martes, 27 de mayo de 2014

Regreso al mundo espiritual

El cielo y el infierno

Allan Kardec

Espíritus felices

El señor Sansón
El señor Sansón, antiguo miembro de la Sociedad Espirita de París, falleció el 21 de abril de 1862, al cabo de un año de crueles sufrimientos. Como preveía la muerte, había dirigido al presidente de la Sociedad una carta con el siguiente texto:
“Dado que mi alma puede separarse del cuerpo de un momento para otro, os reitero un pedido que os hice hace aproximadamente un año, en el sentido de que evoquéis a mi Espíritu a la mayor brevedad posible y siempre que lo juzguéis conveniente, a fin de que, en mi carácter de miembro bastante poco útil de nuestra Sociedad durante mi permanencia en la Tierra, pueda hacerle algún bien después de muerto. En esas evocaciones podré brindaros los medios para que estudiéis fase por fase las circunstancias que siguen a lo que el vulgo denomina muerte, y que para nosotros, espiritas, no es más que una transformación, conforme a los indescifrables designios de Dios, aunque siempre útil al objetivo que Él se propone."


(Sociedad Espirita de París, 25 de abril de 1862.)
1. Evocación.
  • Respuesta: Estoy cerca de vosotros, mis amigos.


3. Todo cuanto pueda ilustrarnos sobre el estado del mundo invisible, y que contribuya a que lo comprendamos, es para nosotros una gran enseñanza, pues la idea falsa que se tiene del mundo invisible conduce, la mayoría de las veces, a la incredulidad. No os sorprendan, por lo tanto, las preguntas que os haremos.
  • R. No me sorprenderé, y aguardo vuestras preguntas.

4. Habéis descripto con meridiana claridad la transición de la vida a la muerte. Habéis manifestado que en el momento en que el cuerpo exhala el último suspiro, la vida se quiebra y la visión del Espíritu se extingue. Ese momento, ¿está acompañado de alguna sensación penosa, dolorosa?
  • R. Sin duda, pues la vida es una serie continua de dolores, y la muerte es su complemento. De ahí que sea un desgarramiento violento, como si el Espíritu debiera realizar un esfuerzo sobrehumano para liberarse de su envoltura, esfuerzo que absorbe todo nuestro ser y le hace perder el conocimiento de lo que ocurre.

NOTA. Esta regla no se aplica a todos los casos. La experiencia ha demostrado que muchos Espíritus pierden el conocimiento antes de expirar, y que la separación se produce sin esfuerzo en aquellos que han alcanzado un cierto grado de desmaterialización.

5. ¿Sabéis si existen Espíritus para los cuales el momento de la muerte es más doloroso? Por ejemplo, ¿es más penoso para el materialista, es decir, para aquel que cree que en ese momento todo se acaba para él?
  • R. Eso es cierto, porque el Espíritu preparado ya ha olvidado el sufrimiento, o mejor dicho, ya se ha habituado a él, y la serenidad con que afronta la muerte le impide sufrir doblemente, porque sabe lo que le aguarda. El dolor moral es el más intenso, y su ausencia en ocasión de la muerte constituye un gran alivio. Aquel que no cree se asemeja al condenado a la pena capital, cuyo pensamiento sólo ve la cuchilla y lo desconocido. Existe similitud entre esa muerte y la del ateo.

6. ¿Hay materialistas tan empedernidos que creen seriamente, en ese momento supremo, que serán sumergidos en la nada?
  • R. No cabe duda de que algunos creen en la nada hasta el instante supremo. No obstante, en el momento de la separación, el Espíritu sufre un cambio profundo: la duda se apodera de él y lo atormenta, pues se pregunta qué va a ser de él. Quiere comprender algo, y no lo consigue. La separación no se completa sin esa impresión.


NOTA. En otra ocasión, un Espíritu nos hizo la siguiente descripción de la muerte de un incrédulo: “El incrédulo empedernido experimenta en los últimos instantes la angustia propia de esas pesadillas terribles en las que uno se ve al borde de un abismo, a punto de precipitarse en él. Se esfuerza en huir y no puede. Procura sostenerse de algo, pero no encuentra apoyo y siente que se desliza hacia las profundidades.
Quiere gritar, pero ni siquiera consigue articular un sonido. Entonces vemos que el moribundo se contorsiona, crispa las manos, suelta gritos ahogados, síntomas seguros de la pesadilla de la que es víctima.
En las pesadillas comunes, el despertar os libera de la desesperación, y os sentís aliviados al comprender que apenas soñabais. En cambio, la pesadilla de la muerte se prolonga a menudo por un largo tiempo, incluso durante años, y lo que hace más penosa aún la sensación para el Espíritu son las tinieblas en que se encuentra sumergido”.

7. Habéis manifestado que en el momento de la muerte ya no veíais, sino que presentíais. Es comprensible que ya no vieseis corporalmente. Sin embargo, antes de que se extinguiera la vida, ¿no entreveíais los resplandores del mundo de los Espíritus?
  • R. Eso es lo que dije anteriormente: el instante de la muerte confiere clarividencia al Espíritu. Los ojos dejan de ver, pero el Espíritu, que posee una visión mucho más profunda, descubre instantáneamente un mundo desconocido, y la verdad, que brilla de súbito, le da momentáneamente una inmensa alegría o una pena inexplicable, según el estado de su conciencia y el recuerdo de la vida transcurrida.


NOTA. Se trata del instante que precede a aquel en que el Espíritu pierde el conocimiento, lo que explica el empleo de la palabra momentáneamente, pues las mismas impresiones agradables o penosas se prolongan tras el despertar.

8. ¿Podríais decirnos qué os impresionó, qué visteis en el momento en que vuestros ojos se abrieron a la luz? ¿Podríais describirnos, si fuera posible, el aspecto de las cosas con que os encontrasteis?
  • R. Cuando pude volver en mí y ver lo que había delante de mi vista, quedé como deslumbrado, sin llegar a comprender, porque la lucidez no se recupera repentinamente. No obstante, Dios, que me dio una prueba de su inmensa bondad, permitió que yo recobrara las facultades. Me vi rodeado de numerosos y fieles amigos. Todos los Espíritus protectores que nos asisten estaban alrededor mío y sonreían. Una dicha incomparable los animaba, y yo también, fuerte y con buen ánimo, podía recorrer el espacio sin esfuerzo alguno. En cuanto a lo que vi, no hay cómo describirlo con el lenguaje humano.
  • Volveré más adelante para relataros más ampliamente mi ventura, sin trasponer, desde luego, el límite que Dios ha establecido. Sabed que la felicidad, tal como la entendéis, es una ficción.
  • Vivid sabiamente, santamente, conforme al espíritu de caridad y amor, y tendréis derecho a experimentar sensaciones que ni el más grande entre los poetas sería capaz de describir.



III

9. ¿Con qué aspecto se os han presentado los Espíritus? ¿Con la forma humana?
  • R. Así es, mi querido amigo. Los Espíritus nos enseñaron que en el otro mundo conservan la forma transitoria que poseían en la Tierra, y es verdad. Pero ¡qué diferencia entre la máquina deforme que se arrastra penosamente con su cortejo de pruebas, y la fluidez maravillosa del cuerpo de los Espíritus! La fealdad ya no existe, pues los rasgos han perdido la rudeza de la expresión que constituye la característica distintiva de la raza humana. Dios ha bendecido a esos cuerpos agradables que se mueven con la elegancia de la forma; el lenguaje tiene modulaciones intraducibles para vosotros, y la mirada revela la profundidad de las estrellas.
  • Procurad, mediante el pensamiento, imaginar lo que Dios puede hacer en su omnipotencia; Él, el arquitecto de los arquitectos, y os habréis formado una pálida idea de la forma de los Espíritus.


10. En cuanto a vos, ¿cómo os veis? ¿Os reconocéis con una forma definida y circunscrita, aunque sea fluídica? ¿Sentís que tenéis una cabeza, un tronco, brazos, piernas?
  • R. El Espíritu, dado que conserva la forma humana, aunque divinizada, idealizada, posee sin duda todos los miembros que mencionáis. Siento perfectamente las piernas y los dedos, pues podemos, conforme a nuestra voluntad, aparecer ante vosotros y estrecharos la mano. Estoy cerca de vosotros, y ya he estrechado la mano de todos mis amigos, sin que lo hayan notado. Nuestra condición fluídica nos permite estar en todas partes sin ocupar espacio alguno y sin provocaros sensaciones, si ese es nuestro deseo.
  • En este momento, tenéis las manos cruzadas, y yo he puesto mis manos entre las vuestras. Os digo, por ejemplo, que os estimo, pese a que mi cuerpo no ocupa espacio y que la luz lo atraviesa. Lo que denominaríais milagro, si pudierais verlo, sólo es para el Espíritu la acción continua de cada instante.
  • La visión de los Espíritus no tiene relación con la visión humana, del mismo modo que su cuerpo no tiene ninguna semejanza real; para ellos todo se transforma tanto en la esencia como en el conjunto. Os reitero que el Espíritu tiene una perspicacia divina que todo lo abarca, dado que puede incluso adivinar vuestro pensamiento.
  • También puede adoptar la forma que mejor le convenga para darse a conocer. Sin embargo, en ese aspecto, el Espíritu superior que concluyó sus pruebas prefiere la forma que le ha permitido acercarse a Dios.


11. Los Espíritus no tienen sexo. No obstante, como hasta pocos días atrás erais un hombre, deseamos saber si en vuestro nuevo estado tenéis más de la naturaleza masculina que de la femenina. Además, si lo mismo que ocurre en vuestro caso podría aplicarse a un Espíritu que haya dejado su cuerpo mucho tiempo atrás.
  • R. No tenemos motivo para ser de naturaleza masculina o femenina: los Espíritus no se reproducen. Dios los creó conforme a su voluntad, y si, según sus maravillosos designios, quiso que reencarnen sobre la Tierra, debió disponer la reproducción de las especies por medio del macho y la hembra. No obstante, debéis notar, sin que medien mayores explicaciones, que los Espíritus no pueden tener sexo.


NOTA. Siempre se ha dicho que los Espíritus no tienen sexo. Los sexos sólo son necesarios para la reproducción de los cuerpos.
Dado que los Espíritus no se reproducen, los sexos serían inútiles para ellos. Nuestra pregunta no tenía por finalidad la confirmación de ese hecho, sino saber, visto que el señor Sansón había desencarnado recientemente, qué impresiones conservaba de su estado terrenal. Los Espíritus purificados comprenden perfectamente su naturaleza, pero entre los Espíritus inferiores, que no se han desmaterializado, muchos son los que creen que todavía están en la Tierra, y conservan las mismas pasiones y los mismos deseos.
De ese modo, consideran que siguen siendo hombres o mujeres, lo que ha llevado a algunos a la suposición de que realmente tienen sexo. Algunas contradicciones en ese sentido provienen de los diferentes grados de adelanto de los Espíritus que se comunican.
El error no es de ellos, sino de quienes los interroga sin tomarse el trabajo de profundizar estas cuestiones.

12. ¿Qué opinión os merece nuestra sesión? ¿Su aspecto es el mismo de cuando estabais vivo? ¿Las personas tienen para vosotros la misma apariencia? ¿Es todo tan claro y tan nítido como antes?
  • R. Mucho más claro, porque puedo leer el pensamiento de todos vosotros. Me siento muy feliz con la impresión favorable que me causa la buena voluntad de todos los Espíritus aquí reunidos.
  • Deseo que esa misma comprensión pueda existir no sólo en París, en la reunión de todos los grupos, sino también en toda Francia, donde existen grupos que se separan y se envidian recíprocamente, dominados por Espíritus turbulentos que se complacen con el desorden, mientras que el espiritismo debe suscitar el desprecio completo y absoluto del yo.

13. Dijisteis que leéis nuestro pensamiento. ¿Podríais explicarnos cómo se produce esa transmisión del pensamiento?
  • R. Eso no es sencillo. Para describiros, para explicaros ese extraño prodigio de la visión de los Espíritus, sería preciso echar mano de todo un arsenal de elementos nuevos, a fin de que supierais tanto como nosotros; pero eso no sería posible, habida cuenta de que vuestras facultades están limitadas por la materia. ¡Paciencia! Progresad en bondad y lo lograréis. Actualmente sólo podéis disponer de lo que Dios os concede, con la esperanza de progresar incesantemente.
  • Más adelante seréis como nosotros. Así pues, procurad una muerte buena para saber mucho. La curiosidad, estímulo del hombre que reflexiona, os conduce tranquilamente hacia la muerte, y os reserva la satisfacción de todas vuestras curiosidades anteriores, presentes y futuras. Mientras aguardáis ese momento os diré lo siguiente, a fin de responder –aunque de modo incompleto– a vuestra pregunta: el aire que os rodea, impalpable como nosotros, transporta el carácter de vuestro pensamiento; el soplo que exhaláis es, por así decirlo, la página escrita por vuestras ideas, páginas leídas y comentadas por los Espíritus que constantemente se acercan a vosotros. Ellos son los mensajeros de una telegrafía divina a la que nada se le escapa.
Continuará...

AMOR FRATERNAL

sábado, 22 de marzo de 2014

Reuniones instructivas

El libro de los Mediumns

Allan Kardec

Capitulo XXIX: REUNIONES Y SOCIEDADES ESPÍRITAS

De las reuniones en general

327. Las reuniones instructivas tienen un carácter muy diferente, y como de ellas es de donde puede sacarse la verdadera enseñanza, insistiremos más sobre las condiciones que deben llenar.
La primera de todas, es el permanecer formales en toda la extensión de la palabra. Es preciso convencerse que los Espíritus a los cuales queremos dirigirnos son de una naturaleza enteramente especial; que no pudiéndose aliar lo sublime con lo trivial, ni el bien con el mal, si quieren obtener cosas buenas, es menester dirigirse a Espíritus buenos; pero no basta pedir buenos Espíritus; es menester condición expresa; estar en disposición propicia para que quieran venir; así, pues, los Espíritus superiores no irán a las asambleas de hombres ligeros y superficiales, como tampoco hubieran ido cuando vivían.
Una sociedad no es verdaderamente formal sino a condición de ocuparse de cosas útiles con exclusión de todas las otras; si aspira a obtener fenómenos extraordinarios por curiosidad o pasatiempo, los Espíritus que los producen podrán ir, pero los otros se alejarán. En una palabra, cualquiera que sea el carácter de una reunión, encontrará siempre Espíritus dispuestos a secundar sus tendencias. Una reunión formal se separa, pues, de su objeto si deja la enseñanza por la diversión. Las manifestaciones físicas como ya lo hemos dicho, tienen su utilidad; los que quieren ver, que vayan a las reuniones experimentales, y los que quieran comprender, que vayan a las reuniones de estudio; de este modo los unos y los otros podrán completar su instrucción espirita como en el estudio de la medicina los unos van a la clase y los otros a la clínica.

328. La instrucción espirita, no comprende sólo la enseñanza moral dada por los Espíritus, también el estudio de los hechos; ella incumbe la teoría de todos los fenómenos, la investigación de las causas, y como consecuencia, la confirmación de lo que es posible y de lo que no lo es; en una palabra, la observación de todo aquello que puede hacer adelantar a la ciencia. Así, pues, sería engañarse el creer que los hechos estén limitados a los fenómenos extraordinarios; que aquellos que hieren más los sentidos sean los únicos dignos de atención; se encuentran a cada paso en las comunicaciones inteligentes y que los hombres reunidos para el estudio no sabrían despreciar; estos hechos, que sería imposible enumerar, surgen de una multitud de circunstancias fortuitas; aunque menos ingeniosas, no dejan de tener interés para el observador que encuentre en ellas o la confirmación de un principio conocido, o la revelación de un principio nuevo que le hace penetrar más adelante en los misterios del mundo invisible; esto pertenece también a la filosofía.

329. Las reuniones de estudio son además de una inmensa utilidad para los médiums de manifestaciones inteligentes, sobre todo para aquellos que tienen deseo formal de perfeccionarse y que no van a ellas con una vana presunción de infabilidad. Uno de los grandes escollos de la mediumnidad, es como lo hemos dicho ya, la obsesión y la fascinación; pueden, pues, hacerse ilusión de muy buena fe sobre el mérito de lo que ellos obtienen, y se concibe que los Espíritus mentirosos encuentran el camino expedito cuando tienen que habérselas con un ciego; por esto alejan a su médium de toda comprobación; que también le hace tomar aversión a cualquiera que pueda ilustrarle; a favor del aislamiento y de la fascinación, pueden a su gusto hacerle aceptar todo lo que quieren.
No nos cansaremos de repetirlo; aquí está no sólo el escollo sino el peligro; sí, lo decimos, un verdadero peligro. El sólo medio de librarse de él, es la comprobación de personas desinteresadas y benévolas que juzgando la comunicaciones con sangre fría e imparcialidad, pueden abrirle los ojos y hacerle ver lo que él no puede por sí solo. Así, pues, todo médium que teme este juicio está ya en el camino de la obsesión; el que cree que la luz sólo se ha hecho para él, está completamente bajo el yugo; si toma a mal las observaciones, si las rechaza, si le irritan, no puede quedar duda sobre la mala naturaleza del Espíritu que le asiste.
Lo hemos dicho, a un médium pueden faltarle los conocimientos necesarios para comprender los errores; puede dejarse engañar por grandes palabras y por un lenguaje pretencioso, ser seducido por los sofismas y esto con toda la buena fe del mundo; por esto, en defecto de sus propias luces, debe modestamente buscar el recurso de otros, según estos dos adagios que cuatro ojos ven más que dos y que uno nunca puede ser juez de su propia causa. A este punto de vista las reuniones son para el médium de una grande utilidad si es bastante sensato para escuchar las amonestaciones, porque allí se encontrarán personas más ilustradas que él, que observarán las diferencias a menudo muy delicadas por donde el Espíritu hace traición a su inferioridad.
Todo médium que desee sinceramente no ser juguete de la mentira, debe, pues, buscar producir en las reuniones formales y llevar a ellas lo que obtenga en particular; aceptar con reconocimiento y solicitar del mismo modo el examen crítico de las comunicaciones que recibe; si es objeto de Espíritus mentirosos, es el medio más seguro de desembarazarse de ellos probándoles que no pueden engañarle. Por lo demás, el médium que se irrita de la crítica es con tan poco fundamento como que su amor propio no debe resentirse por nada, puesto que lo que él dice no es suyo, y que no es más responsable que si leyera los versos de un mal poeta.

Hemos insistido sobre este punto, porque si este es un escollo para los médiums, lo es también para las reuniones a las cuales conviene no conceder confianza ligeramente a todos los intérpretes de los Espíritus. El concurso de todo médium obseso o fascinado les sería más pernicioso que útil; no deben, pues, aceptarle.
Creemos haber entrado en los desarrollos suficientes para que les sea imposible engañarse sobre los caracteres de la obsesión, si el mismo médium no puede conocerla; uno de los más marcados es, sin contradicción, la pretensión de tener sólo la razón contra la de todo el mundo. Los médiums obsesos que no quieren convenir en que lo están, se parecen a aquellos enfermos que se hacen ilusión sobre su salud y se pierden por no querer someterse a un régimen saludable.

330. Lo que debe proponerse una reunión formal es separar a los Espíritus mentirosos; estaría en error si se creyese al abrigo por su objeto y por la cualidad de sus médiums; no lo alcanzará hasta que ella misma se halle en condiciones favorables.
Para comprender bien lo que pasa en esta circunstancia, rogamos que se atienda a lo que hemos dichos anteriormente, (número 231) sobre la influencia del centro. Es menester representarse a cada individuo como rodeado de cierto número de acólitos invisibles que se identifican con su carácter, sus gustos y sus inclinaciones; pues toda persona que entra en una reunión lleva con ella Espíritus que le son simpáticos. Según su número y su naturaleza, estos acólitos pueden ejercer sobre la asamblea y sobre las comunicaciones una influencia buena o mala. Una reunión perfecta sería aquella en que todos sus miembros, animados por un mismo amor al bien, solo llevasen consigo buenos Espíritus; falta de la perfección, la mejor será aquella en que el bien supere al mal. Esto es demasiado lógico para que sea necesario insistir en ello.

331. Una reunión es un ser colectivo cuyas cualidades y propiedades son la resultante de todas las de sus miembros, y forman como un manojo; así, pues, este manojo tendrá tanta más fuerza cuanto más homogéneo sea. Si se ha comprendido bien lo que se ha dicho (núm. 282, pregunta 5ª) sobre la manera que los Espíritus son advertidos de nuestro llamamiento, se comprenderá fácilmente el poder de la asociación del pensamiento de los asistentes. Si el Espíritu es de algún modo herido por el pensamiento como nosotros lo somos por la voz, uniéndose veinte personas con la misma intención, necesariamente tendrán más fuerza que una sola; pero para que todos estos pensamientos concurran a un mismo fin, es menester que vibren unísonos; que se confundan por decirlo así, en uno solo; lo que no puede tener lugar sin el recogimiento.
Por otra parte, llegando el Espíritu a un centro simpático, está más a gusto; no encontrando allí sino amigos va con más voluntad y está mejor dispuesto a contestar. El que haya seguido con alguna atención las manifestaciones espiritistas inteligentes se habrá podido convencer de esta verdad. Si los pensamientos son divergentes, resulta un choque de ideas desagradables para el Espíritu, y de consiguiente pernicioso para la manifestación. Lo mismo sucede con un hombre que debe hablar en una asamblea; si siente que todos los pensamientos le son simpáticos y benévolos, la impresión que de ello recibe obra sobre sus propias ideas y le dan más verbosidad; la unanimidad de este concurso ejerce sobre él una especie de acción magnética que duplica sus medios, mientras que la indiferencia o la hostilidad le turba y le paraliza; así es que los actores están electrizados por los aplausos; luego los Espíritus mucho más impresionables que los humanos deben sentir aun mucho mejor la influencia del centro.
Toda reunión Espiritista debe, pues, procurar la mayor homogeneidad posible; bien entendido que hablamos de aquellas que quieren llegar a resultados formales y verdaderamente útiles; si se quieren obtener simplemente comunicaciones, aun cuando sea sin reparar en la cualidad de aquellos que las dan, es evidente que todas estas precauciones no son necesarias, pero en tal caso no hay que quejarse tampoco de la cualidad del producto.

332. El recogimiento y la comunión de pensamientos, siendo las condiciones esenciales de toda reunión formal, se comprende que el número demasiado crecido de los asistentes, debe ser una de las causas más contrarias a la homogeneidad. Ciertamente no hay ningún límite absoluto para este número, y se concibe que cien personas, suficientemente recogidas y atentas, estarán en menores condiciones que diez que estuviesen distraídas y en desorden; pero también es evidente que cuanto más grande es el número, más difícil es que las condiciones tengan efecto. Es un hecho probado por la experiencia que los pequeños grupos íntimos están siempre más favorecidos por hermosas comunicaciones, y es por los motivos que hemos explicado.

333. Hay también otro punto que no es menos necesario: la regularidad de las reuniones. En todas hay siempre Espíritus que podrían llamarse los acostumbrados a la asistencia, y no se entienda por esto que queremos decir que estos Espíritus se encuentran por todo y se mezclan en todo; estos son ya Espíritus protectores, ya aquellos a quienes se pregunta más a menudo. No debe creerse que estos Espíritus no tengan otra cosa que hacer que escucharnos; tienen sus ocupaciones y también pueden encontrarse en condiciones poco favorables para ser evocados.
Cuando las reuniones tienen lugar en día y hora fijas se disponen en consecuencia, y es raro que falten. Los hay también que llevan la puntualidad hasta el exceso; se formalizan si se retardan un cuarto de hora, y si ellos mismos señalan el momento de una conversación, se les llamaría en vano algunos minutos más pronto.
Sin embargo, añadamos que aun cuando los Espíritus prefieren la regularidad, los que verdaderamente son superiores, no son meticulosos sobre este punto. La exigencia de una puntualidad rigurosa es una señal de inferioridad, como todo lo que es pueril. Fuera de las horas consagradas sin duda pueden venir, y aun vienen con gusto si el objeto es útil; pero nada es más pernicioso para las buenas comunicaciones que el llamarles a diestro y siniestro, cuando se apodera de nosotros la fantasía y sobre todo sin motivo formal; como no están obligados a someterse a nuestros caprichos, podría ser muy bien que no quisieran incomodarse, y entonces es cuando sobre todo otros pueden tomar su puesto y su nombre.

AMOR FRATERNAL


miércoles, 12 de marzo de 2014

Grupo Mediumnico

DIRETRICES DE SEGURIDAD

DIVALDO PEREIRA FRANCO
J. RAUL TEIXEIRA

Segunda Parte:

30 – ¿Que es un Grupo Mediúmnico y cual es el número adecuado de personas que debe constituirlo?
Divaldo - Entendemos por grupo mediúmnico a la asociación de personas que tienen conocimiento de la Doctrina Espirita y que pretenden dedicarse al estudio de la fenomenología mediumnímica y, simultáneamente practicar la excelente lección del propio Espiritismo que es la caridad.
El número de personas oscila de acuerdo con las posibilidades de los que dirigen el Grupo. Lo ideal es que esté constituido de elementos, como dice Allan Kardec (KARDEC, Allan. El libro de los Médiums, capítulo 29º, ítem 331, 53ª edición, FEB, Brasilia-DF, 1986.), que persigan objetivos superiores, que deseen instruirse y que estén dispuestos al ministerio del servicio continuo; entretanto, merece considerarse que todo grupo de experiencias mediúmnicas fundamentado en un número excesivo de miembros está relativamente predestinado al fracaso. Los espíritus prescriben un número en torno de 15*** (quince), con un máximo 20 (veinte), o no inferior a 6 (seis), para que haya un equipo de los que funcionarán en la mediumnidad, propiamente llamada, bien como el equipo de los que atenderán en el socorro de los pases y a través de la mediumnidad de Adoctrinamiento, y, al mismo tiempo, el grupo de los que podrán atender como asesores para cualquier otra cooperación necesaria.
***NOTA AMOR FRATERNAL: El número de personas que componen el grupo mediumnico varían según el objetivo y finalidad del mismo. Aquí nuestra experiencia y sugerencia del mundo espiritual nos dice que un mínimo de 4 personas, bien intencionadas, en armonía y unión pueden iniciar un grupo de prueba hasta poder integrar al resto de los miembros, pero en nuestro caso no se recomienda mas de 7 u 8 personas finales. Calculamos que la cantidad sugerida por los autores responde a la finalidad y tipos de trabajos que se realizan en su área. 
De no contar con una persona con experiencia y un basto conocimiento de la Doctrina Espirita cada grupo debería, de ser posible, antes de comenzar a realizar las pruebas, ponerse al estado del mundo espiritual para poder evaluar la posibilidad de conformar el mismo y para poder evaluar las aptitudes de cada miembro.

31 - ¿Cuál es el objetivo de una Sesión Mediúmnica?
DivaldoEs, por encima de todo, una oportunidad para el individuo de auto-reformarse; de hacer silencio para escuchar las lecciones de los espíritus que nos visitan después de la muerte, llorando y sufriendo, siendo este un medio de evitar que caigamos en sus errores. Es también olvidar la ilusión de que nosotros estemos ayudándolos a ellos, toda vez que ellos pueden pasar sin nosotros. En el mundo de los espíritus, las Entidades Superiores promueven trabajos de esclarecimiento y de socorro en su favor; nosotros, entretanto, necesitamos de ellos, aún mismo de los que se encuentran sufriendo, porque son la lección de advertencia en nuestro camino, convidándonos al equilibrio y a la serenidad. Así, vemos que la ayuda es recíproca: El médium es alguien que se sitúa entre los dos hemisferios de la vida. El componente de un grupo de socorro mediúmnico, es alguien que debe estar siempre a las ordenes de los Espíritus Superiores para los menesteres elevados.
En la hora da reunión, se deben mantener, además de las actitudes sociales del equilibrio, la serenidad, un estado de paz interior compatible con las necesidades del proceso de sintonía, sin lo que, cualquier intento en este campo, resultarán inútiles, cuando no, negativos.
Después de la reunión, es necesario que se mantenga el mismo ambiente agradable, porque, a la hora en que cesan las labores de la incorporación y la psicografía, (el fenómeno objetivo externo en sí), no acaban los trabajos mediúmnicos en el mundo espiritual. Cuando un paciente sale de la sala de cirugía, el pos operatorio es tan importante cuanto la propia cirugía. Por eso el paciente queda asistido cariñosamente por enfermeros vigilantes, que están asignados para atenderlo ante cualquier necesidad que pueda ocurrir.
Cuando termina la labor mediúmnica, queda allí cerrada momentáneamente la labor de los encarnados, la que será recomenzada poco después, en el instante en que él penetre en la esfera del sueño, para proseguir bajo otro aspecto, ayudando a los que quedaran sin ser atendidos y que no pudieran serlo por una u otra razón.

Entonces, conviene que, al terminar la reunión mediúmnica sea mantenida la atmósfera psíquica en un nivel agradable, en la que las conversaciones mantenidas sean edificantes. Se puede y se debe hacer un análisis del trabajo realizado, un estudio, un cotejo en el campo de las comunicaciones y después, una verificación de la productividad; todo esto en un clima saludable de fraternidad, teniendo como objetivo dirimir futuras inquietudes y otros problemas.

32 - ¿Cómo se deben portar los médiums y los demás miembros del Grupo, antes y después del trabajo mediúmnico?
Divaldo - ¡Como verdaderos cristianos! Deben mantener la probidad, el respeto a sí mismos y a su prójimo; tener una vida, en cuanto posible sana, sabiendo que el ejercicio mediúmnico no debe ser limitado en las dimensiones de apenas una hora de reloj, reservada a tal ministerio.

33 - ¿Los participantes de una sesión mediúmnica deben realizar algún tipo    de preparación íntima durante el día, antes del inicio de la reunión?
Divaldo - El espirita debe hacer una preparación normal, porque es un deber que le compete, dado a que nunca sabe la hora en la que será convocado al retorno a la conciencia libre.
El Espirita que frecuenta la labor mediúmnica, además de espirita es una pieza importante en el mecanismo de acción de los Espíritus en la dirección de la Tierra. El debe hacer una preparación, no solamente en los días de la reunión, sino siempre, porque tal preparación sería insuficiente e ineficaz, ya que nadie muda de hábitos, solamente por alterar su actitud momentáneamente.
En los trabajos mediúmnicos, son exigibles hábitos mentales de comportamiento moral ennoblecidos y éstos no pueden ser improvisados. Entonces, los miembros del Grupo de una sesión mediúmnica son personas que deben estar normalmente vigilantes todos los días y, en especial, en los reservados a labor, para que se salven de las incursiones de los espíritus livianos y adversarios del Bien, que, en ese día, intentarán perjudicar su colaboración y perturbarles el estado interior, llevando disturbios al trabajo general, que es el objetivo de ellos. Entonces, en ese día, la vigilancia debe ser mayor: orar, leer una página iluminativa, meditar en ella, reflexionar, evitar actitudes de la llamada reacción y cultivar las de la acción; pensar antes de actuar, mantenerse ocupado y si eventualmente fuera cogido por la tempestad de la ira, por la tentación de la revancha que a veces nos llega, mantener la actitud recomendada por el Evangelio de Jesús.

40 - ¿Cómo debe proceder el Director de las Sesiones Mediúmnicas para alcanzar los objetivos superiores del trabajo?
Raúl - A fin de alcanzar la meta propuesta por los Dirigentes Espirituales de las sesiones, será de buen arbitrio que el dirigente encarnado atienda la tarea con la máxima seriedad, considerándola como su encuentro más íntimo con la Espiritualidad.
En su condición de conductor encarnado del cometido mediúmnico, deberá prepararse para filtrar las inspiraciones de Lo Invisible Superior, por medio de las indispensables disciplinas del carácter, de una vida ennoblecida por el cumplimiento del deber, por la renuncia a los vicios de todo tipo que deshonran tanto su psiquismo cuanto su organismo físico.
Será de gran valor para el dirigente, cuanto para aquellos que se hacen candidatos a tal dirección de trabajos mediúmnicos, el gusto por estudiar las obras literarias del Espiritismo, como así también el hábito de la meditación de todo aquello que haya leído, facilitando la identificación de los diversos sucesos que se podrán dar en las sesiones, como permitiendo interferencias indispensables en esas ocasiones, con conocimiento de causa.
El fenómeno del animismo cuanto el de las mistificaciones, solamente a la costa de mucha reflexión en torno de mucho estudio y maduración, con el consecuente conocimiento del ser humano, podrá ser identificado satisfactoriamente.

AMOR FRATERNAL