito que lanza entonces el recién nacido anuncia que ha pasado a formar parte de los vivientes y servidores de Dios.
345. La unión entre Espíritu y cuerpo ¿es definitiva desde el momento de la concepción? Durante ese período inicial ¿podría el Espíritu renunciar a habitar el cuerpo que se le asignó?
  • La unión es definitiva, en el sentido de que otro Espíritu no podría sustituir al que ha sido designado para ese cuerpo. Pero, como los vínculos que los unen son muy débiles, se quiebran con facilidad, y esto puede suceder por voluntad del Espíritu, que retrocede ante la prueba que ha escogido. En tal caso, el niño no vive.
346. ¿Qué acontece al Espíritu si el cuerpo que había elegido muere antes de nacer?
  • Opta por otro.
346 a. ¿Cuál puede ser la utilidad de esas muertes tan prematuras?
  • Las imperfecciones de la materia suelen ser casi siempre la causa de tales muertes.
347. ¿Qué beneficio podrá reportar a un Espíritu su reencarnación en un cuerpo que fallece pocos días después de su nacimiento?
  • El Ser no tiene suficientemente desarrollada la conciencia de su existencia. La importancia de la muerte es casi nula. Constituye a menudo, como ya lo hemos dicho, una prueba para los padres.
348. ¿Sabe el Espíritu de antemano que el cuerpo que escogió no tiene posibilidades de vivir?
  • Algunas veces lo sabe, pero si lo ha elegido por ese mismo motivo, es por ello que se echa atrás ante la prueba.
349. Cuando una reencarnación se ve frustrada para el Espíritu, debido a cualquier causa, ¿se suple inmediatamente con otra existencia?
  • No siempre en forma inmediata. El Espíritu necesita tiempo para escoger de nuevo, a menos que la reencarnación instantánea no provenga de una determinación anterior.
350. Un vez unido al cuerpo del niño, y cuando ya no puede retroceder, ¿lamenta a veces el Espíritu la elección que ha hecho?

  • ¿Quieres decir que, si como hombre, se queja él de la vida que lleva? ¿Si desearía que fuese diferente? Sí. Pero, en lo que respecta a deplorar la elección realizada, no, pues no sabe que la hizo él mismo. Una vez encarnado, el Espíritu no puede lamentar una elección de la que ya no tiene conciencia. Pero tal vez encuentre la carga demasiado pesada, y si cree que ésta excede sus fuerzas, entonces recurre al suicidio.
351. En el intervalo que media entre la concepción y el nacimiento ¿goza el Espíritu de la totalidad de sus facultades?
  • Más o menos, según lo avanzado del proceso, porque no está todavía encarnado, pero sí unido. Desde el instante mismo de la concepción empieza la turbación a apoderarse del Espíritu, el cual queda advertido por ello de que ha llegado la hora de iniciar una nueva existencia. Esa turbación va en aumento hasta el instante en que el niño nace. En el ínterin, su situación es más o menos la de un Espíritu encarnado durante el sueño del cuerpo. Conforme se aproxima la hora del nacimiento, sus ideas se van esfumando, así como el recuerdo del pasado, del cual ya no tiene conciencia cuando es hombre, una vez ingresado a la vida corporal. Mas ese recuerdo le volverá poco a poco a la memoria, cuando se encuentre en su estado de Espíritu desencarnado.
 
 
 
352. En el momento de renacer ¿recobra el Espíritu de inmediato la plenitud de sus facultades?
  • No, sino que éstas se van desarrollando en forma gradual, conjuntamente con los órganos asociados. Se trata, para él, de una nueva vida. Precisa aprender a servirse de sus instrumentos. Las ideas le vuelven de manera paulatina, como en un hombre que sale del sueño y se encuentra en una postura diferente de la que tenía antes de dormirse.
 
Continuará...
 
AMOR FRATERNAL
 
 
 
 
 
 

viernes, 15 de febrero de 2013

El Amor

La mayor parte de los seres que habitamos este planeta vivimos la vida buscando el amor, hacemos nuestras vivencias según la capacidad de amar que tenemos, pero no lo hacemos por cabal comprensión de lo que es o significa, sino mas bien como un acto reflejo, por un impulso interno que no sabemos muy bien que es, ni de donde proviene.


Creemos que amar es dar a nuestra familia un bienestar económico o material, demostramos ese amor con regalos, esfuerzos y proyectos puramente materiales. Entendemos que amamos si somos capaces de dar a nuestro prójimo dadivas materiales que mas de las veces no resultan ningún sacrificio para nosotros y nos decimos “he cumplido, he dado amor” y muy lejos estamos de ello. Somos celosos, egoístas, obsesivos y creemos que amamos, pero en realidad eso no es amor.

Hoy vamos a tratar de comprender el amor desde un estado Universal, un sentimiento que va mas allá de nuestros intereses y capacidades de comprensión.
Para ello debemos despojarnos de esa idea que tenemos grabada en nuestras mentes, en nuestros corazones.
  • Amar no es darles a mis hijos, la mejor ropa, la última tecnología, o alimentar sus caprichos.
  • Amar no es trabajar todo el día, lejos de mi familia para poder brindarles un bienestar material.
  • Amar no es atender a mis padres cuando son adultos por obligación, dándoles lo mínimo e indispensable para su subsistencia o para acallar nuestra conciencia.
  • Amar no es dar limosna.
  • Amar no es atracción sexual.
  • Amar no es unirse por conveniencia económica.
  • Amar no es calcular los beneficios, esperar la recompensa.
  • Amar no es suicidarse.
  • Amar no es hostigar para que el otro cambie.
  • Amar no es exigir.
  • Amar no es vengarse.
Y así podríamos seguir enumerando falsas interpretaciones del amor.

Bien… ahora, haremos el ejercicio al revés, vamos a tratar de comprender que es el AMOR.
  • El AMOR es, aceptar a los demás con sus imperfecciones.
  • El AMOR es, respetar a mi prójimo, sin intentar cambiarlo, sin juzgarlo porque desconocemos su verdadera identidad. Porque esa es su comprensión de la vida o los hechos.
  • El AMOR es, comprender que esa persona que hoy actúa de esa forma lo hace por algo; por ignorancia, por deudas del pasado, porque no sabe que eso que hace esta mal, porque tiene libre albedrio y la libertad y responsabilidad de sus actos.
  • El AMOR es, contener el dolor, las necesidades de mi prójimo. Porque es mi deber ayudar a los demás, hacer todo el bien que pueda y este a mi alcance.
  • El AMOR es, darme cuenta que todos somos iguales ante Dios; Él, nos creo sencillos e ignorantes y cada uno de nosotros hemos ido haciendo nuestro camino. Unos, han transitado el camino del bien, del esfuerzo, del progreso y otros, el camino fácil, el del egoísmo, el orgullo, la soberbia, etc., pero para Dios cada uno es por demás respetable, por esa razón debe serlo mas para nosotros que estamos en mismas condiciones que ellos.
  • El AMOR es, perdonar las ofensas, es mas aún, perdonar a nuestros enemigos, ¿Cómo es esto?...si, Dios nos habla del amor completo, si puedo entender que soy un Espíritu en error que vengo haciendo mi experiencia de vida espiritual hace miles de existencias, puedo entender que un enemigo de esta vida no es mas que un enemigo de otras vidas, alguien a quien seguramente hice mucho mal, y él, no puede comprender que debe dejar ese dolor atrás; por ello, hoy que comprendo, debo dejar el dolor, la rabia, el odio, atrás, para no seguir endeudándome mas, para no tener que volver a pasar por la misma prueba hasta que entienda que debo perdonar, pero perdonar con amor, entendiendo al otro, sin juzgarlo, comprendiendo el mal que pude haber hecho y que quiero reparar. Si, lo se, no queremos perdonar a quienes nos ofenden porque nuestro orgullo esta herido, pero ya es hora de comprender que eso no tiene mas valor para mi progreso y el de los demás.
  • El AMOR es, acompañar, fortalecer, entender la necesidad de mis seres queridos; comprender que elegí encarnar junto a ellos para crecer juntos, para fortalecernos mutuamente, aprendiendo de mis errores y de sus virtudes, compensando aquello que puede haber hecho mal. Entonces,  elegimos transitar juntos esta vida entendiendo que solo no puedo progresar, que te necesito, que nos necesitamos.
  • El AMOR es, humildad, saberse pequeño ante los ojos de Dios y su inmensa bondad y sabiduría, entonces puedo ponerme a la par de mis compañeros, amigos, familia, etc., y no por encima como mi orgullo me hace creer que estoy. Puedo comprender mi ruta de vida, mis falencias, mis necesidades, para trabajar en ellas y por sobre todo puedo comprender que en este transitar estamos juntos, vamos de la mano, ayudándonos cuando uno de los dos cae, tropieza o simplemente no quiere avanzar más.
  • El AMOR es, piedad, es mirar al débil, al espíritu endurecido, errado en su proceder con la misma bondad que Dios nos ve a nosotros, como niños que estamos aprendiendo a caminar, a pensar, a decidir, entonces el feroz, el cruel, el malvado, no es un enemigo, no es despreciable, es un espíritu niño que esta aprendiendo su andar, como una vez lo hicimos nosotros.
  • El AMOR es, caridad, el Maestro Jesús no enseño: “amar a tu prójimo como a ti mismo, hacer por los otros lo que quisiéramos que los otros hiciesen por nosotros”.
El Maestro Kardec nos dice: “la practica de estas máximas se dirige a la destrucción del egoísmo; cuando los hombres las tomen por regla de su conducta y por base de sus instituciones, comprenderán la verdadera fraternidad y harán reinar entre ellos la paz y la justicia; no habrá ya ni odios ni disensiones, sino unión, concordia y benevolencia mutua”.
Entonces reflexionemos: ¿acaso no es así? Si tú no dudas en juzgar, maltratar, maldecir o discriminar a una persona por su accionar sin saber realmente la causa que lo motivo, ¿por qué los demás van a tener piedad contigo si un día equivocas el camino? ¿Como puedes pedir piedad, si no la tuviste con los demás? ¿Que te hace pensar que no erraste el camino una vez? ¿O acaso crees que tu naciste con tus cualidades así, porque si, porque Dios dispuso que tu seas “bueno” y el otro no? ¿Qué Dios justo seria ese? ¿Entendemos cual es la medida del amor?

En el Evangelio según el Espiritismo, los Espíritus que instruían al Maestro Kardec nos explican:
“El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor; no el amor en el sentido vulgar de la palabra, sino ese sol interior que condensa y reúne en su ardiente foco todas las aspiraciones y todas las revelaciones sobrehumanas. La ley de amor reemplaza a la personalidad por la fusión de los seres, y aniquila las miserias sociales…
Los efectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrestre. Los más rebeldes y más viciosos deberán reformarse cuando vean los beneficios producidos por esta práctica: No hagáis a los otros lo que no quisiereis que os hicieran a vosotros, pero hacedles, por el contrario, todo el bien que podáis.
No creáis en la esterilidad y endurecimiento del corazón humano; a pesar suyo, cede al amor verdadero; es un imán al que no se puede resistir, y el contacto de ese amor vivifica y fecunda los gérmenes de esa virtud que está en vuestro corazón en estado latente. La tierra, morada de prueba y de destierro, será entonces purificada por ese fuego sagrado, y verá practicar la caridad; la humildad, la paciencia, la adhesión, la abnegación, la resignación, el sacrificio, todas las virtudes hijas del amor.
Queridos y estimados hermanos, aprovechaos de las lecciones; su práctica es difícil, pero el alma saca de ellas un bien inmenso. Creedme, haced el esfuerzo sublime que os pido: "Amaos" muy pronto veréis la tierra transformada en Elíseo, donde las almas de los justos vendrán a gozar del reposo. (Fenelón. Bordeaux, 1861).”

Amar, en el sentido profundo de la palabra, es ser real, probo, concienzudo, para hacer a los otros lo que quisiéramos para nosotros mismos; es buscar alrededor de sí el sentido íntimo de todos los dolores que abruman a nuestros hermanos, para llevarles un alivio; es mirar la gran familia humana como la suya, porque esta familia la volveréis a encontrar en cierto período en los mundos más avanzados, y los espíritus que la componen son, como vosotros, hijos de Dios designados para elevarse hasta el infinito. Por esto no podéis rehusar a vuestros hermanos lo que Dios os ha dado liberalmente, porque por vuestra parte estaríais muy contentos de que vuestros hermanos os diesen lo que os hiciera falta. En todo sufrimiento dadles, pues, una palabra de esperanza y de apoyo, a fin de que seáis todo amor, todo justicia. (Sansón, antiguo miembro de la Sociedad Espiritista de París, 1863).”

TRANSFORMACION MORAL
Hay un solo camino para lograr ese AMOR y es a través de la transformación de nuestros estados interiores, del conocimiento de nuestras falencias para poder corregirlas, para estar atentos y no cometer tantos errores, para poder lograr el estado de apertura que nuestro Espíritu Protector necesita para poder guiarnos en el camino de nuestras vidas, Él es el enviado de Dios para guiarnos en la vida, para que no nos equivoquemos tanto, pero si nosotros no acudimos a el, no puede acercarse, no tiene sentido que este tratando de indicarnos que esto o aquello no esta bien si a nosotros no nos interesa, debemos comprender desde el sentimiento que eso que hacemos no esta bien y que debemos cambiarlo para que acuda en nuestra ayuda.
Quien dude de la bondad de Dios pregúntese por un segundo porque nos envía un Ángel para cuidarnos, para guiarnos, si no nos quiere o nos tiene abandonados, ¿Qué otra cosa puede demostrarte mas el AMOR DE DIOS?
Hay algo en nuestro interior que se llama CONCIENCIA y es el canal directo con el estado de Dios y nuestro Espíritu Protector, cada vez que ella nos indique que algo que hacemos no esta bien o no es bueno para nosotros detengámonos un segundo y escuchemos que es la voz de Dios guiándonos por el camino del Amor.

Si cada día de nuestras vidas nos levantamos pensando en Dios, en nuestro Protector y en cual es el propósito de nuestra vida, estaremos conformando a nuestro alrededor un campo de protección, de reflexión, que hará que ante cualquier situación me encuentre en equilibrio, con lucidez, en conexión con espíritus de bien, amigos y familiares que están a mi lado para protegerme, aconsejarme y guiarme, entonces podre intuir sus sugerencias y me equivocare cada vez menos. Eso es lo que llamamos comúnmente lograr un estado de apertura, esto es una conexión con el mundo espiritual superior y de bien.
Si actúo en bien, con AMOR, recibo el bien de los demás, la vida fluye naturalmente; pero si actúo con intereses, de manera egoísta pensando solo en mí, en mi familia o mis intereses materiales, la lucha por sobrevivir es ardua. Siempre voy a encontrar obstáculos, y lo peor es que el obstáculo mayor soy yo.
Actuemos con sencillez, humildad, respeto, aceptación, resignación y estaremos actuando con AMOR, el amor de Dios.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

miércoles, 13 de febrero de 2013

Regreso de la vida material a la Espiritual

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

LIBRO SEGUNDO

CAPITULO III

I.- El alma después de la muerte

 

149. ¿En qué se transforma el alma en el instante de la muerte?

  • Vuelve a ser Espíritu, vale decir, reingresa al Mundo de los Espíritus, que temporariamente había dejado.
150. ¿Conserva el alma su individualidad después de la muerte?
  • Sí, jamás la pierde. ¿Qué sería si no la conservara?
150 a. ¿Cómo comprueba el alma su individualidad, puesto que ya no tiene cuerpo material?
  • Posee todavía un fluido que le es propio, que toma de la atmósfera de su planeta y que tiene la apariencia de su última encarnación: su periespíritu.
150 b. ¿No se lleva el alma nada de este mundo?
  • Sólo el recuerdo, y el deseo de ir a un mundo mejor. Aquel recuerdo está pleno de dulzura o de amargura, según sea el empleo que haya hecho de la vida. Cuanto más pura es, mejor comprende la futilidad de lo que en la Tierra ha dejado. 
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153. ¿En qué sentido se debe entender la vida eterna?

  • Es la vida del Espíritu, el cual es eterno. La del cuerpo, en cambio, es transitoria, pasajera. Cuando el cuerpo muere, el alma regresa a la vida eterna.
153 a. ¿No sería más exacto denominar vida eterna a la de los Espíritus puros, aquellos que, habiendo alcanzado la suma perfección, no han de sufrir más pruebas?
  • Esa es más bien la dicha eterna. Pero se trata de una cuestión de palabras. Llamad a las cosas como mejor os plazca, con tal que os entendáis.
II.- Separación del alma del cuerpo

154. ¿Es dolorosa la separación del alma del cuerpo?
  • No. El cuerpo muchas veces sufre más en el transcurso de la vida que en los instantes de la muerte. El alma ya no participa ni siente en tales momentos. Los sufrimientos, que en ocasiones se experimentan durante el proceso de la muerte, son un goce para el Espíritu, el cual ve llegar el término de su exilio.

En la muerte natural, la que sobreviene por agotamiento de los órganos como consecuencia de la edad, el hombre deja la vida sin caer en la cuenta de ello. Es una lámpara que se apaga por falta de combustible.

155. ¿Cómo se opera la separación del alma y el cuerpo?
  • Habiéndose roto los vínculos que la retenían, ella se desprende.
155 a. La separación ¿se lleva a efecto de manera instantánea, por una transición brusca? Entre la vida y la muerte ¿hay una línea de demarcación netamente trazada?
  • No. El alma se desprende en forma gradual, no escapa como un pájaro cautivo que ha sido devuelto súbitamente a la libertad. Los dos estados se tocan, confundiéndose. Así, el Espíritu se desprende poco a poco de sus ataduras: éstas se sueltan, no se quiebran.
Durante la vida el Espíritu se halla ligado al cuerpo por su envoltura semimaterial, o periespíritu. La muerte destruye sólo al cuerpo y no a esa segunda envoltura, la cual se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica. La observación ha probado que en el proceso de la muerte el desprendimiento del periespíritu no se opera súbitamente por completo. Sólo se realiza en forma gradual y en un plazo muy variable, según los individuos. En algunos es bastante rápido, y se puede afirmar que tal proceso de liberación, se cumple en unas pocas horas. Pero en otros –sobre todo en aquellos cuya vida ha sido enteramente material y sensual- el desprendimiento es mucho menos rápido y en ocasiones se prolonga por días, semanas y hasta meses, lo que no implica que haya en el cuerpo la menor vitalidad ni la posibilidad de un retorno a la vida, sino que persiste una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad que siempre se halla en relación con la preponderancia que el Espíritu dio a la materia en el transcurso de la vida. En efecto, es razonable pensar que cuanto más se haya identificado el Espíritu con la materia tanto más laborioso le será el separarse de ella, mientras que la actividad intelectiva y moral y la elevación de pensamientos operan un principio de despren-dimiento, incluso durante la vida del cuerpo, y cuando llega la muerte, la separación es rápida. Este es el resultado de los estudios hechos sobre todos los individuos observados en el momento de la muerte. Esas observaciones prueban, inclusive, que la afinidad que en algunas personas subsiste entre el alma y el cuerpo es a veces sobremanera penosa, por cuanto el Espíritu puede sentir el horror de la descomposición de la materia. Este caso es excepcional y propio de ciertos géneros de vida y de algunos tipos de muerte. Se presenta en ciertos suicidas.

156. La separación definitiva del alma y del cuerpo ¿puede tener lugar antes de haber cesado por completo la vida orgánica?
  • Durante la agonía, en ocasiones el alma ha abandonado al cuerpo. Sólo queda entonces la vida orgánica. El hombre no tiene ya conciencia de sí mismo, y no obstante le resta aún un soplo de vida. El cuerpo constituye una máquina movida por el corazón, y existe en tanto el corazón hace circular sangre por las venas, no necesitando al alma para ello.
157. En el proceso de la muerte ¿tiene a veces el alma una visión o éxtasis que le hace entrever el mundo al que va a reingresar?
  • A menudo siente el alma quebrarse los lazos que la ligan al cuerpo. Realiza entonces todos los esfuerzos para romperlos por entero. Ya desprendida en parte de la materia, ve desarrollarse el porvenir ante ella y goza de antemano el estado de Espíritu.
158. El ejemplo de la oruga, que primero se arrastra por la tierra y después se enclaustra en su crisálida, en estado de muerte aparente, para renacer con una brillante existencia, ¿puede darnos una idea de la vida terrenal, luego la tumba y por última nuestro nueva existencia?
  • Una idea aproximada. La comparación es buena, pero no habría que tomarla al pie de la letra, como con frecuencia hacéis.
159. ¿Qué sensación experimenta el alma en el instante en que vuelve en sí en el Mundo de los Espíritus?
  • Ello depende. Si practicaste el mal con el deseo de realizarlo, te sientes en el primer momento muy avergonzado de haberlo hecho. Pero es muy diferente para el justo: el alma del justo está como aliviada de un gran peso, porque no teme ninguna mirada escrutadora.
160. ¿Vuelve el Espíritu a encontrar de inmediato a aquellos que conoció en la Tierra y que murieron antes que él?
  • Sí, según el afecto que por ellos sentía y el que le profesaban a él. A menudo acuden a recibirlo al retornar al Mundo de los Espíritus y le ayudan a desprenderse de las envolturas de la materia. Además, vuelve a encontrar a muchos que había perdido de vista durante su estancia en la Tierra. Ve a los que están errantes y va a visitar a los que se hallan encarnados.









161. En la muerte violenta o accidental, cuando los órganos todavía no han sido debilitados por la edad o las enfermedades, la separación del alma y el cese de la vida ¿tienen lugar de manera simultánea?
  • Por lo general ocurre así, pero en todos los casos el lapso que los separa es muy breve.
 
III.- Turbación espírita

163. El alma, al dejar el cuerpo, ¿tiene de inmediato conciencia de sí misma?
  • Conciencia inmediata no es el término adecuado. Permanece algún tiempo en estado de turbación.
164. ¿Todos los Espíritus experimentan en el mismo grado y durante un lapso idéntico la turbación que sigue a la separación del alma y el cuerpo?
  • No, ello depende de su elevación. El que está ya purificado vuelve en sí casi inmediatamente, porque se ha desprendido de la materia durante la vida del cuerpo, al paso que el hombre carnal, cuya conciencia no es pura, conserva durante mucho más tiempo la impresión de esa materia.
165. El conocimiento del Espiritismo ¿ejerce influencia sobre la duración más o menos prolongada de la turbación?
  • Una influencia muy grande, por cuanto el Espíritu comprende de antemano su situación. Pero, lo que más influye es la práctica del bien y la conciencia pura.

En el momento de la muerte todo es al principio confuso. Hace falta al alma algún tiempo para recobrarse. Se halla como aturdida, al igual que el estado de un hombre que saliera de un sueño profundo y que tratara de darse cuenta de su situación. La lucidez de las ideas y el recuerdo del pasado le vuelven conforme se va borrando el influjo de la materia de que acaba de desembarazarse, y a medida que se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos.
La duración de la turbación que sigue a la muerte es muy variable. Puede ser de unas pocas horas como de varios meses, y hasta de muchos años. Aquellos en quienes es más breve son los que se han identificado en vida con su estado futuro, por cuanto comprenden de inmediato su situación.
La turbación presenta circunstancias particulares, de acuerdo con el carácter de cada individuo y, sobre todo, según el tipo de muerte experimentada. En las violentas, producidas por suicidio o suplicio, accidente, apoplejía o heridas, etcétera, el Espíritu se encuentra sorprendido, asombrado, y no cree haber muerto. Así lo sostiene con terquedad. No obstante, ve su cuerpo, sabe que ese cuerpo es el suyo, y no comprende que se haya separado de él. Acude junto a las personas a quienes profesaba afecto, les habla y no comprende por qué ellas no le oyen. Esa ilusión dura hasta que el desprendimiento del periespíritu se ha consumado. Sólo entonces el Espíritu se recobra y comprende que ya no forma parte de los vivientes. Este fenómeno se explica con facilidad. Sorprendido de improviso por la muerte, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que en él se ha operado. Para él, la muerte sigue siendo sinónimo de destrucción, de aniquilamiento. Ahora bien, como quiera que piensa, ve y entiende, en su opinión no está muerto. Lo que aumenta su ilusión es que se ve dueño de un cuerpo similar al anterior, por su forma, pero cuya etérea naturaleza no ha tenido todavía tiempo de estudiar. Lo cree sólido y compacto como lo era el primero, y cuando se le llama la atención sobre este punto se asombra de no poder palparlo. Este fenómeno es análogo al de los sonámbulos noveles, que no creen estar dormidos. Para ellos, el sueño es sinónimo de suspensión de las facultades. Y puesto que piensan libremente y ven, en su concepto no se hallan dormidos. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aun cuando la muerte no los haya sorprendido en forma imprevista. Pero sigue siendo una particularidad más general en aquellos que, aunque enfermos, no pensaban que morirían. Se ve entonces el singular espectáculo de un Espíritu que asiste a su funeral como si se tratara del de un extraño, y hablando de él como de una cosa que no le concierne, hasta el momento en que comprende la verdad.
La turbación que sigue a la muerte no tiene nada de penoso para el hombre de bien. Es tranquila y semejante en todo a la que acompaña a un despertar apacible. En cambio, para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedad y de angustias, que aumentan a medida que va comprendiendo su situación.
 

 

Continuará... 

AMOR FRATERNAL

 

 

El enojo

Si bien la idea de este blog es ir compartiendo el conocimiento Espírita codificado por el Maestro Allan Kardec hoy vamos a compartir un tema que profundiza un poco mas algunos de los estados erroneos que más interfieren en las relaciones con nuestros pares.


¿Ante qué surge el enojo? 

Si bien es cierto que tiene su origen en las tendencias básicas del espíritu, es bueno saber como funciona.
En modo generalizado y elemental, nos enojamos cuando cuándo algo no sale como nosotros deseamos, cuando algo o alguien nos frustra: 



  • Me han prometido y no han cumplido:
  • Esperaba algo de mi mujer, de mis hijos o mis amigos y lo esperado no ocurrió.
  • Cuanddo siento privado un deseo o una esperanza. Tensión emotiva originada por el fracaso en obtener algo deseado o apetecido.

Lo exterior que motiva el enojo puede tener motivos variadísimos, en lo íntimo el deseo es una carga de energía, ese deseo si se encamina a su realización canaliza la energía, pero cuando encuentra un obstáculo, una obstrucción a esa energía se genera una sobre carga que es enojo.
La sobre carga de energía es para posibilitar la realización del deseo o necesidad (imposición)
En la parte física ante la presencia de un obstáculo a nuestros deseos, es vivido como una amenaza, el organismo segrega adrenalina y los neuro-trasmisores envían señales de alerta, confrontación. (Ira)
En épocas primitivas de la humanidad el obstáculo se dirimía con lucha y ese era el objetivo de sobrecarga de adrenalina ya que incrementa la fuerza física.
Pero el enojo si bien aumenta la fuerza física, limita la capacidad de análisis, ya que para resolver problemas o dificultades es necesario calma y tranquilidad.
El enojo es producto conciente o inconsciente de una frustración o de una situación adversa.
En muchas personas por sus tendencias (orgullo) imaginan que sus frustraciones, del tipo que sean, son producto de una voluntad adversa de personas o de la vida que se opone a sus deseos.
 
El enojo puede tener distintas calidades o intensidades según la evaluación que hagamos del obstáculo que se opone a mi deseo. Ejemplos:
  • Si no hay una voluntad específica de perjudicarnos: Un día de lluvia cuando había planificado ir a pescar puede enojarnos, nos ponemos fastidiosos.
  • Si al que le prestamos dinero, no perdió el trabajo y pone una excusa a no devolver que no creemos. Acá están abiertas las puertas del enojo.
 

  • Sentimos enojo social, cuando levantamos el estandarte de un ideal y vemos que el resto de la sociedad no valora nuestro sentir y pensar. Puede ser peligroso dependiendo del grado de poder que tengamos en esa sociedad. Puede provocar persecución, guerra, enfrentamientos sociales, etc.
 
 
  • Frustración con enojo puede manifestarse también cuando un miembro de la sociedad no es aceptado por tal o cual condición personal que nos afecte, hemos visto casos de justicia por mano propia, escarches y demás manifestaciones peligrosas.
 
 


  • Frustración con enojo vemos cuando un hijo no cumple nuestras expectativas, nuestros deseos hacia él, en vez de ser comprensivos y aceptar las debilidades y carencias de nuestro prójimo, lo insultamos, lo reprimimos, como muestra de nuestra frustración hacia ese deseo no concretado.


 

La necesidad de expresar verbalmente o físicamente nuestro desagrado deja en evidencia nuestro orgullo dolido, nuestra imposición frustrada, nuestro egoísmo enfermo que quiere mantenernos tal cual somos y estamos, cerrando toda posibilidad al cambio o la aceptación.
 


Ante cada frustración, consciente o inconscientemente se da una conclusión acerca de la intensión si es adversa o no, y da distintos niveles de enojo.
Debemos analizar como cambia la actitud cuando se considera la vida como una batalla y lucha y cada circunstancia es una oportunidad de lucha o de enfrentamiento, donde siempre existe un potencial enemigo o cuando por el contrario, lo esencial en la vida es el aprendizaje y cada frustración es evaluada como problemas a resolver, como incógnitas o desafíos por aprender y no generan enfrentamientos.
Estas dos formas de enojo tienden en el 1° caso a destruir y en 2° a resolver, aprender y superar.
 
Formas de expresar el enojo: 
  1. Con una descarga como reacción propio de la necesidad de canalizar la energía excedente: moverse resoplar, gritar, golpear la mesa, es como abrir la válvula de una olla de presión, es independiente a la presencia física del que nos produjo el enojo.
  2. Es decirle al otro que tal situación nos produjo un malestar o que sentimos a causa de su actitud.

El enojo no es la tendencia inicial sino es el producto de un medio para aplicar mi orgullo y consecuente imposición y que el otro haga lo que nosotros queremos.


Cuando existe una actitud madura en vez de imponer tratamos de tener una actitud más conciliadora y proponer, realizar un intercambio que parta de la valoración del otro y que las razones de su actitud pueden tener cabida.

Gracias a nuestra amiga de la Fundación de Estudios y Difusión Espírita que compartió con nosotros este tema tan importante para poder conocernos un poco más y así poder cambiar nuestras tendencias erróneas.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL