domingo, 30 de junio de 2013

Pruebas de la riqueza y de la pobreza

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Libro Tercero: LEYES MORALES

Capitulo VII: LEY DE IGUALDAD


814. ¿Por qué ha concedido Dios a unos riqueza y poder, y miseria a otros?
  • Con el propósito de probar a cada cual de una manera diferente. A más de esto, ya lo sabéis, tales pruebas han sido escogidas por los mismos Espíritus, quienes con frecuencia caen vencidos por ellas.
815. ¿Cuál de las dos pruebas es la más difícil para el ser humano: la de la desgracia o la de la fortuna?
  • Ambas lo son igualmente. La miseria provoca la rebeldía contra la Providencia. La riqueza, por su parte, empuja a todos los excesos.
816. Si bien es cierto que el rico está sujeto a más tentaciones, ¿no es verdad asimismo que posee más medios para realizar el bien?
  • Precisamente es lo que no siempre hace. Se torna egoísta, orgulloso e insaciable. Sus necesidades aumentan con su fortuna y cree no tener jamás lo bastante para sí.
Una alta posición en el mundo y el gozar de autoridad sobre los semejantes son pruebas tan grandes y difíciles como la desgracia. Porque cuanto más rico y poderoso se sea, tanto más obligaciones se tendrán y mayores son los medios disponibles para realizar el bien o cometer el mal. Dios prueba con la resignación al pobre y al rico por medio de uso que haga de sus bienes y de su poder.
Riqueza y poder engendran todas las pasiones que nos unen a la materia y nos alejan de la perfección espiritual. De ahí que Jesús haya dicho: “De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”

VI.- Igualdad de derechos del hombre y la mujer

817. El hombre y la mujer ¿son iguales ante Dios y poseen los mismos derechos?
  • ¿Acaso Dios no concedió a ambos la inteligencia del bien y el mal y la facultad de progresar?
818. ¿A qué se debe la inferioridad moral de la mujer, en ciertas regiones?
  • Al dominio injusto y cruel que ha ejercido el hombre sobre ella. Es un resultado de las instituciones sociales y del abuso de la fuerza sobre la debilidad. En los hombres poco adelantados desde el punto de vista moral la fuerza constituye el derecho.
819. ¿Con qué objeto la mujer es físicamente más débil que el hombre?
  • Para asignarle funciones particulares. Al hombre tocan los trabajos rudos, por ser el más fuerte. La mujer, en cambio, debe encargarse de las tareas delicadas. Y ambos han de ayudarse mutuamente para superar las pruebas de una existencia llena de amargura.
820. La fragilidad física de la mujer, ¿no la pone naturalmente bajo la dependencia del hombre?
  • Dios otorgó a unos la fuerza para que protejan al débil y no con el objeto de que lo esclavicen.
Dios ha adecuado la organización de cada ser a las funciones que debe cumplir. Si dio a la mujer menos fuerza física, la dotó al mismo tiempo de mayor sensibilidad, en armonía con la delicadeza de las funciones maternales y la debilidad de los seres que se confían a su cuidado.
 
821. Las funciones a que la Naturaleza destina a la mujer ¿tienen una importancia equivalente a las asignadas al hombre?
  • Sí, e incluso mayor. Ella da al hombre las primeras nociones de la vida.
822. Puesto que los hombres son iguales ante la ley de Dios ¿deben serlo también ante la ley humana?
  • Es el primer principio de la justicia: “No hagáis a los demás lo que no quisierais que se os hiciere”.
822 a. Según esto, para que una legislación sea perfectamente justa ¿debe consagrar la igualdad de derechos del hombre y la mujer?
  • Sí de derechos, pero no de funciones. Precisa que cada uno de ellos tenga su lugar especificado. Ocúpese el hombre de lo exterior, y la mujer del hogar. Cada cual según sus aptitudes. Para ser equitativa, la ley humana tiene que consagrar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Todo privilegio otorgado a uno o a otro es contrario a la justicia. La emancipación de la mujer sigue al progreso de la civilización. Su esclavitud, en cambio, está de acuerdo con la barbarie. Por otra parte, los sexos sólo existen en lo que concierne a la organización física, ya que los Espíritus pueden adoptar uno u otro, no hay diferencia entre ellos a este respecto y, por tanto, ambos deben disfrutar de iguales derechos.

AMOR FRATERNAL

sábado, 29 de junio de 2013

El mal y el remedio

El Evangelio según el Espiritismo

Allan Kardec

CapituloV: BIENAVENTURADOS LOS AFLIGIDOS


19. Vuestra tierra, ¿es acaso un lugar de alegría o un paraíso de delicias? ¿No resuena aún en vuestros oídos la voz del profeta? ¿No exclamó diciendo, que habría lágrimas y crujimiento de dientes, para los que nacieran en este valle de dolores? Vosotros que venís a vivir en ella, esperad lágrimas ardientes y penas amargas, y cuanto más agudos y profundos sean vuestros dolores, levantad los ojos al cielo y bendecid al Señor por haber querido probaros. ¡Oh, hombres! vosotros no reconoceréis el poder de vuestro maestro, sino cuando haya curado las llagas de vuestro cuerpo y coronado vuestros días de beatitud y de alegría! ¡No conoceréis su amor sino cuando haya adornado vuestro cuerpo con todas las glorias y le haya dado todo su resplandor y su blancura! Imitad, pues, al que se os dio como ejemplo: llegado al último grado de la abyección y de la miseria, tendido en un estercolero, dijo a Dios: "¡Señor, he conocido todos los goces de la opulencia, y me habéis reducido a la miseria más profunda; gracias, gracias, Dios mío, por haber querido probar a vuestro servidor!" ¿Hasta cuándo vuestras miradas se pararán en los horizontes marcados por la muerte? ¿Cuándo querrá vuestra alma, en fin, lanzarse más allá de los límites de una tumba? Pero si hubiéseis de llorar y sufrir toda una vida, ¿qué es eso al lado de la eternidad de la gloria reservada al que haya sufrido la prueba con fe, amor y resignación? Buscad, pues, consuelos a vuestros males en el porvenir que Dios os depare y la causa de ellos en vuestro pasado; y vosotros los que más sufrís, consideráos como los felices de la tierra.
 
En el estado de desencarnados, cuando estabais en el espacio, elegísteis vuestra prueba, porque os creísteis bastante fuertes para soportarla; ¿por qué murmuráis ahora? Los que habéis pedido la fortuna y la gloria, fue para sostener la lucha de la tentación y vencerla. Los que habéis pedido luchar con el espíritu y tu cuerpo contra el mal y el físico, fue porque sabíais que cuanto más fuerte sería la prueba, más gloriosa sería la victoria, y que si salíais de ella triunfantes, aun cuando vuestra carne se hubiese echado en un muladar, a su muerte dejaría escapar un alma resplandeciente de blancura, y purificada por el bautismo de la expiación y del sufrimiento.
 
¿Qué remedios podremos dar a los que son acosados por crueles obsesiones y males graves? Sólo uno hay infalible: la fe, levantar los ojos al cielo. Sí en el acceso de vuestros más crueles sufrimientos, vuestra voz canta al Señor, el ángel a vuestra cabecera os enseñará con su mano la señal de salvación y el lugar que debéis ocupar un día. . . La fe es el remedio cierto del sufrimiento; ella enseña siempre los horizontes del infinito, ante los cuales se borran esos pocos días del presente. No preguntéis, pues, qué remedio es menester emplear para curar tal úlcera o tal llaga, tal tentación o tal prueba; acordáos que el que cree, es fuerte como el remedio de la fe, y el que duda un segundo de su eficacia, es castigado al mismo tiempo, porque en el mismo instante siente las punzantes agonías de la aflicción.
 
El Señor ha marcado con su sello a todos los que creen en El. Cristo os dijo que con la fe se trasportan las montañas, y por mi parte os digo que al que sufre y tenga la fe por sostén, se le colocará bajo su égida y no sufrirá más; los momentos de más fuertes dolores serán para él las primeras notas de alegría en la eternidad. Su alma se desprenderá de tal modo del cuerpo, que mientras éste se retorcerá entre convulsiones, aquélla se cernirá en las celestes regiones cantando con los ángeles himnos de reconocimiento y de gloria al Señor.
¡Felices los que sufren y los que lloran! que sus almas estén alegres, porque serán premiados por Dios. (San Agustín. París, 1863).

Lo necesario y lo supérfluo

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

LIBRO TERCERO
Capitulo V: LEY DE CONSERVACIÓN.

III.- Disfrute de los bienes terrenos

711. El uso de los bienes de la tierra ¿constituye un derecho del que gozan todos los hombres?
  • Ese derecho es la consecuencia de la necesidad de vivir. Dios no puede haber impuesto un deber sin que haya provisto un medio para cumplirlo.
712. ¿Con qué objeto ha dado Dios un atractivo al disfrute de los bienes materiales?
  • Es para incitar al hombre al cumplimiento de su misión, y también para probarlo por medio de la tentación.
712 a. ¿Cuál es la finalidad de esa tentación?
  • Desarrollar su razón, la cual debe preservarlo de los excesos.
Si el hombre hubiera sido incitado al uso de los bienes terrenales sólo con miras a la utilidad, su indiferencia hubiese podido comprometer la armonía del Universo. Dios le ha concedido el atractivo del placer, que lo induce al cumplimiento de los designios de la Providencia. Pero por medio de ese mismo atractivo quiso Dios además probarlo con la tentación que lo arrastra al abuso, y del cual su razón debe defenderlo.
 
713. La Naturaleza ¿ha trazado límites a los goces?

  • Sí, para señalaros la frontera de lo necesario. Pero, con vuestros excesos llegáis hasta la saciedad y así os castigáis vosotros mismos.
714. ¿Qué pensar del hombre que busca, en los excesos de toda índole, un refinamiento de sus deleites?
  • ¡Pobre criatura, a la que hay que tener lástima y no envidiar, pues muy cerca de la muerte se encuentra!
714 a. ¿Cerca de la muerte física o de la muerte moral?
  • De ambas.
El hombre que busca en los excesos de toda clase un refinamiento para sus goces se pone por debajo del animal, porque éste sabe detenerse en la satisfacción de su necesidad. Aquél abdica de la razón que Dios le ha dado por guía, y cuanto mayores son sus excesos, tanto más dominio concede a su naturaleza animal sobre su naturaleza espiritual. Las enfermedades y la muerte que son las secuelas del abuso, constituyen al mismo tiempo el castigo de éste, por la transgresión que significa a la ley de Dios.
 

IV.- De lo necesario y lo superfluo

715. ¿Cómo puede el hombre conocer el límite de lo necesario?
  • El sensato lo conoce por intuición, y muchos lo conocen por experiencia y a sus expensas.
716. La Naturaleza ¿no nos ha trazado el límite de nuestras necesidades por nuestra propia organización?
  • En efecto, pero el hombre es insaciable. La Naturaleza le señala el límite de sus necesidades por su propia organización, pero los vicios han alterado la constitución del hombre, creándole necesidades que no son reales.
717. ¿Qué debemos pensar de aquellos que acumulan bienes terrenales para procurarse lo superfluo, en perjuicio de quienes carecen de lo necesario?
  • Aquéllos entregan al olvido la ley de Dios y tendrán que responder por las privaciones que hayan hecho sufrir a otros.
La frontera entre lo necesario y lo superfluo no posee nada de absoluto. La civilización ha creado necesidades que los salvajes no tienen, y los Espíritus que han dictado estos preceptos no pretenden que el hombre civilizado deba vivir como el salvaje. Todo es relativo, y cabe a la razón conceder lo justo a cada cosa. La civilización desarrolla el sentido moral y al propio tiempo el sentimiento de la caridad, que lleva a los hombres a prestarse mutuo apoyo. Los que viven a costa de las privaciones de los demás explotan en su provecho los beneficios de la civilización. De ésta sólo poseen el barniz, así como personas hay que no tienen de la religión más que la máscara.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

jueves, 27 de junio de 2013

Necesidad de la encarnación

El Evangelio según el Espiritismo

Allan Kardec

Capitulo IV: 

NADIE PUEDE VER EL REINO DE DIOS SINO AQUEL QUE RENACIERE DE NUEVO


25. "¿ Es un castigo la encarnación y están sujetos a ello sólo los espíritus culpables?"
 
El tránsito de los espíritus por la vida corporal es necesario para que éstos puedan cumplir, con el auxilio de una acción material, los designios cuya ejecución les confía Dios; es necesario para ellos mismos, porque la actividad que están obligados a desplegar, ayuda al desarrollo de la inteligencia. Siendo Dios soberanamente justo, debe hacer parte igual a todos sus hijos; por esto da a todos un mismo punto de partida, la misma aptitud, las "mismas obligaciones que cumplir y la misma libertad de obrar", todo privilegio sería una preferencia, y toda preferencia una injusticia. Pero la encarnación, para todos los espíritus, sólo es un estado transitorio; es un deber que Dios les impone al empezar su vida, como primera prueba del uso que harán de su libre albedrío. Los que desempeñan este deber con celo, pasan rápidamente y con menos pena los primeros grados de iniciación y gozan más pronto del fruto de sus trabajos. Por el contrario, aquellos que hacen mal uso de la libertad que Dios les ha concedido, retardan su adelanto; así es que por su obstinación, puede prolongarse indefinidamente la necesidad de reencarnarse, y entonces es cuando la encarnación viene a ser un castigo. (San Luis, París, 1859).

26. Nota. Una comparación vulgar hará comprender mejor esta diferencia. El estudiante no obtiene los grados de la ciencia sino después de haber recorrido la serie de clases que a ellos conducen. Esas clases, cualquiera que sea el trabajo que exijan, son un medio de llegar al fin, y no un castigo. El estudiante laborioso abrevia el camino, y encuentra en él menos abrojos; lo contrario sucede al que por pereza y negligencia le obligan a duplicar ciertas clases. No es, pues, el trabajo de una clase lo que constituye el castigo, sino la obligación de volver a empezar el mismo trabajo.
Lo mismo sucede al hombre en la tierra. Para el espíritu del salvaje, que está casi al principio de la vida espiritual, la encarnación es un medio de desenvolver su inteligencia; pero para el hombre ilustrado cuyo sentido moral está muy desarrollado, y que está obligado a redoblar las jornadas de una vida corporal llena de angustias, cuando podía ya haber llegado al fin, es un castigo por la necesidad en que está de prolongar su morada en los mundos inferiores y desgraciados. Por el contrario, aquel que trabaja activamente en su progreso moral, puede, no sólo abreviar la duración de la encarnación moral, sino pasar de una sola vez los grados intermedios que le separan de los mundos superiores.
¿No podrían los espíritus encarnarse sólo una vez en el mismo globo y cumplir sus diferentes existencias en esferas también diferentes? Sería admisible esta opinión cuando todos los hombres estuviesen en la tierra, exactamente en el mismo nivel intelectual y moral. Las diferencias que existen entre ellos, desde el salvaje hasta el hombre civilizado, manifiestan los grados que están llamados a recorrer. Por otra parte, la encarnación debe tener un objeto útil; de otro modo, ¿cuál sería el de las encarnaciones efímeras de los niños que mueren en edad temprana? Hubieran sufrido sin provecho para ellos ni para otro; Dios, cuyas leyes son soberanamente sabias, no hace nada inútil. 

Por la reencarnación en el mismo globo, ha querido que los mismos espíritus encontrándose de nuevo en contacto, tuviesen ocasión de reparar sus faltas recíprocas: por el hecho de sus relaciones anteriores, ha querido además fundar los lazos de familia en una base espiritual, y apoyar en una ley de la naturaleza los principios de solidaridad, de fraternidad y de igualdad.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

miércoles, 26 de junio de 2013

Ley de conservación

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec
LIBRO SEGUNDO
Capitulo V

I.- Instinto de conservación

702. ¿Es una ley natural el instinto de conservación?
  • A no dudarlo. Es dado a todos los seres vivientes, sea cual fuere su grado de inteligencia. En unos es puramente mecánico; en otros, racional.
703. ¿Con qué objeto otorgó Dios a todo ser vivo el instinto de conservación?
  • Porque todos ellos deben cooperar a los designios de la Providencia. Por eso Dios les dio la necesidad de vivir. Además, la vida es necesaria para el perfeccionamiento de los seres. Éstos lo sienten por instinto, sin caer en la cuenta de ello.

II.- Medios de conservación

704. Al dar Dios al hombre la necesidad de vivir, ¿le ha provisto siempre de los medios?
  • Sí, y si no los encuentra es por falta de comprensión. Dios no ha podido dar al hombre la necesidad de vivir sin proporcionarle los medios para ello, de ahí que haga Él producir a la tierra aquello que provea de lo necesario a todos sus habitantes; porque únicamente lo necesario es útil, al paso que lo superfluo nunca lo es.
705. ¿Por qué no siempre produce la tierra lo bastante para abastecer de lo necesario al hombre?
  • Porque el hombre –ingrato- la descuida. No obstante, es ella una excelente madre. Con frecuencia también el hombre acusa a la Naturaleza de aquello que constituye un resultado de su impericia o de su imprevisión. La tierra produciría siempre lo necesario si el hombre supiera contentarse con ello. Si la tierra no basta a todas sus necesidades es porque el hombre emplea en lo superfluo lo que podría destinar a lo necesario. Mira al árabe del desierto: encuentra siempre de qué vivir, porque no se crea necesidades caprichosas. Pero, cuando la mitad de los productos obtenidos se dilapida en satisfacer fantasías, ¿debe el hombre extrañarse de que no le quede nada para el día siguiente, y tiene razón de quejarse de estar desprovisto de todo cuando llegan tiempos de escasez? En verdad os digo, no es la Naturaleza la imprevisora, sino el hombre, que no sabe administrarse.
 
706. Por bienes de la tierra ¿debemos entender únicamente los productos del suelo?
  • El suelo es la fuente primera de donde derivan todos los otros recursos, porque en definitiva esos recursos no son más que una transformación de los productos del suelo. De ahí que haya que entender por bienes de la tierra, todo aquello de que puede el hombre disfrutar en este mundo.
707. A menudo a algunos individuos les faltan recursos para subsistir, aun en medio de la abundancia que les rodea. ¿A quién deben ellos echar la culpa de esta situación?
  • Al egoísmo de los hombres, que no hacen siempre lo que debieran. En segundo lugar, y casi siempre, a sí mismos. Buscad y encontraréis. Estas palabras no quieren significar que base con mirar el suelo para hallar lo que se desea, sino que precisa buscarlo con ardor y perseverancia y no con molicie; sin dejarse desalentar por los obstáculos que con sobrada frecuencia no son otra cosa que medios para poner a prueba vuestra constancia, paciencia y firmeza.
Si la civilización multiplica las necesidades, también multiplica las fuentes de trabajo y los medios de subsistencia. Pero hay que convenir en que a este respecto le queda todavía mucho por hacer. Cuando haya comprendido cuál es su obra, nadie podrá decir que carece de lo necesario, si no es por su propia culpa. La desgracia de muchos consiste en que se internan en un camino que no es el que la Naturaleza les ha trazado, y entonces les falta la inteligencia necesaria para triunfar. Hay sitio para todos bajo el sol, pero a condición de que cada cual ocupe el que le corresponde y no el de los demás.

La Naturaleza no puede ser responsable por los vicios de la organización social y por las consecuencias de la ambición y el amor propio.
...
 
708. ¿No hay situaciones en que los medios de subsistencia no dependen en modo alguno de la voluntad humana, y en que la privación de lo más indispensable es un resultado de la fuerza de las circunstancias?
  • Se trata de una prueba, frecuentemente cruel, que debe sufrir, y a la que sabía que iba a estar expuesto. Su mérito estriba en la sumisión a la voluntad de Dios, si su inteligencia no le proporciona ningún medio para salir de la dificultad. Y si ha de venirle la muerte, tiene que someterse a ella sin protestar, pensando que la hora de la verdadera liberación ha llegado para él y que la desesperación de los postreros instantes puede hacerle perder el fruto de su resignación.
709. Los que en ciertas situaciones críticas se han visto precisados a sacrificar a sus semejantes para alimentarse con sus despojos ¿han cometido un crimen? Y si constituye un crimen ¿se ve atenuado por su necesidad de subsistir, a lo que su instinto de conservación les impulsa?
  • Ya he respondido a eso, diciendo que hay más mérito en sufrir todas las pruebas de la vida con valor y abnegación. Existe homicidio, y crimen de lesa Naturaleza, culpa que debe ser doblemente castigada.
710. En los mundos en que la organización es más depurada, ¿tienen los seres vivos necesidad de alimentarse?
  • Sí, pero sus alimentos se hallan en relación con su naturaleza. Esos alimentos no serían lo bastante sustanciosos para vuestros estómagos groseros. De igual modo, ellos no podrían digerir los vuestros.

AMOR FRATERNAL

¿Como debemos recordar a quienes han partido para el mundo espiritual?

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo VI: VIDA ESPIRITISTA

IX.- Conmemoración de los difuntos. Funerales

320. ¿Son sensibles los Espíritus al recuerdo de quienes los amaron en la Tierra?
  • Mucho más de lo que podéis creer. El recuerdo se suma a su felicidad, si son dichosos. Y si son desgraciados, es para ellos un alivio.
321. El día de la conmemoración de los difuntos, ¿tiene algo de más solemne para los Espíritus? ¿Se preparan para venir a visitar a aquellos que deben ir a orar sobre sus despojos?
  • Los Espíritus acuden al llamado del pensamiento, así en ese día como en los otros.
321 a. Esa jornada ¿representa para ellos una cita junto a las sepulturas?
  • En tal fecha son allí más numerosos, porque hay más personas que les llaman. Pero cada cual sólo vienen por sus amigos y no por la multitud de los que le son indiferentes.
321 b. ¿Bajo qué forma acuden allí, y cómo les veríamos si pudieran hacerse visibles?
  • Bajo la forma que se les conoció en vida.
322. Los Espíritus olvidados, cuyas tumbas nadie va a visitar ¿acuden a ellas a pesar de esto, y se acongojan al comprobar que ningún amigo les recuerda?
  • ¿Qué les importa la Tierra? Sólo están ligados a ella por el corazón. Si no está allí el amor, nada más hay que retenga al Espíritu: todo el Universo tiene por delante.
323. La visita a la tumba ¿da al Espíritu mayor satisfacción que una plegaria íntima?
  • La visita a la tumba constituye un modo de demostrar que se piensa en el Espíritu ausente. Es la imagen de él. Ya os dije que la oración santifica el acto del recuerdo. Poco importa el lugar en que se pronuncie, si se lo hace con el corazón.
324. Los Espíritus de las personas a quienes se erigen estatuas o monumentos ¿asisten al acto de inauguración de los mismos, y los ven con placer?
  • Muchos concurren, cuando pueden hacerlo, pero son menos sensibles al honor que se les rinde que al recuerdo que se les dispensa.
325. ¿De dónde puede venir a ciertas personas el deseo de ser sepultadas en determinado sitio más bien que en otro? ¿Vuelven a él con mejor voluntad después de su muerte? Y esa importancia concedida a algo material ¿constituye un signo de inferioridad en el Espíritu?
  • Afección del Espíritu por ciertos lugares: inferioridad moral. Para un Espíritu elevado ¿qué significa un rincón de la Tierra más que otro? ¿No sabe que su alma se reunirá con quienes ama, aun cuando sus huesos estén lejos?
325 a. La reunión de los despojos mortales de todos los miembros de una sola familia ¿debe considerarse como una cosa fútil?
  • No: es una costumbre piadosa y un testimonio de simpatía hacia aquellos a quienes se amó. Si bien esa reunión importa poco a los Espíritus, es útil a los hombres, porque los recuerdos se concentran mejor.
326. Al retornar a la vida espiritual ¿es sensible el alma a los honores que se tributan a sus despojos mortales?
  • Cuando el Espíritu ha llegado a cierto grado de perfección no tiene ya vanidad terrestre y comprende la futilidad de todas esas cosas. Pero debes saber que abundan los Espíritus que, en los primeros momentos posteriores a su muerte material, experimentan gran satisfacción con los honores que se les rinden, o les disgusta la indiferencia con que tratan su envoltura, porque conservan todavía algunos de los prejuicios de la Tierra.
327. ¿Está presente el Espíritu en su funeral?
  • Con mucha frecuencia concurre, pero a veces no se da cuenta de lo que sucede, si se halla aún en estado de turbación.
327 a. ¿Le halaga la asistencia de personas a su entierro?
  • Más o menos, según sea el sentimiento que a esas personas mueva.
328. El Espíritu que acaba de desencarnar ¿va a las reuniones de sus herederos?
  • Casi siempre. Dios así lo quiere, para su propia instrucción y para castigo de los culpables. Allí juzga lo que valían las solemnes declaraciones de los deudos. Para el Espíritu, todos los sentimientos de los asistentes están a la vista, y la desilusión que experimenta al comprobar la rapacidad de aquellos que están repartiéndose sus despojos le ilumina acerca de sus sentimientos: mas a ellos, también, ya les llegará su turno.
329. El respeto instintivo que el hombre, en todos los tiempos y en la totalidad de los pueblos, demuestras sentir por los difuntos ¿es efecto de la intuición que tiene de la vida futura?
  • Es su consecuencia natural. A no ser por ello, ese respeto no tendría sentido. 

AMOR FRATERNAL

Integración

Enseñemos a nuestros hijos a integrarse con sus pares. 
No importa que condición social tengan, no importa su raza, ni su condición física. 
Todos somos Espíritus encarnados en vías de evolución y por lo tanto debemos ayudarnos unos a otros. 

Y ellos nos enseñaran a practicar la solidaridad!

video

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL

lunes, 24 de junio de 2013

Recuerdo de la existencia corporal

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo VI: VIDA ESPIRITISTA


304. ¿Se acuerda el Espíritu de su existencia corporal?
  • Sí, es decir que, habiendo vivido muchas veces como hombre, rememora lo que ha sido, y te aseguro que a veces se ríe de compasión de sí mismo.
Así como un hombre que ha alcanzado la edad de la razón ríe de las locuras de su juventud o de las puerilidades de su infancia.
 
305. El recuerdo de la vida corporal ¿se presenta al Espíritu de una manera completa y súbita, después de la muerte?
  • No, le vuelve poco a poco, como algo que va saliendo de la bruma, y a medida que fija en él su atención.
306. El Espíritu ¿recuerda en detalle todos los acontecimientos de su vida, abarcando el conjunto de ella de una mirada retrospectiva?
  • Rememora las cosas en virtud de las consecuencias que han tenido sobre su estado como Espíritu. Pero, como comprenderás, hay circunstancias de su vida a las que no concede la menor importancia, y de las cuales no trata ni siquiera de acordarse.
306 a. ¿Podría recordarlas si lo quisiera?
  • Puede memorar los detalles e incidentes más pormenorizados, ya sea de los sucesos y también de sus pensamientos. Pero no lo hace cuando ello no reviste utilidad.
306 b. ¿Entrevé el objetivo de la vida terrena con relación a la existencia futura?
  • Seguramente que lo ve y lo comprende mucho mejor que en su vida de encarnado. Entiende la necesidad de purificación para llegar al infinito y sabe que en cada existencia se va despojando de algunas impurezas.
307. ¿Cómo vuelve a representarse la vida pasada en la memoria del Espíritu? ¿Es quizá por un esfuerzo de su imaginación, o como un cuadro que tenga ante los ojos?
  • Lo uno y lo otro. Todos los hechos que le interesa recordar están como presentes para él. Los demás permanecen más o menos en la vaguedad del pensamiento, u olvidados por completo. Cuanto más desmaterializado se halle, tanto menos importancia concederá a las cosas materiales. Tú evocas a menudo a un Espíritu errante que acaba de dejar la Tierra y que no se acuerda de los nombres de las personas a quienes amaba, ni de muchos pormenores que a ti se te antojan importantes. Él se preocupa poco de éstos, que caen en el olvido. De lo que se acuerda muy bien es de los hechos principales que le ayudan a mejorarse.
308. ¿Recuerda el Espíritu todas las existencias que precedieron a la última que acaba de abandonar?
  • Todo su pasado se desarrolla ante él, así como las etapas que el viajero ha recorrido. Pero –lo hemos dicho ya-, no tiene presentes de una manera absoluta la totalidad de los hechos. Sólo los recuerda en virtud de la influencia que han tenido sobre su actual estado de Espíritu. En cuanto a las primeras existencias, aquellas que se pueden considerar como la infancia del Espíritu, se pierden en el vacío, desapareciendo en la noche del olvido.
309. ¿Cómo considera el Espíritu al cuerpo que acaba de dejar?
  • Como una ropa inadecuada, que le molestaba, y de la cual está dichoso de haberse desembarazado.
309 a. ¿Qué sentimiento le hace experimentar la vista de su cuerpo en descomposición?
  • Casi siempre de indiferencia, como una cosa que ha dejado de interesarle.
310. Al cabo de cierto lapso, ¿reconoce el Espíritu los huesos, u otros objetos que la han pertenecido?
  • A veces. Depende del punto de vista más o menos elevado desde el cual contemple las cosas terrenales.
311. El respeto que se profesa por las cosas materiales que pertenecieran al Espíritu, ¿llama su atención sobre esos objetos, y ve tal respeto con placer?
  • El Espíritu se siente siempre dichoso por el recuerdo que de él se tiene. Las cosas que conservamos de él avivan su recuerdo en nosotros, pero es el pensamiento el que lo atrae hacia vosotros, y no tales objetos.
312. ¿Conservan los Espíritus la memoria de los sufrimientos que han soportado durante su última existencia corporal?
  • Con frecuencia la conservan, y ese recuerdo les hace sentir mejor el precio de la felicidad de que pueden disfrutar como Espíritus.
313. El hombre que ha sido afortunado en la Tierra ¿lamenta sus goces perdidos al dejar este mundo?
  • Sólo los Espíritus inferiores pueden sentir nostalgia por placeres que están de acuerdo con lo impuro de su naturaleza, y que ellos expían mediante sus padecimientos. Para los Espíritus elevados, la felicidad eterna es mil veces preferible a los efímeros goces de la Tierra. Así como el adulto, que desdeña aquello que hacia las delicias de su niñez.
314. Aquel que había iniciado importantes tareas con una finalidad útil, y las ve interrumpidas por la muerte, ¿deplora en el otro mundo haberlas dejado inconclusas?
  • No, porque sabe que otros están destinados a terminarlas. Por el contrario, trata de influir sobre algunos Espíritus encarnados en el sentido de que las continúen. Su meta en la Tierra era el bien de la humanidad, y esa meta sigue siendo la misma en el Mundo de los Espíritus.
315. El que al desencarnar dejó trabajos artísticos o literarios, ¿conserva hacia sus obras el amor que les profesaba en vida?
  • Según su elevación, las juzga desde otro punto de vista, y a menudo censura lo que más admiraba.
316. ¿Se interesa todavía el Espíritu por los trabajos que se realizan en la Tierra en pro del adelanto de las artes y ciencias?
  • Depende de su elevación, o de la misión que tal vez deba cumplir. Lo que a vosotros os parece magnífico es con frecuencia muy poca cosa para ciertos Espíritus. Lo admiran, de la manera que el sabio podría admirar la obra de un escolar. Examinan lo que puede probar la elevación de los Espíritus encarnados y sus progresos.
317. Después de la muerte ¿conservan los Espíritus el amor a la patria?
  • Sigue siendo el mismo principio: para los Espíritus elevados la patria es el Universo. La Tierra es el lugar donde tienen mayor número de personas que les son simpáticas.
La situación de los Espíritus y su modo de ver las cosas varían hasta lo infinito, en virtud de su grado de desarrollo moral e intelectivo. Los Espíritus de un orden elevado sólo permanecen en la Tierra, por lo general, durante cortos períodos. Todo lo que en ella se realiza es tan mezquino, si se le compara con las grandezas del infinito, las cosas a que los hombres otorgan más importancia son tan pueriles a los ojos de los Espíritus, que éstos encuentran pocos motivos de atracción aquí, a menos que hayan sido llamados a nuestro mundo para cooperar al progreso del género humano. Los Espíritus de un orden medio vienen con más frecuencia a la Tierra, aunque consideran las cosas desde un punto de vista más elevado que durante la encarnación. Los Espíritus vulgares, en cambio, son en cierto modo permanentes entre nosotros y constituyen la masa de la población circundante del Mundo Invisible. Han conservado más o menos las mismas ideas, gustos e inclinaciones que tenían bajo su envoltura corpórea. Se suman a nuestras reuniones y se mezclan en nuestros asuntos y diversiones, en los que desempeñan parte más o menos activa, según sea en cada caso su carácter. No pudiendo satisfacer sus pasiones, gozan con los que se entregan a ellas y los incitan a hacerlo.
Pero entre ellos los hay más serios, que miran y observan con el propósito de instruirse, de perfeccionarse.
 
318. ¿Se modifican las ideas de los Espíritus en el Mundo Espiritual?
  • Mucho. Experimentan grandísimas modificaciones, a medida que el Espíritu se va desmaterializando. Puede a veces permanecer largo tiempo con las mismas ideas, pero poco a poco disminuye la influencia de la materia y ve las cosas con más claridad. Entonces busca los medios para mejorarse.
319. Puesto que el Espíritu ya ha vivido la vida espírita antes de su encarnación, ¿a qué debe su asombro al reingresar en el Mundo de los Espíritus?
  • Es sólo el efecto de los primeros momentos y de la turbación que sigue al despertar. Más tarde se recobra perfectamente, conforme le vuelve el recuerdo del pasado y se va borrando la impresión de la idea terrena.

Un abrazo fraterno.
AMOR FRATERNAL


Relaciones simpáticas y antipáticas de los Espíritus / Mitades eternas

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo VI: VIDA ESPIRITISTA


291. Además de la simpatía general, determinada por las semejanzas, ¿tienen entre sí los Espíritus afectos particulares?
  • Sí, del mismo modo que entre los hombres, pero el vínculo que une a los Espíritus es más fuerte cuando se halla el cuerpo ausente, porque aquél no está ya expuesto a las vicisitudes de las pasiones.
292. ¿Se engendran odios entre los Espíritus?
  • Sólo existen odios entre los Espíritus impuros, y son éstos los que os inspiran las enemistades y disensiones que entre vosotros surgen.
293. Dos Seres que hayan sido enemigos en la Tierra ¿se guardarán mutuo rencor en el Mundo de los Espíritus?
  • No. Comprenderán que su aborrecimiento era estúpido, y pueril el motivo del mismo. Sólo los Espíritus imperfectos conservan un estado de animosidad, y ello sucede hasta que se han depurado. Si sólo dividió a los Espíritus un interés material, ya no pensarán en ello, por poco que se hayan desmaterializado. Si no hay entre ellos antipatía, puesto que el motivo de la discordia ya no existe, pueden volver a verse con agrado.
Como dos escolares llegados a la edad de la razón reconocen la puerilidad de las querellas que han tenido en su infancia y cesan de quererse mal.

294. El recuerdo de las malas acciones que dos hombres han podido cometer uno contra el otro ¿constituye un obstáculo para que simpaticen?
  • Sí, les lleva a distanciarse.
295. ¿Qué sentimiento experimentan, después de la muerte, aquellos a quienes hemos hecho mal en la Tierra?
  • Si son buenos, os perdonan conforme a vuestro arrepentimiento. Si son malos, pueden guardaros rencor, y a veces perseguiros hasta en otra existencia. Dios podrá permitirlo, a título de castigo.
296. Los afectos individuales de los Espíritus ¿son susceptibles de alteración?
  • No, porque ellos no pueden engañarse: no tienen ya la máscara tras al cual se ocultan los hipócritas. De ahí que cuando los Espíritus son puros sus afectos sean inalterables. El amor que les une es para ellos la fuente de una ventura suprema.
297. El afecto que dos Seres se han profesado en la Tierra ¿continúa siempre en el Mundo de los Espíritus?
  • Por cierto que sí, si se basa en una verdadera simpatía. Pero si en él tienen más parte las causas físicas que la simpatía, entonces cesará al desaparecer dichas causas. Los afectos entre Espíritus son más firmes y duraderos que en la Tierra, debido a que no están subordinados al capricho de los intereses materiales y del amor propio.
298. Las almas que deben unirse ¿se hallaban predestinadas para esa unión desde su origen, y cada uno de nosotros posee, en alguna parte del Universo, su mitad, con la cual inevitablemente se reunirá algún día?
  • No, no existe unión particular y fatal entre dos almas. La unión es entre todos los Espíritus, pero en grados diferentes, según el rango que ocupen, vale expresar, de acuerdo con la perfección que hayan alcanzado: cuanto más perfectos son, más unidos están. Todos los males de los humanos nacen de la discordia. En cambio, de la concordia resulta la felicidad completa.
299. ¿En qué sentido se ha de entender la palabra mitades, de que se sirven ciertos Espíritus, para designar con ella a los Espíritus que simpatizan?
  • Inexacta expresión. Si un Espíritu fuera la mitad de otro, hallándose separado de éste estaría incompleto.
300. Dos Espíritus que simpatizan por entero, cuando ya se han reunido ¿lo están para la eternidad, o bien pueden separarse y unirse a otros Espíritus?
  • Todos los Espíritus están unidos entre sí. Me refiero a los que han llegado a la perfección. En las esferas inferiores, cuando un Espíritu se eleva no siente ya igual simpatía por aquellos que ha dejado.
301. Dos Espíritus que simpatizan ¿son complemento el uno del otro, o esa simpatía es el resultado de una identificación perfecta?
  • La simpatía que atrae a un Espíritu hacia otro resulta de la total concordancia de sus inclinaciones e instintos. Si uno debiera completar al otro, perdería su individualidad.
302. La identidad necesaria para que se establezca una simpatía perfecta ¿sólo consiste en la similitud de pensamientos y sentimientos, o también en la uniformidad de los conocimientos adquiridos?
  • En la igualdad del grado de elevación.
303. Los Espíritus que hoy no simpatizan ¿pueden llegar a ello más tarde?
  • Sí, todos lo harán. De modo que el Espíritu que en la actualidad se encuentre en una esfera inferior, al perfeccionarse llegará a la esfera donde reside tal otro. Su encuentro tendrá lugar antes si el Espíritu más elevado, soportando mal las pruebas a que se le sometió, es demorado en el mismo estado.
303 a. Dos Espíritus que son simpáticos el uno hacia el otro ¿pueden dejar de serlo?
  • Por cierto que sí, si uno de ellos es perezoso.
La teoría de las mitades eternas es una imagen que describe la unión de dos Espíritus simpáticos. Se trata de una expresión en uso aún en el lenguaje vulgar que no hay que tomar al pie de la letra. Los Espíritus que de ella se han servido no pertenecen, seguramente, al orden más elevado. La esfera de sus ideas es por fuerza limitada, y han podido traducir sus pensamientos con los términos de los que se hubieran valido durante su vida corporal. Se ha de rechazar, pues, la idea de que dos Espíritus creados el uno para el otro deban un día reunirse inevitablemente en la eternidad, tras haber sido separados durante un lapso más o menos prolongado.

AMOR FRATERNAL

domingo, 23 de junio de 2013

Objeto de la encarnación

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

Capitulo II: ENCARNACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

132. ¿Qué objeto tiene la encarnación de los Espíritus?
  • Dios se la impone con el propósito de hacerlos alcanzar la perfección. Para unos constituye una expiación; para otros, una misión. Pero, para llegar a esa perfección deben sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal: en ello reside la expiación. La encarnación tiene asimismo otra finalidad, consiste en poner al Espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la obra de la Creación. Para cumplirla, toma en cada mundo un instrumento de acuerdo con la materia esencial de ese globo a fin de ejecutar, desde ese punto de vista, las órdenes de Dios. De modo que, cooperando a la obra general, progrese él mismo.
La acción de los seres corpóreos es necesaria a la marcha del Universo. Pero con su sabiduría quiso Dios que en esa acción misma aquéllos encontraban un medio de progresar y acercarse a Él. Así, por una ley admirable de su providencia, todo se eslabona, todo es solidario en la Naturaleza.

133. Los Espíritus que desde el comienzo siguieron el camino del bien ¿tienen necesidad de la encarnación?
  • Todos ellos son creados simples e ignorantes, y se instruyen en las luchas y tribulaciones de la vida corporal. Siendo justo, no podía Dios hacer dichosos a algunos sin penas ni trabajos y, por tanto, sin mérito.
133 a. Pero entonces ¿de qué vale a esos Espíritus haber seguido la senda del bien, si ello no les exime de las penas de la existencia corporal?
  • Llegan más pronto a la meta. Además, los pesares de la vida son muchas veces la consecuencia de la imperfección del Espíritu. Cuanto menos imperfecciones tenga, tanto menores serán los tormentos que padezca. Aquel que no es envidioso ni celoso, avaro ni ambicioso, no sufrirá los suplicios que de esos defectos nacen.

II.- Del alma

134. ¿Qué es el alma?
  • Un Espíritu encarnado.
134 a. ¿Qué era el alma antes de unirse al cuerpo?
  • Espíritu.
134 b. En consecuencia, ¿las almas y los Espíritus son la misma cosa?
  • En efecto, las almas no son sino los Espíritus. Antes de unirse al cuerpo, el alma es uno de los Seres inteligentes que pueblan el Mundo Invisible y que se revisten temporariamente de una envoltura carnal, para purificarse y esclarecerse.
135. ¿Hay en el hombre otra cosa fuera del alma y el cuerpo?
  • Existe el vínculo o lazo que une el alma con el cuerpo.
135 a. ¿Cuál es la naturaleza de ese vínculo?
  • Semimaterial, esto es, intermedia entre la naturaleza del Espíritu y el cuerpo. Y ello es necesario para que ambos puedan comunicarse el uno con el otro. Mediante ese lazo obra el Espíritu sobre la materia, y viceversa.
Así pues, el hombre está formado por tres partes esenciales, a saber:
Primera: El cuerpo, o ser material, análogo al de los animales y animado por el mismo principio vital.
Segunda: El alma, Espíritu encarnado cuya habitación es el cuerpo.
Tercera: El principio intermediario, o periespíritu, sustancia semimaterial que sirve de primera envoltura al Espíritu y une el alma con el cuerpo. Tales son, en un fruto, el germen, el periespermo y la corteza.

136. ¿Es independiente el alma del principio vital?
  • El cuerpo no es sino la envoltura, sin cesar lo estamos repitiendo.
136 a. ¿Puede el cuerpo existir sin el alma?
  • Si, y sin embargo, tan pronto el cuerpo cesa de vivir, el alma lo deja. Antes del nacimiento no hay todavía una unión definitiva entre el alma y el cuerpo. Luego que esta unión se ha establecido, la muerte del cuerpo rompe los lazos que lo unen al alma y ésta  abandona a aquél. La vida orgánica puede animar un cuerpo sin alma, pero esta última no puede habitar un cuerpo privado de vida orgánica.
136 b. ¿Qué sería nuestro cuerpo si no existiera el alma?
  • Una masa de carne sin inteligencia, todo lo que queráis, excepto un ser humano.
137. Un mismo Espíritu ¿puede encarnar en dos cuerpos diferentes a la vez?
  • No: el Espíritu es indivisible y no puede animar simultáneamente a dos seres distintos.
138. ¿Qué pensar de la opinión de aquellos que consideran al alma como el principio de la vida material?
  • Es una cuestión de palabras, que no nos interesa. Comenzad por entenderos vosotros mismos.
139. Ciertos Espíritus, y con anterioridad a ellos algunos filósofos, definieron el alma como “una chispa anímica emanada del Gran Todo”. ¿A qué se debe esta contradicción?
  • No hay tal contradicción. Depende del significado de las palabras. ¿Por qué no tenéis un vocablo para cada cosa?
El término “alma” se emplea para expresar cosas muy diferentes. Unos llaman así al principio de la vida, y en esta significación es exacto decir en sentido figurado, que el alma es una chispa anímica emanada del Gran Todo. Estas últimas palabras describen la fuente universal del principio vital, del que cada Ser absorbe una porción y que retorna a la masa después de la muerte. Tal idea no excluye en modo alguno la de un Ser moral distinto, independiente de la materia y que conserva su individualidad. A ese Ser se le denomina igualmente alma, y en esta acepción se puede decir que el alma es un Espíritu encarnado. Al ofrecer diversas definiciones del alma, los Espíritus han hablado conforme a la aplicación que daban a la palabra y según las ideas terrenas de que estaban todavía más o menos imbuidos. Esto proviene de a insuficiencia del lenguaje humano, que no posee un vocablo para expresar cada idea, de ahí el origen de una multitud de errores y de discusiones. He aquí por qué los Espíritus superiores nos recomiendan que nos entendamos primero acerca del significado de las palabras. 
 
...
141. ¿Hay algo de verdad en la opinión de quienes piensan que el alma es exterior y circunda al cuerpo?
  • El alma no se encuentra encerrada en el cuerpo, como el pájaro en la jaula. Ella irradia y se manifiesta fuera de aquél, al modo de la luz a través de un globo de vidrio, o como el sonido en torno de un centro sonoro. Así pues, se puede decir que el alma es externa, pero no por ello será la envoltura del cuerpo. El alma posee dos envolturas: la primera sutil y leve, que tú llamas periespíritu. La otra grosera, material y pesada, que es el cuerpo. El alma constituye el centro de las dos envolturas, así como la pepita o almendra en el carozo, según ya manifestamos.
...
146. ¿Tiene al alma una sede determinada y circunscripta en el cuerpo?
  • No, pero reside más particularmente en la cabeza, en los grandes genios, en todos aquellos que piensan mucho, y en el corazón en aquellos otros cuyos sentimientos y acciones son benéficos para la humanidad toda.
146 a. ¿Qué pensar de la opinión de quienes sitúan el alma en un centro vital?
  • Equivale a decir que el Espíritu habita más bien esa parte de vuestro organismo, porque allí confluyen todas las sensaciones. Los que la sitúan en lo que consideran el centro de la vitalidad la confunden con el fluido o principio vital. Con todo, se puede afirmar que el asiento del alma reside con más particularidad en los órganos que sirven a las manifestaciones intelectivas y morales.

III.- Materialismo

147. ¿Por qué los anatomistas, fisiólogos y, en general, aquellos que profundizan las ciencias de la Naturaleza son llevados tan a menudo al materialismo? 
  • El fisiólogo relaciona todo con lo que ve. Orgullo de los hombres que creen saberlo todo y no admiten que algo pueda exceder a su entendimiento. Su ciencia misma los torna presuntuosos. Piensan que la Naturaleza no puede ocultarles nada.
148. ¿No es lamentable que el materialismo sea una consecuencia de estudios que debieran, por el contrario, mostrar al hombre la superioridad de la inteligencia que gobierna al mundo? ¿Habrá que concluir de ahí que tales estudios son peligrosos?
  • No es cierto que el materialismo sea una consecuencia de esos estudios. Es el hombre el que extrae de ellos falsas conclusiones, porque puede abusar de todo, hasta de las mejores cosas. Además, la nada los aterra más de lo que quieren aparentar, y los “espíritus fuertes” son muchas veces más pedantes que valientes. La mayoría de ellos sólo son materialistas porque no tienen nada con que llenar el vacío de ese abismo que ante ellos se abre. Mostradle una tabla de salvación y se aferrarán a ella con prisa.
...
El ser humano posee por instinto la convicción de que para él no todo termina junto con la vida. La nada le horroriza. En vano se han resistido los hombres al pensamiento del porvenir, pues cuando el supremo instante les llega, pocos dejan de preguntarse qué será de ellos. Porque la idea de dejar la vida para siempre tiene algo de desgarrante. En efecto, ¿quién podría afrontar con indiferencia la perspectiva de una separación absoluta, eterna, de todo lo que amó? ¿Quién sería capaz de ver sin pánico abrirse ante él el inmenso abismo de la nada, adonde irían a sumergirse para siempre todas sus facultades y esperanzas?, y decirse: “¡Y qué! Después de mí, nada, sólo el vacío; pronto no quedará huella alguna de mi paso por la Tierra; incluso el bien que haya realizado será echado al olvido por los ingratos que me lo deben; y ¡nada para compensar todo eso, ninguna otra perspectiva que la de mi cuerpo roído por los gusanos!”
¿No tiene este cuadro algo de horroroso y glacial? La religión nos enseña que no puede ser así y la razón nos lo confirma. Pero esa existencia futura, vaga e indefinida, no posee nada que satisfaga nuestro apego a lo positivo, y es esto lo que en muchas personas engendra la duda. Tenemos un alma, admitido. Pero ¿qué es nuestra alma? ¿Posee ella una forma o apariencia? ¿Es un ser limitado indefinido? Unos dicen que constituye un soplo de Dios, otros que es una chispa, y los hay también que la conceptúan una parte del Gran Todo, principio de la vida y de la inteligencia, pero ¿qué nos enseña todo esto? ¿De qué nos sirve poseer un alma si después de la muerte ella se confundirá en la inmensidad, al modo de las gotas de agua en el océano? ¿Acaso la pérdida de nuestra individualidad no equivale a la nada, para nosotros? Se afirma asimismo que el alma es inmaterial, pero una cosa inmaterial no podría tener proporciones definidas, de modo que para nosotros esto no significa nada. También nos enseña la religión que seremos dichosos o desventurados, según el bien o el mal que hayamos hecho. Pero ¿en qué consiste esa felicidad que en el seno de Dios nos aguarda? ¿Se trata de una beatitud, de una eterna contemplación, sin otra cosa que hacer fuera de entonar loas al Creador? Las llamas del infierno ¿son una realidad o apenas un símbolo? La propia Iglesia las interpreta en esta última significación, mas ¿cuáles son los sufrimientos que allá padeceremos? ¿Dónde está ese lugar de suplicios? En pocas
palabras, ¿qué se hace y se ve en ese mundo que a todos nos espera? Dicen que nadie ha vuelto de él para revelárnoslo. Es este un error, y la misión del Espiritismo consiste precisamente en ilustrarnos acerca de ese porvenir, hacer que hasta cierto punto lo toquemos con el dedo y lo veamos con nuestros propios ojos, no mediante el razonamiento, sino por medio de los hechos. Gracias a las comunicaciones espíritas esto no constituye ya una presunción, una probabilidad sobre la cual cada uno de nosotros pueda tejer sus fantasías, y que los poetas hermoseen con sus ficciones o siembren imágenes alegóricas que nos seduzcan: la que se nos muestra es la realidad, porque son los mismos Seres de ultratumba los que acuden a nosotros para describirnos su situación y contarnos lo que están haciendo, permitiéndonos asistir –si así vale decirlo- a todas las peripecias de su nueva vida, y mostrándonos por ese medio la suerte inevitable que no está reservada, conforme a nuestros méritos o malas acciones. ¿Hay en esto algo de antirreligioso? Muy por el contrario, ya que los incrédulos encuentran en ello la fe y los tibios un acrecentamiento de su fervor y confianza. El Espiritismo es, por tanto, el más poderoso auxiliar de la religión. Y por serlo, Dios lo permite, y lo permite para reanimar nuestras tambaleantes esperanzas y conducirnos a la senda del bien mediante la perspectiva del porvenir.


AMOR FRATERNAL