sábado, 15 de junio de 2013

Simpatías y antipatías terrestres

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo IV y VII


386. Dos seres que se han conocido y amado ¿pueden volver a encontrarse en otra existencia corporal y reconocerse?
  • Reconocerse, no. Pero sentirse atraídos recíprocamente, sí. Y a menudo ciertos lazos íntimos basados en una afección sincera no tienen otra causa que esa. Dos seres son acercados el uno al otro por circunstancias que en apariencia son fortuitas, pero que constituyen el resultado de la atracción de ambos Espíritus, que a través de la muchedumbre se buscan.
386 a. ¿No sería más grato para ellos el reconocerse?
  • No siempre. El recuerdo de las pasadas existencias tendría inconvenientes más serios de lo que creéis. Después de la muerte se reconocerán y sabrán en qué tiempo han estado juntos. (Véase parágrafo 392.)
387. La simpatía ¿tiene en todos los casos por motivo un conocimiento anterior?
  • No. Dos Espíritus que armonizan se buscan naturalmente, sin que se hayan conocido como seres humanos.
388. Los encuentros que se han verificado a veces entre ciertas personas, y que se atribuyen al azar, ¿no serían el efecto de una especie de relaciones simpáticas?
  • Hay entre los seres pensantes lazos que todavía no conocéis. El magnetismo es la explicación de esa ciencia que más adelante comprenderéis mejor.
389. ¿A qué se debe la repulsión instintiva que a primera vista experimentamos hacia ciertas personas?
  • Espíritus antipáticos, que se adivinan y se reconocen sin hablarse.
390. La antipatía instintiva ¿denota siempre una condición malvada?
  • Dos Espíritus no son por fuerza malos porque no simpaticen el uno con el otro. La antipatía puede nacer de una falta de similitud en la manera de pensar. Pero, a medida que se elevan, los matices se van borrando y la antipatía desaparece.
391. La antipatía entre dos personas ¿nace primero en aquella cuyo Espíritu es peor, o en la otra, cuyo Espíritu es mejor?
  • En una y en otra, pero las causas y efectos son diferentes. Un Espíritu malo siente antipatía por cualquiera que pueda juzgarlo y desenmascararlo. Al ver a una persona por primera vez, sabe que va a ser desaprobado por ella. Su distanciamiento se trueca en odio, en envidia, y le inspira el deseo de hacer el mal. El Espíritu bueno experimenta repulsión hacia el malvado, porque sabe que éste no le comprenderá y que no comparten iguales sentimientos. Pero, apoyado en su superioridad, no siente hacia el otro ni odio ni envidia. Se limita a evitarlo y compadecerlo.

VIII.- Semejanzas físicas y morales

207. Los progenitores suelen transmitir con frecuencia a sus hijos una semejanza física. ¿Les transmiten también un parecido moral?
  • No, puesto que se trata de almas o Espíritus diferentes. El cuerpo procede del cuerpo, pero el Espíritu no procede del Espíritu. Entre los descendientes de las razas sólo existe consanguinidad.
207 a. ¿A qué se deben las semejanzas morales que existen a veces entre padres e hijos?
  • Son Espíritus que simpatizan, atraídos por la similitud de inclinaciones.
208. Los Espíritus de los progenitores ¿no ejercen influencia sobre el del niño después del nacimiento de éste?
  • Tienen una influencia muy grande. Como ya dijimos, los Espíritus deben coadyuvar a su mutuo progreso. Pues bien, los de los padres tienen por misión desarrollar el de sus hijos mediante la educación. Para el Espíritu del padre es esta una tarea: si falla, será culpable.
209. ¿Por qué padres buenos y virtuosos engendran niños de naturaleza perversa? Dicho de otro modo: ¿por qué las buenas cualidades de los progenitores no atraen siempre, por simpatía, a un Espíritu bueno para animar a su hijo?
  • Un Espíritu malo puede solicitar padres buenos, con la esperanza de que sus consejos lo encaminarán por una senda mejor, y a menudo Dios se los concede.
210. ¿Pueden los padres, mediante sus pensamientos y plegarias, atraer hacia el cuerpo de su hijo a un Espíritu bueno más que a uno inferior?
  • No, pero podrán mejorar al Espíritu del hijo que han engendrado y que les es confiado. Tal es su deber. Malos hijos constituyen una prueba para sus progenitores.
211. ¿A qué se debe la semejanza de carácter que existe a menudo entre dos hermanos, sobre todo en el caso de gemelos?
  • Espíritus simpáticos, que se acercan por la afinidad de sus sentimientos y que se sienten dichosos de estar juntos.
212. En los hermanos siameses, cuyos cuerpos están unido el uno al otro y que poseen ciertos órganos en común, ¿hay dos Espíritus, o sea dos almas?
  • Sí, pero la semejanza entre ambos hace muchas veces que parezcan sólo uno a vuestros ojos.
213. Puesto que los Espíritus encarnan en los hermanos gemelos por simpatía, ¿cuál es la causa de la aversión que en ciertos casos se advierte entre éstos?
  • No es regla que los gemelos sean Espíritus que simpatizan. Ciertos Espíritus malos pueden haber querido luchar juntos en el teatro de la vida.
214. ¿Qué pensar de las historias según las cuales algunos niños luchan en el mismo seno materno?
  • Es una imagen. Para expresar que su odio era antiguo, se le ha hecho remontar hasta antes de su nacimiento. Por lo general, no tomáis suficientemente en cuenta las figuras poéticas.
215. ¿A qué se debe el carácter distintivo que se observa en cada pueblo?
  • Los Espíritus tienen también familias, formadas por la afinidad de sus inclinaciones, más o menos depuradas, según sea su grado de elevación. Y bien, un pueblo es una gran familia en la que se reúnen Espíritus que simpatizan. La tendencia a unirse que tienen los miembros de esas familias da origen al parecido existente, que determina el carácter distintivo de los individuos de cada pueblo.
  • ¿Crees por ventura que Espíritus buenos y humanitarios buscarán, para encarnar, un pueblo duro y grosero? No, los Espíritus simpatizan con las masas, así como con los individuos: mas siempre procurando su medio.
216. ¿Conserva el hombre, en sus nuevas existencias, huellas del carácter moral de sus vidas anteriores?
  • Sí, puede suceder. Pero al mejorar, cambia. Su posición social podrá también no ser ya la misma. Si de amo como era se convierte en esclavo, sus inclinaciones serán completamente distintas y con trabajo le reconoceríais. Siendo el Espíritu el mismo en las diversas encarnaciones, sus manifestaciones pueden presentar ciertas analogías de una a otra, pero modificadas por los hábitos que su nueva posición le inculca, hasta que un perfeccionamiento notable haya mudado por entero su carácter, porque de orgulloso y ruin, que era antes, puede volverse humilde y humanitario, si se ha arrepentido.
217. ¿Conserva el hombre, en sus distintas encarnaciones, rasgos físicos del carácter de sus vidas precedentes?
  • El cuerpo anterior es destruido y el nuevo no tiene ninguna relación con aquél. Sin embargo, el Espíritu se refleja en el cuerpo. Por cierto que el cuerpo sólo constituye materia, pero pese a ello es modelado de acuerdo con las cualidades del Espíritu, quien le imprime cierto carácter, en modo especial en el semblante, y con razón se ha dicho que los ojos son el espejo del alma. Esto es, que el rostro refleja con más particularidad al alma. Porque una persona excesivamente fea puede tener, sin embargo, algo que agrade cuando su cuerpo es la envoltura de un Espíritu bondadoso, sabio y humanitario, mientras que hay rostros muy bellos que no te hacen sentir nada y por los cuales incluso experimentas repulsión. Podrías creer que sólo los cuerpos bien constituidos son la envoltura de los Espíritus más perfectos, mientras que estás encontrando todos los días a hombres de bien bajo una apariencia exterior deforme. Sin tener un parecido pronunciado, la semejanza de gustos y tendencias puede, pues, dar lo que se llama “aire de familia” a algunos individuos.
Puesto que el cuerpo que reviste al alma en una nueva encarnación no tiene ninguna relación necesaria con el que ella ha dejado, ya que puede provenir de otro origen enteramente distinto, sería absurdo pensar en una sucesión de vidas de una semejanza que sólo es fortuita. Sin embargo, las cualidades del Espíritu modifican con frecuencia a los órganos que sirven a sus manifestaciones, e imprimen al rostro, e inclusive al conjunto de los modales, un sello distintivo. Así pues, bajo la más humilde de las envolturas es posible encontrar la expresión de la grandeza y de la dignidad, al paso que bajo el hábito del gran señor se ve en ocasiones la de la bajeza e ignominia. Algunas personas surgidas de la posición más ínfima adoptan sin esfuerzo los hábitos y modales del mundo elegante. Pareciera como si volviesen a encontrar allí su elemento; mientras que otras, a despecho de su nacimiento y educación, se hallan siempre desubicadas en ese medio. ¿De qué modo explicar este hecho, si no es como un reflejo de lo que ha sido antes el Espíritu?

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

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