jueves, 9 de mayo de 2013

El Espírita y el mundo

COMPORTAMIENTO ESPIRITA - Jaci Regis

Situarse en la vida significa comprender lo que es, lo que está haciendo y cual es su destino. Ello supone resolver el más intrigante y desafiante problema que las personas afrontan.


...la comprensión espírita dice: El hombre es considerado como un complejo tridimensional, en que entran el espíritu, ser inmortal, inteligente, perfectible, el periespíritu, organismo extra físico, vehículo de manifestación transitoria, compuesto por fluido (modificación de la materia) imponderable para nuestros sentidos, pero real concreto y circunscrito, cuando está sometido a la voluntad del espíritu y el cuerpo físico, compatible con las vibraciones de orden material, sometido a las leyes de la herencia, pero modelado a partir de las realidades del espíritu.

Tenemos en el hombre entonces, una parte esencial y dos transitorias, ajustadas a las necesidades de manifestación del espíritu, en los planos de vibración en que se divide la realidad física de la Tierra: plano material o físico y plano extra físico o espiritual.

El espíritu es perfectible, o sea, que tiene potencialidad para alcanzar la perfección que representa el equilibrio total y armónico de los factores creativos que le son propios en relación con la Ley. Para acceder a tal estado el espíritu vive; vive en los dos planos de la realidad de la Tierra. Esto es, encarna, ligándose a un cuerpo sometido a los condicionamientos propios de la material y desencarna, permaneciendo en el plano extra-físico, ligado al periespíritu.

Dentro de ese principio podemos reevaluar la posición del hombre en el mundo y comprender la importancia del mundo para el hombre.

Tal reevaluación es necesaria porque la transitoriedad de la vida terrena no puede ser tomada como un factor de desestímulo o alienación. De hecho que cada uno vive aquí un tiempo muy corto, si bien todo parece indicar que en el futuro la existencia terrena se irá alargando. Hay sin embargo, otros elementos a considerar.

La Tierra es nuestro campo de perfeccionamiento, de crecimiento, aquí desenvolvemos la pasión que nos conduce a la creatividad, al amor. Como humanidad dominamos a costa de mucho sudor, lágrimas y angustias, todas las latitudes del globo, dilatándole los horizontes. Sacamos, con aciertos y equivocaciones, a la Tierra de la situación de planeta primitivo, embrionario, llevándolo a las consquistas de la civilización actual.

Es verdad que acumulamos errores. Los cuales, entre tanto, no son meramente proyecciones del pecado, de la maldad. En muchas ocasiones fueron respuestas natural de la inmadurez de la mayoría, de la inexperiencia generalizada. Aquí, presionados por los desafíos de la vida y por la angustia interior que nos acitateó, desenvolvimos nuestra inteligencia, originamos condiciones para que el pensamiento fluyese cada vez con mayor continuidad y fuese mas  productivo, creativo.


La tierra es nuestra morada, laboratorio en el que investigamos nuestra naturaleza y creamos nuestro futuro. En ella necesitamos construir una sociedad justa, humana, basada en la fraternidad, en el respeto a la dignidad del hombre, con sus derechos inalienables a la libertad, de participación en la riqueza que produce y en las decisiones políticas. En fin, todo el conjunto de necesidades a que se hace acreedora la criatura para desenvolver sus potencialidades.

El Espíritu en su caminata evolutiva, con un comienzo casi exclusivo en el mundo físico, donde se identifica y se siente seguro, aprende por los mecanismos de encarnar-desencarnar-reencarnar, a penetrar, lentamente en el plano extra físico inmediato, a los efectos de percibirse como espíritu y cultivar los valores que se combinan con la Ley. La Ley es, en síntesis, la expresión de la voluntad de Dios, en cuyo pensamiento estamos sumergidos y que establece los principios de equilibrio, reciprocidad y compensacion en que cada uno y todos precisamos vivir, alcanzando la plenitud interior, o sea, la felicidad.

En este aprendizaje el espíritu, tanto encarnado como desencarnado, pero en especial en la primera condición y por lo menos inicialmente, crea principios morales, desencadena procesos de acción y reacción, se sumerge en conflictos y respuestas angustiantes, que la vida siempre da. En ese cuadro aparentemente caótico, como el buscador de diamantes entre los escajos, selecciona primero lentamente y luego cada vez con mayor celeridad las propias emociones, crece en sí mismo buscando la meta del amor, que signifique estados de paz, que le permitan crear, porque sólo en la actividad creativa, aún en su plano inferior, es que la vida se justifica.

El análisis espírita del hombre y de la vida permite desplazar el centro de apoyo de la estructura social hacia dimensiones dinámicas, deshaciendo el circuito cuna-tumba, mostrando el antes y el después del presente, formando enlaces de comprensión del porqué de las cosas.

El Espirita ve la sociedad compuesta de espíritus en vías de exteriorizar estados evolutivos propios, en los actos diarios, en las esquematizaciones sociales y percibe las ansias de esos mismos espíritus en buscar, aunque no sea mas que en el plano teórico, comportamientos más satisfactorios, personales y colectivos.


Por eso, el espiritista niega los valores del mundo, en cuanto permanezcan en el nivel de la inmediatez y en el desconocimiento de los componentes espirituales de la vida; esa negación no significa condenación. Niega en el sentido de trascender, de reevaluar y de salir hacia comportamientos renovadores, que exterioricen su manera de ver la vida.

Para conseguir eso, el conforma su propia conciencia y se mantiene en ella independientemente de que sea o no aceptada por la mayoría, porque se sabe minoría, porque entiende que asumió una posición definida y trabaja para concretarla como hecho real en la propia existencia.

AMOR FRATERNAL 

miércoles, 8 de mayo de 2013

La indulgencia

El Evangelio según el Espiritismo

Allan Kardec

Capitulo X: BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

18. Queridos amigos, sed severos para con vosotros mismos e indulgentes para con las debilidades de los otros; también esto es una práctica de la santa caridad que muy pocas personas observan. Todos vosotros tenéis malas inclinaciones que vencer, defectos que corregir, costumbres que modificar, todos vosotros tenéis una carga más o menos pesada que depositar para subir a la cumbre de la montaña del progreso. ¿Por qué, pues, veis tanto para el prójimo, y sois tan ciegos para vosotros mismos? ¿Cuándo, pues, cesaréis de advertir en el ojo de vuestro hermano una arista de paja que le hiere, sin mirar en el vuestro la viga que os ciega, y os hace marchar de precipicio en precipicio? Creed en vuestros hermanos los espíritus: Todo hombre bastante orgulloso para creerse superior en virtud y en mérito a sus hermanos encarnados es insensato y culpable, y Dios le castigará en el día de su justicia. El verdadero carácter de la caridad, es la modestia y la humildad que consiste en no ver superficialmente los defectos para dedicarse a hacer volver lo que hay en el bueno y virtuoso; porque si el corazón humano es un abismo de corrupción, existe siempre en algunos de sus pliegues más escondidos, el germen de buenos sentimientos, chispa brillante de la esencia espiritual.
¡Espiritismo, doctrina consoladora y bendita; felices los que te conocen y se aprovechan de las saludables enseñanzas de los espíritus del Señor! Para ellos el camino es claro, y durante todo el viaje pueden leer estas palabras que les indican el medio de llegar al fin: caridad práctica, caridad de corazón, caridad para el prójimo como para sí mismo, en una palabra, caridad para todos y amor de Dios sobre todas las cosas porque el amor de Dios resume todos los deberes y porque realmente es imposible amar a Dios sin practicar la caridad, de la que hace una ley para con todas sus criaturas. (Dufétre, obispo de Nevers, Bordeaux).

19. "Si nadie es perfecto, ¿se sigue de esto que nadie tiene el derecho de corregir a su vecino?"
  • Seguramente que no, puesto que cada uno de vosotros debe trabajar para el progreso de todos, y sobre todo de aquellos cuya tutela se os ha confiado; pero hay una razón para hacerlo con moderación, con un fin útil, y no como se hace la mayor parte de las veces por el placer de denigrar. En este último caso la censura es una maldad; en el primero es un deber que la caridad manda cumplir con toda prudencia posible, y aun la censura que se quiere hacer a otro, debe uno hacérsela a sí mismo al propio tiempo y preguntarse si también la merece. (San Luis. París, 1860).

20. "¿Es uno reprensible por observar las imperfecciones de los otros cuando no puede resultar ningún provecho para ellos, aun cuando no las divulgue?"
  • Todo depende de la intención; ciertamente no está prohibido ver el mal cuando el mal existe, y aun habría inconveniente en ver por todas partes el bien; esta ilusión perjudicaría al progreso. Lo malo es hacer recaer esta observación en detrimento del prójimo, desacreditándole, sin necesidad, en la opinión. Sería también reprensible haciéndolo para complacerse a sí mismo en sus sentimientos de malevolencia y de alegría al encontrar a los otros en falta. Lo contrario sucede cuando echando un velo sobre el mal para el público, se limita uno a observarlo para su provecho personal, es decir, para estudiarse y evitar lo que se censura en los otros. Por lo demás, esta observación, ¿no es acaso, útil, al moralista? ¿Cómo pintaría los males de la humanidad si no estudiase los modelos? (San Luis, París, 1860).
21. "¿Hay casos en que sea útil el descubrir el mal de otro?"
  • Esta pregunta es muy delicada, y aquí es cuando debe recurrirse a la caridad bien comprendida. Si las imperfecciones de una persona sólo dañan a ella misma, nunca hay utilidad en hacerlas conocer; pero si pueden ocasionar perjuicio a otro es menester preferir el interés del mayor número al interés de uno solo. Según las circunstancias, descubrir la hipocresía y la mentira, puede ser un deber, porque vale más que un hombre caiga que no que muchos vengan a ser su ludibrio y sus víctimas. En tal caso, se han de pesar las ventajas y los inconvenientes. (San Luis. París, 1860).

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

Sucesión y perfeccionamiento de las razas

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec
Libro Tercero

CAPÍTULO IV: LEY DE REPRODUCCIÓN


I.- Población del globo

686. La reproducción de los seres vivientes ¿es una ley natural?
  • Ello es evidente. A no ser por la reproducción, el mundo corporal perecería.
687. Si la población continúa siguiendo la progresión creciente que observamos, ¿llegará un momento en que será excesiva en la Tierra?
  • No. Dios provee a ello y mantiene siempre el equilibrio. Él no hace nada que sea inútil. El hombre, que no ve más que un aspecto del cuadro de la Naturaleza, no puede evaluar la armonía del conjunto. 95

II.- Sucesión y perfeccionamiento de las razas
 
688. Hay en la actualidad razas humanas que están en evidente declinación: ¿llegará el momento en que hayan desaparecido de la faz de la Tierra?
  • Es verdad, pero se trata de que otras han tomado su lugar, así como otras tomarán el lugar de la vuestra algún día.
689. Los hombres de hoy ¿constituyen una nueva creación, o son descendientes perfeccionados de los seres primitivos?
  • Son los mismos Espíritus que han regresado para perfeccionarse en nuevos cuerpos, pero que se hallan aún lejos de la perfección. Así, la raza humana actual, que con su aumento tiende a invadir la Tierra entera y a reemplazar a las razas que se encuentran en vías de extinción, tendrá también su período de decremento y de desaparición. Otras razas más evolucionadas la sustituirán, cuyos individuos descenderán de los miembros de la actual raza, así como los hombres civilizados de hoy descienden de los seres brutos y salvajes de los tiempos primitivos.
690. Desde el punto de vista puramente físico, los cuerpos de la raza actual ¿son una creación especial, o proceden de los cuerpos primitivos, por la vía de la reproducción?
  • El origen de las razas se pierde en la noche de los tiempos. Pero, como pertenecen todas a la gran familia humana, sea cual fuere el tronco primitivo de cada una de ellas, han podido mezclarse y producir nuevos tipos.
691. ¿Cuál es, desde el punto de vista físico, el carácter dominante y distintivo de las razas primitivas?
  • Desarrollo de la fuerza brutal a expensas de la energía del intelecto. Ahora sucede lo contario: el hombre hace más cosas con la inteligencia que con la fuerza de su cuerpo, no obstante lo cual produce cien veces más que antes, porque ha sabido sacar provecho de las energías de la Naturaleza, lo que no hacen los animales.
692. El mejoramiento de las razas animales y vegetales mediante procedimientos científicos ¿es contrario a la ley natural? ¿Sería más acorde con esa ley dejar que las cosas sigan su curso normal?
  • Se debe hacerlo todo para alcanzar la perfección, y el hombre mismo es un instrumento de que se sirve Dios para llegar a sus fines. Puesto que la perfección es el objetivo al que la Naturaleza tiende, favorecer esa perfección significa corresponder a los designios de ésta.
692 a. Pero, por regla general, el hombre sólo es movido –en sus esfuerzos para mejorar las razas animales y vegetales- por un interés personal, y únicamente se propone aumentar su bienestar. Esta circunstancia ¿no hace que su mérito disminuya?
  • ¿Qué importa que su mérito sea nulo, con tal que el progreso se cumpla? A él corresponde hacer que su trabajo se torne meritorio por la intención que lo anima. Por otra parte, mediante esa tarea ejerce y desarrolla su inteligencia, y en este aspecto es en lo que se beneficia más. 
AMOR FRATERNAL

Afecto de los Espíritus hacia ciertas personas

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Libro Segundo

Capitulo IX: INTERVENCIÓN DE LOS ESPÍRITUS EN EL MUNDO CORPORAL 

V.- Afecto de los Espíritus hacia ciertas personas
 
484. Los Espíritus ¿dispensan un afecto preferente a determinadas personas?
  • Los Espíritus buenos simpatizan con los hombres de bien, o que son susceptibles de mejorarse. Los Espíritus inferiores, con las personas viciosas o que pueden llegar a serlo. De ahí su apego a ellas, consecuencia de la similitud de sensaciones.
Imagen ilustrativa. Los Espíritus no tienen alas, solo sirve para demostrar el estado de bien y amor de los Espíritus superiores hacia nosotros.
485. El afecto de los Espíritus hacia ciertas personas ¿es exclusivamente moral?
  • El afecto verdadero no tiene nada de carnal: pero cuando un Espíritu se apega a una persona, no siempre lo hace por afecto, sino que en ello puede mezclarse un resabio de las pasiones humanas.
486. ¿Se interesan los Espíritus por nuestros infortunios y por nuestra prosperidad? Aquellos que nos quieren bien ¿se afligen por los males que experimentamos en vida?
  • Los Espíritus buenos hacen todo el bien que les es posible y se sienten felices por todas vuestras alegrías. Se apenan por vuestros males cuando no los sobrelleváis con resignación, porque en tal caso esas desdichas no os reportan beneficio, y sois iguales al enfermo que rechaza el brebaje amargo que habrá de curarlo.
487. ¿De qué clase de nuestros males se afligen más los Espíritus, de los físicos o de los morales?
  • Por vuestro egoísmo y dureza de corazón. De ahí procede todo. Ellos ríen, en cambio, de todos esos males imaginarios nacidos del orgullo y de la ambición, y se regocijan de aquellos que tienen por efecto el de abreviar vuestro período de pruebas.
Sabiendo los Espíritus que la vida corporal no es sino transitoria y que las tribulaciones que la acompañan son medios para llegar a un estado mejor, se apenan más por las causas morales que nos alejan de la buena senda, que por los males físicos que sufrimos y que sólo son pasajeros.
Poco se preocupan los Espíritus por las desventuras que solamente afectan nuestras ideas mundanas, del mismo modo que hacemos nosotros con las pueriles congojas de los niños.
El Espíritu, que ve en las adversidades de la vida un medio de adelanto para nosotros, las considera como la crisis momentánea que ha de salvar al enfermo. Se compadece de nuestros sufrimientos, así como nosotros nos dolemos de los de un amigo. Pero, como ve las cosas desde un punto de vista más justo, los evalúa de otro modo que nosotros, y mientras los buenos Espíritus reaniman nuestro valor en interés de nuestro propio futuro, los otros nos empujan a la desesperación, con el designio de comprometer ese futuro.

488. Nuestros parientes y amigos que nos han precedido en el regreso a la otra vida ¿tienen más simpatía por nosotros que los Espíritus que nos son extraños?
  • Sin duda, y a menudo os protegen como Espíritus, según su poder.
488 a. ¿Son ellos sensibles al afecto que les profesamos?
  • Muy sensibles, pero en cambio olvidan a quienes los han olvidado.

AMOR FRATERNAL